martes, 28 de septiembre de 2010

Marvin Harris sobre el marxismo (5)


El esquema evolucionista de Marx

Como todos los demás evolucionistas decimonónicos, también Marx y Engels construyeron su propio esquema de estadios históricos. Por medio de esos estadios podía medirse el grado de progreso hacia la perfección comunista. El rasgo distintivo de su periodización era que estaba basada en las formas de propiedad asociadas a los diversos modos de producción. Las varias versiones que presentaron del esquema no excluyen algunas ambigüedades aparentemente contradictorias que todavía hoy son la desesperación de los exegetas del marxismo.

En la Ideología alemana, el primer estadio se presenta como el de la “propiedad tribal” asociada a “un estadio de producción rudimentaria en el que los pueblos viven de la caza y de la pesca, de la cría de animales, y en su fase más avanzada, de la agricultura”. El rasgo principal de la estructura social en este estadio es la familia con sus extensiones. Con el aumento de la población comienzan a desarrollarse las distinciones entre comunes y jefes y aparece la esclavitud. El segundo estadio se basa en la “antigua propiedad comunal y estatal” y va acompañado por la formación de ciudades, producto de la fusión tribal voluntaria y de la conquista. En un principio la tierra y los esclavos se poseen en común, pero pronto comienza a afirmarse la propiedad privada de los bienes inmuebles. Al aumentar la propiedad privada de la tierra, la colectividad tribal decae. El desarrollo de la ciudad-estado de la antigüedad, cuya expresión última fue la sociedad romana, marca la culminación de estas tendencias. El tercer estadio se basa en la “propiedad feudal”. Los señores feudales poseen colectivamente las tierras, cuyos trabajadores ya no son esclavos, sino siervos. Durante este mismo periodo en las ciudades se da una organización análoga en la que los gremios de maestros, oficiales y mercaderes controlan el trabajo de los jornaleros y aprendices.

Dentro de este esquema, la relación entre la antigua ciudad-estado y el feudalismo resulta difícil de descifrar. No parece que exista una relación necesaria entre los dos. De hecho, Eric Hobsbawn sostiene que parece como si el feudalismo fuese la otra posible dirección de la evolución del “comunismo primitivo” cuando las condiciones locales son de baja densidad de población y de ausencia de grandes ciudades. Pero lo que es claro es que Marx y Engels nos se ocupan más que del feudalismo que siguió al colapso del Imperio romano, el feudalismo “preparado por las conquistas romanas y por la difusión de la agricultura conexa con ellas”. De lo que no hay duda, sin embargo, es de que el Estadio siguiente, el del capitalismo, sólo se produce sobre la base del feudalismo, con la emergencia de una clase burguesa dedicada al comercio y a la industria.

En los breves pasajes históricos de su Manifiesto comunista, de 1848, Marx y Engels describen la secuencia evolucionista de la sociedad de clases a través de la sociedad esclavista de la antigüedad, el feudalismo y el capitalismo. De la sociedad prehistórica sin clases no se ocupan. De nuevo, el problema de la conexión necesaria entre la sociedad esclavista y el feudalismo vuelven a dejarlo sin una solución clara.

Marx no fue un evolucionista unilineal

Hasta 1941 se creyó que en el “Prefacio” a la Crítica de la economía política Marx habría dado su lista definitiva de los estadios evolutivos de la sociedad de clases, que, en consecuencia, serían las sociedades “asiáticas, antiguas, feudal y burguesa moderna”. Pero en 1939-41 se publicó un manuscrito que Marx había escrito como preparación de la Crítica de la economía política. Este trabajo, escrito en 1857-58, incluye una sección titulada “Formas”, dedicada a las formaciones económicas precapitalistas, que se ha convertido en la más importante fuente para el estudio de la periodización evolucionista de Marx.

En las “Formas”, la transición desde el estadio de los tipos de economía tribal se presenta definitivamente como multilineal, por rutas distintas según las condiciones locales, aunque el carácter de esas variantes sigue quedando muy oscuro. Se mencionan específicamente la oriental, con una variante eslava-rumana, la antigua y la germana. Marx dice claramente que todas esas formas de propiedad y producción pueden evolucionar hacia el feudalismo, aunque no todas tienen las mismas probabilidades de hacerlo. De cualquier modo, la presentación de Marx como evolucionista unilineal resulta tan inadecuada y deformante como el estereotipo corriente de evolucionistas unilineales que los boasianos aplican a todos los antropólogos evolucionistas.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Presidente ruso prohíbe suministrar misiles S-300 y otro armamento a Irán

Hay que recordar que existía un contrato por el que se iba a suministrar los misiles S-300 a Irán.

Informa RIA Novosti:

El presidente ruso, Dmitri Medvédev, ha prohibido suministrar a Irán misiles S-300, tanques, vehículos blindados, aviones y helicópteros de combate y buques de guerra, comunicó hoy el servicio de prensa del Kremlin.

"La prohibición de suministrar a Irán misiles antiaéreos S-300 y otro armamento ruso responde al decreto del Presidente sobre el cumplimiento de la resolución 1929 del Consejo de Seguridad de la ONU del 9 de junio de 2010", indica el comunicado.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Marvin Harris sobre el marxismo (4)

El evolucionismo de Marx

Al abordar las teorías marxistas desde la perspectiva del desarrollo de la antropología, lo primero que procede señalar son los muchos paralelos que relacionan a Marx, como a Darwin, a Morgan, a Spencer y a Tylor, con la herencia común de las doctrinas del siglo XVIII. El único rasgo de la historia es el vigor de su énfasis apocalíptico. La pobreza y la explotación en todas sus formas están destinadas a ser eliminadas por la actuación de la ley natural como resultado de la revolución proletaria. El lema de la fase final del comunismo ilustra bien la fuerza de los componentes utópicos de la concepción marxista del progreso: «De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad.» Mas tampoco de los estudios finales de la sociedad industrial spenceriana están ausentes manifestaciones similares de altruismo espontánea. Igual que el marxismo predecía el final de toda explotación en el milenio comunista, Spencer predecía una sociedad futura en la que los deseos de cada individuo se equilibrarían con los deseos de los demás, y unos y otros con los medios de satisfacerlos a todos.

Marx compartía con Darwin y con Spencer aquella curiosa fe decimonónica en la capacidad de la violencia y la lucha para provocar un perfeccionamiento social ilimitado. Tanto Marx como Engels saludaron entusiasmados la publicación del Origen de las especies, en el que vieron el término análogo, en el campo de la ciencia natural, de su propia interpretación materialista de la naturaleza. Tras su primera lectura del Origen de las especies, Marx declaró que constituía «la base científico-natural de la lucha de clases que gobierna la historia». Recomendándoselo a Lassalle, escribía: «A pesar de todas sus deficiencias, no sólo es el primer golpe mortal que se asesta a la teleología en las ciencias naturales, sino que además analiza empíricamente su sentido racional». Al mes de la publicación del libro de Darwin, el 12 de diciembre de 1859, Engels escribía a Marx: «Darwin, a quien ahora estoy leyendo por primera vez, es espléndido».

La convergencia de Marx y Spencer

Aunque Marx y Engels encontraron sumamente divertido que Darwin hubiera sido capaz de comprender el reino animal por analogía con el comportamiento de la sociedad capitalista británica, similar al de los animales, y aunque detestaban a Malthus, no por ello dejaban de tener su propio principio de la supervivencia de los más aptos. De hecho, Marx denunciaba lo mismo que Spencer los nocivos efectos de la disminución de la competencia. La única diferencia estaba en que para Spencer el peligro residía en la posibilidad de que los individuos se las arreglaran de algún modo para evitar la selección natural guiados por un altruismo mal orientado, mientras que en la versión marxista del progreso a través de la lucha lo peligroso era que una clase fuera incapaz de reconocer a la otra como enemiga. La veneración fetichista que a Spencer le inspiraba la competencia, manifiesta en su expresión «supervivencia de los más aptos», tiene su contrapartida en la sugestión que sobre Marx ejercían las «contradicciones» hegelianas. La lucha de clases es simplemente una expresión de la irreconciliable competencia entre el proletariado y la burguesía por el control de los medios de producción.

Incluso en lo que se refiere a su relación con Malthus, Spencer y Marx tienen mucho en común, aunque este extremo puede parecer menos claro porque, mientras que Darwin reconocía agradecido la inspiración que debía a la teoría malthusiana de la población, Marx no sentía más que desprecio por Malthus, al que llamaba «párroco charlatán», «abogado vendido», «sicofante desvergonzado de la clase dominante». El aspecto de la obra de Malthus que daba origen a estas críticas de Marx era su suposición de que la «lucha por la vida» característica del capitalismo era igualmente característica de todas las formas de la sociedad. Porque para Marx la lucha por la supervivencia en la naturaleza no justificaba la existencia de una lucha similar en la sociedad; antes al contrario, sólo el capitalismo era culpable de la semejanza existente entre la condición animal y la condición humana: «Nada desacredita al desarrollo burgués moderno tanto como el hecho de que no haya conseguido elevarse por encima de las formas económicas del mundo animal […]». Ahora bien, lo que el spencerismo sostienen es precisamente que el hombre debe vencer la propensión animal a la competencia destructiva. En el esquema de Spencer, este cambio en la naturaleza humana sólo se producirá si se permite que la sociedad industrial evolucione sin el obstáculo de la interferencia estatal. Como ya vimos, la preeminencia ideológica que el spencerismo llegó a alcanzar no se debió a que confirmara las sombrías predicciones de Malthus, sino precisamente a que las contradecía. Marx, como es lógico, consideraba la defensa que Spencer hacía del progreso a través la lucha como una mera maniobra burguesa tramada sólo para tranquilizar la conciencia de los explotados. Un ilusorio futuro justificaba un presente de concreta brutalidad. Mas también el esquema de Marx tiene su propio interludio brutal, pues para vencer las sombrías predicciones de Malthus incitaba a una lucha como la del reino animal, único medio de llegar en el futuro a una vida mejor.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Así trabaja la policía del reino de España



El mercenario del reino de España le pregunta al detenido que con quién se cree que está hablando. Alguien debería decir a ese gorila que con un asqueroso fascista.

Explota cerdo, explota, cerdo, algún día reventarás...

Marvin Harris sobre el marxismo (3)

La doctrina de la unidad de la teoría y la práctica
Justificar a ambos lados
Para rescatar la «ley de la historia» de Marx hemos de romper el dominio que el activismo político ejerce sobre los aspectos científicos de su contribución. Fue desde luego el mismo Marx el que insistió en que la ciencia social y la acción política eran inaceptables. Marx expresó por primera vez esta idea, que científicamente resulta inaceptable, en su crítica del filósofo Ludwig Feurbach: «Los filósofos han interpretado el mundo de varios modos; pero la cuestión es cambiarlo» Desde este punto de vista, la única teoría de la historia que puede valer la pena, es aquella que permita a los hombres hacer la historia. Y así, la única respuesta efectiva contra el reto que representan las interpretaciones distintas de la propia es probar que se equivocan, contribuyendo a que se realicen las predicciones de la teoría que uno sostiene.

Entre la prueba de «transformar el mundo» y el cumplimiento de las predicciones de conformidad con las normas del método científico hay un parecido superficial. Los ingenieros prueban que sus interpretaciones de las leyes de la aerodinámica y de la hidráulica son correctas cuando los aeroplanos que diseñan y ayudan a construir vuelan, o cuando las presas que diseñan y ayudan a construir retienen el río. Pero en la mayor parte de las ciencias, que no trabajan en el laboratorio la llamada unidad de la teoría y la práctica, no se puede aplicar. Nadie insiste en que los nuevos avances justifiquen sus respectivos modelos de la era glaciar provocando nuevos avances y retrocesos de los glaciares continentales, ni tampoco invitamos a las distintas explicaciones de los fenómenos meteorológicos a probar su verdad produciendo galernas.

En las ciencias históricas, la doctrina de la unidad de la teoría y la práctica resulta superflua por la posibilidad de someter las predicciones que se hagan a la prueba no de los acontecimientos futuros, sino de los acontecimientos pasados. Es decir, no hay razón por la que las ciencias sociales no puedan someter sus teorías a la prueba de la retrodicción y no a la de la predicción. Así, la retrodicción de la agricultura de regadío artificial en las mesetas mesoamericanas en el periodo formativo hace superfluo que un arqueólogo establezca la verdad de su teoría construyendo acequias de regadío. Basta con que el arqueólogo encuentre las pruebas de que en otro tiempo existieron esas acequias. De igual modo, si se sospecha que hay una correlación entre la filiación patrilineal y la terminología omaha del parentesco, la evidencia de los casos ya extintos es tan aceptable como la de los casos presentes o futuros y, en cambio, contribuir a la construcción de una terminología del tipo de la omaha es algo que no viene a cuento.

La amenaza de la política


La insistencia marxista en la unidad de la teoría y la práctica contiene una amenaza implícita contra la norma más fundamental del método científico, a saber: la obligación de exponer los datos honestamente. El propio Marx tuvo buen cuidado de colocar la responsabilidad científica por encima de los intereses de clase. Según Wittfogel, Marx exigía que los estudiosos se orientaran por los intereses del conjunto de la humanidad y buscaran la verdad de acuerdo con las necesidades inmanentes de la ciencia, sin preocuparse de cómo pudiera afectar esto al destino de una clase particular, ya fuera la de los capitalistas o la de los propietarios o la clase obrera. Marx elogiaba a Ricardo por adoptar esta actitud que en su opinión era «no sólo científicamente honesta, sino también científicamente necesaria». Por la misma razón llamaba «malvada» a cualquier persona que subordinara la objetividad científica a otros fines extraños: «[…] al hombre que intente acomodar la ciencia a puntos de vista que no se deriven de los intereses de la propia ciencia (aunque sea erróneos), sino ajenos y externos a ella, a un hombre así yo lo llamo “malvado”».

Mas Wittfogel sigue adelante acusando a Marx de «violar sus propios principios científicos» al negarse tenazmente a aceptar que en el Estado oriental era la burocracia la que constituía la clase dominante. Independientemente de las que fueran las intenciones de Marx, lo evidente es que una ciencia ligada explícitamente a un programa político está peligrosamente expuesta a la posibilidad de que los valores de ese programa lleguen a obtener prioridad sobre los valores de la ciencia. Históricamente es indiscutible que tanto Lenin como Stalin estuvieron totalmente dispuestos a pervertir los criterios con tal de probar en la práctica lo que sus teorías predecían. Como Wittfogel ha señalado:

"Partiendo de la tesis de Lenin de que toda la literatura socialista debe ser literatura de partido, que tiene que unirse al movimiento de la clase realmente más progresiva y más consecuentemente revolucionaria desprecian la objetividad y en su lugar ensalzan el partidismo de la ciencia."
La admisión de que a un movimiento proletario concreto puedan faltarle las condiciones para alimentar la conciencia de clase debilita necesariamente el potencial revolucionario de este movimiento. Si lo que importa es cambiar el mundo, y no interpretarlo, el sociólogo marxista no deberá vacilar en falsificar los datos para hacerlos más útiles. La ética de la ciencia social se deriva primariamente de la lucha de clases, y en esa lucha como en todas las guerras la información es un arma importante. Parece entonces que el filósofo marxista ha de gozar del permiso de alterar sus datos del modo que más útil resulte para ayudar a cambiar el mundo, sin más limitaciones que las que en tiempo de guerra se suelen imponer a la propaganda, o sea, las que se derivan por una parte del hecho de que la repetición de falsificaciones incesantes corre el riesgo de arruinar la credibilidad y producir la autoderrota, y por otro, de que la aceptación de la propaganda propia puede llegar a destruir con el tiempo las bases objetivas de la acción. No hay duda de que los persistentes errores que en la interpretación de la estructura de las clases de los Estados Unidos cometieron los observadores comunistas de la época de Stalin en parte son un reflejo de esta unidad de la teoría y la práctica. De modo similar, la incapacidad que demuestran los teóricos marxistas para denunciar los errores más patentes de Morgan es también un reflejo de la tendencia que la ciencia social politizada tiene a degenerar en rígido dogmatismo. Wittfogel ha demostrado cómo los ideólogos del Partido Comunista Soviético trataron incluso, y con éxito, de censurar un concepto del propio Marx, el de modo de producción oriental, como parte de la preparación del camino para la difusión del comunismo en China.

Como es natural, los marxistas no son los únicos cuyos hechos y cuyas teorías resultan vulnerables a las tendencias políticas. Consciente o inconscientemente, son muchos los antimarxistas que aceptan la idea de que los fines políticos deben tener prioridad sobre los científicos y, en consecuencia, suprimen o alteran aquellos datos que corroboran la interpretación marxista de la historia. Como ya antes tuve oportunidad de decir, la neutralidad ética y política en el campo de la ciencia social es una condición límite a la que no es posible llegar a través de una postura de indiferencia. No podemos confiar en el investigador que predica el partidismo de la ciencia, pero tampoco en aquel que profesa una apatía política completa. Exigimos, y es natural que lo hagamos, que toda investigación se base en la ética científica de la fidelidad a los datos. Pero también tenemos que exigir que se declaren explícitamente las hipótesis que orienten la investigación y que el investigador reconozca y declare sus implicaciones políticas y morales, tanto activas como pasivas.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Marvin Harris sobre el marxismo (2)


La influencia de Marx

Muchos han sostenido que Marx estaba equivocado; muy pocos han pretendido que sus ideas se deban, o puedan, ser ignoradas. La pretensión de Pitirim Sorokin de que un tal Georg Wilhelm von Raumer se anticipó a la «concepción económica de la historia» no ha conseguido ni desviar la atención de Marx ni rescatar a von Raumer de la oscuridad. Sorokin es uno de los pocos que han afirmado que Marx y Engels estaban tan lejos de ser los Darwin o los Galileo de la ciencia social que «ni siquiera hay razón para considerar que su contribución científica esté por encima de lo normal» Mas la obra completa de las más sobresalientes figuras de la sociología no marxista del siglo XX constituye un testimonio en contra de esa pretensión resentida. Casi la totalidad de la galaxia de las grandes figuras de la sociología de principios del siglo XX está compuesta por científicos que, como dice el sociólogo no marxista T. B. Bottomore, «discuten a Marx». Es sencillamente imposible entender a Max Weber, Emile Durkheim, Georges Sorel, Wilfredo Pareto o George Simmel sin tomar en consideración el hecho de que vienen después de Marx, y lo mismo puede decirse de Thorstein Veblen, Werner Sombart, Kart Mannheim, Lester Ward y Alfred Séller.

Incluso para entender a Sorokin hay que tomar en cuenta primero y ante todo su odio contra el bolchevismo. Históricamente resulta indiscutible que ninguna figura del siglo XIX ha ejercido sobre la sociología no marxista del siglo XX una influencia que en algún aspecto puede compararse a la de Marx y Engels. Tampoco es posible negar que, con independencia de las cuestiones políticas, esa preeminencia es totalmente merecida. Una cosa es comparar a Marx con Max Weber, el más grande de sus críticos del siglo XX, y otra enteramente distinta compararlo con alguno de sus vacilantes contemporáneos. El no marxista que sepa historia y esté enterado de los errores de Marx, respecto a los hechos y respecto a la teoría, ha de estar enterado también de los dislates y de las vaguedades de Comte, o de J. S. Mill, o de H. Spencer. En último extremo, la afirmación de Engels junto a la tumba de Marx se podría reducir a esto: o bien Marx (con la ayuda de Engels) fue el Darwin de las ciencias sociales, o si no, nadie lo ha sido. Por citar aún a otro sociólogo eminente que se declara no marxista, C. Wright Mills: Kart Marx «fue el pensador social y político del siglo XIX». Pero lo que desde luego todavía está por demostrar es que esta eminencia, que no puede discutírsele, la deba a que su contribución científica a las ciencias sociales sea análoga a la que Darwin prestó a las ciencias naturales. La mayor parte de los científicos sociales no marxistas parecen pensar que su Darwin no ha nacido todavía.

¿Descubrió Marx la ley de la evolución cultural?

En mi opinión, Engels tenía razón cuando atribuía a Marx el «descubrimiento de la ley de la evolución humana». Mas entiéndase bien que es posible compartir esta opinión y negar, sin embargo, que el papel de Marx en el desarrollo de la ciencia social sea comparable al de Darwin en el desarrollo de la biología. Marx formuló un principio que era por lo menos tan poderoso como el principio darvinista de la selección natural, un principio general que mostraba cómo se podía construir una ciencia de la historia humana. Mas ese principio no lo vislumbró hasta después de un largo viaje a través de la filosofía hegeliana y en medio de una carrera política consagrada a la predicación de la inminente revolución proletaria. Estas dos circunstancias tuvieron consecuencias nefastas para la posible fundación por Marx de una verdadera ciencia de la historia. Para poder aplicar la «ley de la historia» de Marx, el científico social no marxista tiene que despojarla de sus adherencias hegelianas y políticas; las primeras, con su pesada palabrería; las segundas, con su deuda pendiente para con el comunismo decimonónico. Lo que queda, difícilmente podrá resultar satisfactorio para el marxista doctrinario, porque ya no es principalmente una teoría de la revolución proletaria en la sociedad capitalista euroamericana. Liberada del peso de la dialéctica y de la necesidad de ofrecer no sólo una teoría, sino también una ideología de la revolución, la sociología de Marx le ha de parecer al creyente extrañamente poco interesante. Mas incluso este Marx deshegelianizado y desproletarizado subsume varias de las principales tendencias de la teoría antropológica contemporánea y desafía a todas las restantes.

Marvin Harris sobre el marxismo



En su libro El desarrollo de la teoría antropológica, Marvin Harris dedica un capítulo al marxismo. Lo titula Materialismo dialéctico e iré en los siguientes días trascribiendo la opinión crítica de este gran antropólogo sobre la aportación del pensador revolucionario.

Marvin Harris no era comunista, pero sin duda supo valorar a Marx más allá de sus ideas políticas, no como tantos académicos incapaces de darle a Marx lo que es de Marx por simple odio político. Incluso hoy, a tantos años de su muerte y con el campo socialista reconquistado por los capitalistas, el simple hecho de mentar a Marx hace perder las buenas maneras de los maniquís más respetables de la intelectualidad.

Quien quiera leer a Marvin Harris que no espere encontrar en él la más mínima sintonía con la revolución ni con el comunismo. Incluyo aquí estos textos porque los juzgo interesantes desde el punto de vista científico. Espero que ustedes también.

La introducción


«Igual que Darwin descubrió la ley de la evolución en la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley de la evolución en la historia humana […]» Así dijo Friedrich Engels hablando junto a la tumba de su amigo y colaborador. No hace falta decir que muy pocos científicos sociales no marxistas comparten este juicio de Engels. Por otro lado, el esfuerzo de una pequeña minoría de científicos sociales occidentales por reducir la talla de Kart Marx en relación con sus contemporáneos, como Comte, Spencer o J. S. Mill, ha alcanzado muy escaso éxito. Ver en Marx el equivalente de Darwin en el campo de la historia es una opinión que puede suscitar objeciones razonables: las teorías de Marx aún son objeto de polémicas, mientras que las de Darwin ya se aceptan sin discusión. Pero esa misma polémica da testimonio del vigor de las ideas de Marx, comparadas con las de otros científicos sociales del siglo XIX.

La polémica ha dado origen a una abundante literatura crítica, especialemente en el campo de la economía, la ciencia política y la sociología. Esa literatura se hace todavía más abundante si incluimos en ella las numerosas obras en las que el punto de vista del autor no puede entenderse más que como un rechazo implícito de los principios marxistas. Con bastante frecuencia, la reafirmación de posiciones no marxistas adopta la forma de una aceptación inconsciente de principios elaborados en respuesta al reto marxista. Estas «críticas» viscerales del marxismo tienen su contrapartida en los «catecismos» marxistas y en los manuales dirigidos contra la ciencia social burguesa. Tal vez haya llegado el momento de que una nueva generación de antropólogos rechace por igual a los ideólogos marxistas y a los ideólogos burgueses.

Las recetas de Berlusconi


Hace un par de días, en una reunión con los jóvenes de su partido el cacique de Italia respondió a las preguntas del respetable.

Un muchacho, al ver que delante se encontraba todo un triunfador, le preguntó qué debían hacer los jóvenes para tener éxito en la vida.

La respuesta del hampón Berlusconi fue la siguiente: si eres una mujer guapa, casarte con un hombre rico. Si eres hombre o una mujer fea, salir de Italia.

Resumiendo, prostitución o emigración.

UNA PEQUEÑA ANÉCDOTA


Me encontraba en una cafetería del aeropuerto de Barajas a la espera de un vuelo a Dublín cuando un par de chicos italianos se sentaron en la mesa de al lado. Hablaban acaloradamente sobre política, de repente uno de ellos le dijo al otro: "pero qué hemos hecho nosotros para tener que soportar a Berlusconi". Después de unos segundos de silencio su acompañante le respondió: "votarle."

lunes, 13 de septiembre de 2010

Fidel Castro y el fracaso de la profecía de Los Simpson

De lo que no se habla sobre la crisis

Un artículo de Vicenç Navarro.

De todas las explicaciones del origen de la crisis mundial actual, la más generalizada es la que la atribuye a la crisis financiera que ha creado una enorme inestabilidad del sistema financiero, en la que los mercados financieros, extremadamente cautelosos por el temor de salir quemados, no están ofreciendo crédito o no compran deuda externa. En parte, esto es cierto. Pero esta situación es un síntoma de un problema mayor, no la causa. Ésta es la enorme concentración y polarización de las rentas, un tema tabú que no se discute y que no aparece en los medios. Pero, a no ser que se actúe en corregirla, poco se adelantará en la resolución de la crisis. Veamos los datos.

En el año 1928, el año en que se inició la Gran Depresión en EEUU, un 1% de la población estadounidense recibía el 24% de toda la renta nacional. En 2007, año en el que se inicio la crisis en EEUU, el 1% de la población recibía también un 24% de toda la renta nacional. Este porcentaje descendió marcadamente con las reformas del New Deal, que fueron continuadas con las reformas realizadas después de la II Guerra Mundial, y con las reformas de la Great Society, alcanzando un 9% en los años setenta. A partir de entonces se inició la respuesta del capital (que había estado a la defensiva durante todo aquel periodo) a través de las políticas neoliberales del Presidente Reagan. Tales políticas (que fueron seguidas por Bush senior, Clinton y Bush hijo) revertieron aquella concentración alcanzando, de nuevo, un 24% en 2007. ¿Por qué esta concentración es un problema?

El hecho de que haya tal concentración de las rentas implica que disminuye el porcentaje de la renta que va a la mayoría de la población (clase trabajadora y clases medias) y ello como consecuencia de que el crecimiento de la productividad no se distribuye equitativamente. En lugar de repercutir en mejorar los salarios, tanto individuales como colectivos (es decir, el gasto en protección social y estado del bienestar), tal incremento de la productividad beneficia primordialmente a las rentas del capital que crecen en una proporción, sin precedentes. Del 1980 al 2005, el 80% del incremento de la renta en EEUU se desplazó al 1% de la población. Ello creó las condiciones para las crisis. La disminución de las rentas del trabajo significó el empobrecimiento de la gran mayoría de la población, creando un grave problema de demanda. La población no tenía la suficiente capacidad adquisitiva que le permitiera comprar y, con ello, estimular la economía. Esta pérdida de la capacidad adquisitiva se resolvió temporalmente mediante el crédito y de ahí el enorme endeudamiento, también facilitado por los bajos intereses del capital, necesario para mantener la demanda.

Pero llegó un momento (año 2007) en que aquella manera de mantener la demanda se interrumpió. ¿Por qué? Ahí está la otra cara de la moneda, es decir, de la enorme concentración de las rentas y de la riqueza. Cuando esta concentración ocurre se dan las bases que se creen burbujas especulativas. Si la gente puede ir comprando sus viviendas, sin requerir grandes endeudamientos, las casas se irán construyendo en la medida que haya demanda para tales viviendas. Pero, cuando hay un desfase entre la productividad y la distribución de las ganancias de este aumento de productividad, el capital, que encuentra mayor rentabilidad en actividades especulativas que en las actividades de la economía productiva (consecuencia de la baja demanda de productos y servicios), invertirá en actividades especulativas, como las inmobiliarias, bajando a su vez los intereses bancarios para estimular la demanda de viviendas. Pero así se alcanza un desequilibrio entre la cantidad de viviendas y su precio (enormemente inflado) por una parte, y la capacidad de compra por la otra, que explica que llegue un momento en que la burbuja explota. ¿Y por qué explotó en 2007? Pues, porque la banca, que había estado invirtiendo, además de en actividades inmobiliarias, en otros instrumentos especulativos, se vio que había alcanzado sus límites especulativos. No podía continuar un sistema basado primordialmente en especulación, facilitado por unas políticas desreguladoras de la banca que le permitió hacer lo que quería. Y así se colapsó, afectando a todo el sistema financiero.

El sistema bancario europeo, centrado en la banca alemana, tuvo, y continúa teniendo, un problema gravísimo. Además de estar contaminada con productos tóxicos derivados de su conexión con la banca estadounidense, ha prestado mucho dinero a los bancos españoles y griegos, habiendo también comprado mucha deuda pública de éstos y otros países, que ahora no pueden recuperar. De ahí que la banca de los países centrales (Alemania y Francia principalmente) dejaran de prestar dinero, con lo que se creó el colapso del sistema financiero, originando un gravísimo problema. No sólo debido a la falta de crédito (que también) sino porque las burbujas crean una riqueza artificial (es decir el país se cree más rico de lo que es) y cuando explotan crean un problema enorme de demanda. Las personas están súper-endeudadas y no pueden pagar sus hipotecas.

Y por otra parte, los precios de la vivienda siguen tan elevados –un 30% por encima de lo que deberían estar- que la gente no puede comprar. A no ser que bajen para ubicarse en una situación más acorde a los salarios, no veremos una solución. Y esto es lo que ocurre también en España. Existe en nuestro país un excesivo desfase entre salarios y precios del consumo, que explica el enorme endeudamiento. Los países más desiguales en la UE-15 (los PIGS: Portugal, Irlanda, Grecia y Spain) son los que están más endeudados (tanto privada como públicamente). Y ello se debe precisamente a lo bajos que son los salarios tanto los individuales como los colectivos (es decir, el estado del bienestar). No es de extrañar, pues, que sean los países más afectados por la crisis.

La solución es fácil de ver. Una gran redistribución de la riqueza (con recuperación de las políticas fiscales progresistas) y un gran aumento del gasto público que permita sustituir la demanda que se ha perdido y así estimular la economía y crear empleo en áreas como los servicios públicos del estado del bienestar, que están subfinanciadas. Que sea fácil de ver no quiere decir que se haga, ya que la enorme concentración de las rentas y de la propiedad determina una enorme influencia política que condiciona el comportamiento de los gobiernos, y muy en particular de los países, como España, en que las desigualdades son enormes y la influencia del poder económico en las instituciones políticas es desmesurada. Véase la resistencia del gobierno Zapatero, que no se atreve a recuperar la progresividad fiscal, subiendo los impuestos a los ricos. No tienen el valor político de tomar medidas impopulares entre los que más tienen. Y ahí está parte del problema.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Discurso de Allende


Discurso en la Plaza de la Constitución sobre la nacionalización del cobre
21 de diciembre de 1970

Quiero que cada hombre y cada mujer que me escucha, comprenda la importancia del acto en el cual vamos a firmar el proyecto destinado a modificar la Constitución Política, para que Chile pueda ser dueño de su riqueza fundamental, para que podamos nacionalizar sin apellidos, definitivamente, el cobre; para que el cobre sea para los chilenos.

Deseo entregar algunas cifras, porque sólo concientizando al pueblo, éste tendrá el sentido superior de se propia responsabilidad.

Nacionalizar el cobre ahora, el hierro, el salitre y la riqueza que, indiscutiblemente, obligará a una gran unidad de los defienden a Chile y sus fronteras económicas. Yo reclamo que estén junto a nosotros aquellos que no tienen nuestro mismo domicilio político ni nuestras mismas ideas, pero que piensan en Chile y en su destino. El paso que vamos a dar, absolutamente dentro de los cauces legales, seguramente será distorsionado a escala internacional y también, resistido por un grupo pequeño de malos chilenos. Pero el pueblo de Chile y el gobierno Popular que presido, han medido claramente la responsabilidad de la medida que es indispensable tomar para fortalecer la economía de Chile, para romper su dependencia económica, para completar la esperanza y el anhelo de los que nos dieron la libertad política, para conquistar nuestra segunda independencia, la independencia económica de nuestra patria.

Vean ustedes algunos antecedentes: valor no retornado, es decir, que no volvió a Chile en la gran minería del cobre. Antes de 1930 no hay control. No existía la posibilidad de una estadística veraz. Entre 1930 y 1969 han salido de las fronteras de la patria 3700 millones de dólares, que han ido a engrosar la gran fortaleza de las empresas que, en escala internacional, controlan los yacimientos cupríferos en los cinco continentes. En 1969 no retornaron 166 millones de dólares. Quiero destacar que 3700 millones de dólares es el 40% de la riqueza total de Chile, del esfuerzo acumulado durante 400 años por todos los chilenos. El 40% de esa riqueza ha salido del año 30 al 69 y este hecho no lo podemos olvidar. Chile sabe también que en total, más o menos en esos mismos años, además de por el cobre, por el hierro, el salitre, la electricidad y los teléfonos, han salido de Chile algo así como 9600 millones de dólares, lo que representa el valor total de la riqueza de Chile. Otro Chile ha salido, por irresponsabilidad o complicidad de las castas gobernantes, por sobre las fronteras de la patria, mientras el hombre del pueblo se debatía entre el hambre, la incultura y la ignorancia. Por eso haremos que el cobre sea chileno, como etapa inicial de nuestras riquezas.

Quiero que el pueblo sepa que las utilidades netas en Chuquicamata, Salvador,y El Teniente, entre 1965 y 1970, alcanzaron a 650 millones de dólares, es decir, un promedio de 110 millones por año. Ciento diez millones de dólares bastan, por ejemplo, para construir tres fundiciones y tres refinerías electrolíticas con capacidad de 100 mil toneladas cada una. Por ejemplo, esos 110 millones de dólares bastarían para alimentar a 250 mil familias durante cerca de 15 meses; entregar un par de zapatos por año a 2 millones y medio de chilenos.

Quiero que sepa el pueblo, que las inversiones en la Gran Minería y en la Andina después de 1965, según el plan de expansión, significó la inversión o significarían la inversión de 690 millones de dólares, para incrementar la producción en 412 mil toneladas al año. De éstos ya se han invertido 140 millones, pero Chile debe 530, es decir, la expansión de las explotaciones mineras se ha hecho endeudando al país.

Quiero que el pueblo sepa que El Teniente, vale decir la Kennecott antes de los pactos, era propietaria del 100% de las acciones del mineral llamado El Teniente y las utilidades retiradas representaban un 17,4%, las utilidades, repito. Después del pacto, habiendo entregado el 51% de las acciones, siendo propietaria del 49% y habiendo recibido una apreciable suma de millones de dólares, la Kennecott ha recibido el 56% por ciento de las utilidades que corresponden a la explotación, o sea, la Kennecott, ahora con el 49% ha tenido tres veces más utilidades que cuando controlaba el 100% de El Teniente.

Quiero que sepan lo ocurrido en escala mundial con la Anaconda. Utilidades netas consolidadas por esta empresa: en 1969, la Anaconda obtuvo utilidades en escala mundial por 99 millones de dólares. De esas utilidades, 79 millones, vale decir, el 80%, las obtuvo en Chile. Sin embargo, en Chile sólo tiene invertido un 16% de las inversiones que tiene a escala mundial. El 16% de sus inversiones le da el 80% de las utilidades.

¡Caramba que es un buen negocio para la Anaconda invertir su plata en Chile!

Quiero que Chile no ignore que no controla ni la explotación, ni las ventas, ni el manejo financiero del cobre, que alcanzó a mil millones de dólares en 1969. En años anteriores esto ha significado una verdadera sangría para el país. Se imponía, por ejemplo, un precio de venta inferior al internacional. Para no citar más que tres años, el déficit en el valor de las ventas por menor precio que se nos pagó por un precio inferior al precio internacional, entre 1964 y 1969, fue de 668 empresas. Quiero destacar que sobre la base de la nacionalización, según las estimaciones de los técnicos y de acuerdo con los antecedentes disponibles, se calcula que a 45 centavos de libra y al nivel de producciñon actual, la nacionalización reportará para Chile 70 millones de dólares anuales suplementarios, más que los ingresos que hoy tenemos, es decir, 70 millones más que por el solo concepto de utilidades.

Quiero, por último, decirles a ustedes que según mis antecedentes técnicos, las reservas mundiales de cobre alcanzan a 275 millones de toneladas métricas y que Chile tiene reservas que representan un 30% del total, o sea, más de 80 millones de toneladas. Quiero que sepan que la ley promedio en escala mundial es de una riqueza de 1,5 y la ley promedio de Chile es de 1,7 a 1,8, es decir, somos un país que tiene ilimitadas reservas y una gran riqueza. Por eso es que en este instante, nosotros al dar este paso estamos encarando una gran posibilidad para el pueblo y para la patria y lo vamos a hacer dentro de los cauces legales, lo vamos a hacer como un derecho del pueblo de Chile, como una obligación del gobierno Popular que ustedes pusieron. Lo vamos a hacer posible para el progreso material de nuestra patria, para asegurar nuestra soberanía y para demostrar que la dignidad de Chile y su independencia no tiene precio, ni está sometida a ninguna presión a ninguna amenaza.

Por lo demás, quiero que se entienda perfectamente bien, esto no es una agresión al pueblo norteamericano ni al gobierno norteamericano. Ni tampoco es una agresión porque vamos a utilizar la ley y a indemnizar según sea lo justo, y a través de los organismos regulares del Estado chileno y de las propias empresas. Quiero decir públicamente, para terminar con infundios, o para impedir que la conjura internacional se desate en contra nuestra, que estamos llanos, y así ya se ha resuelto, a utilizar los mismos usuarios que han comprado nuestro cobre en Estados Unidos o en Europa, que no nos negamos a negociar con ellos como a negociar cobre con cualquier país del mundo. El que nos pague más y mejor y el que nos compre semielaborado, se llevará gran parte de la producción chilena. Quiero señalar que no queremos quitar cobre a nadie que nos haya comprado y lo necesite. Lo que quiero decir es que sí vamos a ser dueños de la riqueza esencial de Chile; vamos a controlar su producción, vamos a fijar los niveles de producción; vamos a intervenir directamente los mercados y saber defender el interés de Chile por sobre todas las cosas, siendo nosotros dueños de nuestro destino económico.

Deseo, en forma muy breve, hacer una síntesis del proyecto que entregaremos mañana al Congreso. Es ese proyecto se deja establecido, definitivamente, el dominio absoluto del Estado sobre los yacimientos y minas, de modo que los particulares tendrán sobre ellos sólo el derecho de concesionarios. Se establecen las reglas para fijar los montos y formas de pago de las indemnizaciones en caso de expropiación, para ello se debe dictar una ley que determine lo que determine lo que es Gran Minería, y que puede referirse igualmente al cobre, al hierro y al salitre o a otro mineral cualquiera. Con este proyecto se da término definitivamente a toda posibilidad de existencia de contratos-leyes.

El Estado queda en libertad para modificar lo que haya pactado con particulares, si así lo requiere el interés nacional, sin otra obligación que la de indemnizar al afectado.

El Estado queda facultado para tomar posesión material de los bienes en el momento mismo en que se dicte la orden de expropiación; esto en cuanto a las normas generales. En lo que se refiere al caso concreto de la nacionalización de las actuales minas de cobre de la Gran Minería, y de la Compañía Andina, incluida entre éstas, se aplican las normas generales antes indicadas. De modo que no se necesita de una nueva ley. Los minerales y las instalaciones quedarán en poder del Estado por el ministerio de la Reforma Constitucional, que deja sin efecto la compra de las empresas que se habían hecho en virtud de los Convenios de Cobre y se declaran disueltas las actuales empresas mixtas. Lo que se haya pagado por concepto de compra de acciones se abona a la indemnización que debe pagarse.

No se paga indemnización alguna por los yacimientos: el pago por los bienes expropiados es en dinero, a 30 años de plazo, con cuotas anuales con el interés del 3% sin reajuste.

El pago puede suspenderse si los expropiados entorpecen la marcha de los minerales y se reducirá en la cantidad que hubiesen recibido las compañías por las utilidades superiores al promedio anual. Este proyecto está dentro de nuestro derecho. Va al Congreso, donde será discutido y se oirán las corrientes de opinión pública en él representadas.

Estamos actuando dentro de los cauces jurídicos y legales. Y además, puedo recordar que las Naciones Unidas han reconocido el derecho de los pueblos a nacionalizar las riquezas fundamentales que están en manos del capital foráneo. Chile no renunciará a este derecho, porque ello implica romper nuestra dependencia económica, lo que significa también plena soberanía e independencia cultural. Por ello, esta tarde, al firmar ante ustedes el decreto que crea el Consejo Nacional Campesino y el proyecto que implica la modificación de la Constitución, creo que el pueblo entiende que estamos dando un paso decisivo en la vida histórica de la Patria.

Y si la juventud se va a movilizar y el campesinado va a entregar su energía creadora y su capacidad, al igual que la energía creadora y la capacidad de la juventud, serán los mineros, los trabajadores del metal rojo, los empleados técnicos y los profesionales chilenos los que sientan el orgullo de trabajar en una riqueza que será de todos los chilenos. Y por primera vez en la historia, la bandera de la Patria flameará izada en el mástil del esfuerzo de los trabajadores chilenos, para entregar su capacidad productora al progreso de Chile y al pueblo nuestro.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Discurso de Ziugánov

Traducido por Josafat S. Comín, tomado de Rebelion.org

Discurso pronunciado en la Duma sobre los incendios que sufrió Rusia este verano.


Estimados diputados:

Este año hemos celebrado una fecha excepcional, el 65 aniversario de nuestra victoria en la Gran Guerra Patria. Numerosas han sido las publicaciones aparecidas, en las que pretendían hacernos ver que no estuvimos preparados para la guerra, que tuvimos pérdidas enormes. Sin embargo nuestro país supo entonces trasladar más allá del Volga 1.500 empresas, evacuar a diez millones de personas, y desde la nada comenzar a fabricar la mejor maquinaria. Antes del comienzo de la guerra llevamos a cabo una auténtica modernización. Así que habría mucho que aprender del Poder Soviético.

En lo que hace referencia a la tragedia que hemos vivido con los incendios, ya estábamos todos advertidos. Abran los cajones de sus escritorios. Allí cada uno de ustedes encontrará el informe “Los límites de la caída”, preparado hace unos años por los más destacados científicos y especialistas, representantes de todos los partidos y movimientos. En él se afirma directamente: “Nuestro país se ha pasado el “semáforo en rojo” en 21 indicadores, si seguimos manteniendo ese rumbo, las catástrofes e incendios son inevitables”.

Estuvimos estudiando detalladamente las causas de la tragedia en la Central Hidroeléctrica de Sayan-Shushensk. Yuri Dmítrevich Masliukov y Nikolai Ivánovich Ryzhkov prepararon un informe de 100 páginas. Seleccioné varios extractos de ese informe, y durante varias horas estuvimos debatiendo este tema con el primer ministro Putin. Se tomaron algunas medidas, pero sigue sin tomarse un enfoque sistémico de esta problemática. La reciente avería en el sistema eléctrico en San Petersburgo que dejó a oscuras a la mitad de la ciudad, es una demostración elocuente.

Antes de que se aprobase la ley de bosques en el 2006 preparamos una nota. Científicos e importantes especialistas del ramo explicaban cómo en los últimos 200 años se había venido desarrollando la silvicultura en nuestro país. Yo preparé un informe especial sobre Alemania, sabedor del interés de V.V. Putin hacia ese país, donde le mostraba con todo detalle cómo estaban allí organizadas las medidas de prevención contra los incendios forestales. He de decir que entonces nos dieron la razón, nos dijeron que se aprobaría un documento especial conjuntamente con la ley de bosques. Sin embargo, tengo en mis manos el documento firmado por el primer ministro…apenas el 3 de agosto del año en curso. Lleva por nombre “Sobre la puesta en ejecución de la vigilancia estatal contra incendios en los bosques”. Es el mismo documento que debía haber sido aprobado hace cuatro años. Durante este tiempo los servicios correspondientes hubieran podido coordinar su trabajo y preparase para hacer frente a los elementos. En lugar de eso, se han visto prácticamente desarbolados.

En la época soviética en el sector de la silvicultura trabajaban 70 mil guardas forestales. Cada empresa forestal contaba con su torre de observación. En cuanto empezaban los calores, había una persona vigilando el bosque desde ella, y en cuanto se producía el más mínimo conato, la gente acudía a sofocarlo.

En mi tierra natal confluyen los bosques de Briansk y Kaluga. Cada año teníamos algún incendio, pero nunca ninguno importante. Siempre había entre cinco y diez personas preparadas para sofocarlo, porque para eso había una organización que respondía. Hoy apenas han quedado guardabosques, y tratándose de una profesión familiar, es imposible llevar a alguien de fuera y obligarle a que trabaje en el bosque.

En su intervención, el diputado de “Rusia Unida” Isayev ha criticado al gobernador de la región de Vladimir, Nikolai Vinográdov, por su supuesta mala gestión ante una situación excepcional. Para información del señor Isayev, en la región de Vladimir, aunque se declaró el estado de emergencia, no hubo ninguna víctima mortal. Sólo hubo una persona en toda la comarca que rellenase una solicitud exigiendo una compensación, pero al ver lo rápido y bien que se estaban construyendo las nuevas viviendas, la retiró. Solo hubo cuatro personas que se quedaron sin documentación y a los que ya se han entregado sus nuevos documentos de identidad. Todo lo que ha hecho Vinográdov se corresponde fielmente con lo que establece la legislación. El presidente de la Duma, Gryzlov, tiene en su poder una nota informativa donde está todo explicado, e insisto en que haga llegar a todos los diputados una copia, empezando por Isayev.

De las decisiones que tomemos hoy y en un futuro cercano dependerá mucho. Ya nos hemos fundido la mitad del petróleo y el gas, apenas queda para un par de décadas. Mientras que en nuestro territorio se encuentran la mitad de los bosques de conífera del planeta. En la época soviética los bosques suponían la segunda mayor fuente de ingresos tras el petróleo y el gas, aportando cada año cerca de 80 mil millones de dólares. Es un recurso renovable, que puede alimentar a varias generaciones.

Si diseñamos un sistema de protección y reproducción de bosques, el planeta nos dará las gracias.

En los años del Poder Soviético, en el país contábamos con 50 mil haciendas colectivas, en cada una de las cuales había una brigada contra incendios. Hoy ya no queda ninguna.

Ya son 41 millones de hectáreas de tierras cultivables cubiertas de maleza y cardos. Hemos acumulado tanta hierba seca en 5 años, que cualquier colilla prendería un gran incendio. Antes se araba todo, desde las zonas forestales, pasando por aldeas y pueblos. Hoy la mitad del parque de tractores ha desaparecido y la otra mitad está en el taller.

Y ya que hablamos de turberas, sólo en la explotación turbera en la región de Shatura había 70 brigadas antiincendios. Nada de eso ha quedado.

Mientras el señor Kudrin (ministro de Economía. N de la T.) ha destinado en los presupuestos del año que viene, menos de un uno por ciento para bosques, tierras y aguas, y la mayoría de la Duma lo ha aprobado.

Hasta los idiotas saben que si se destina a esos fines menos de un 10% del gasto presupuestario, es imposible utilizar esas riquezas.

En lo que hace referencia a los militares, quisiera nuevamente recordarle al señor Isayev, que en 1972 el ministro de Defensa Grechko dirigía personalmente la extinción de incendios, en donde participaban 100 mil militares. Sólo en la región de Moscú se instalaron 1.300 km de tuberías. Ahora en la extinción de incendios han participado 11 mil soldados y en cuatro regiones apenas se han habilitado diez veces menos tuberías que entonces. Pero lo más lamentable, es que todas esas unidades especializadas, que nos salvaron en Afganistán y nos ayudaron a enfrentar las consecuencias del terremoto en Spitak, en Armenia, que ayudaban a preservar la seguridad del país, han sido disueltas por el señor Serdiukov y ya no representan una unidad orgánica. ¡Se trata de nuestras reservas estratégicas! ¡Detengan a este obtuso!

He estado investigando detenidamente lo que pasó en la base de la Marina incendiada cerca de Kolomna. ¿Cuál es el resultado de la reforma del señor Serdiukov? Solo dejó a cuatro oficiales de entre todos los que había. Había una brigada contra incendios que suprimieron. Había un sistema de seguridad militarizado que disolvieron. Y las diez, quince personas que quedaron se las vieron y desearon durante dos semanas intentando salvar el objetivo encomendado. Llamaron al viceministro de Defensa, que llegó, vio lo que había, para luego mandar un camión de bomberos, que se marchó después de cuatro horas. Como resultado se logró salvar una base estratégica. Tras lo ocurrido despidieron a los oficiales, a los que seguramente, habría que haber condecorado. Llamo al “partido del poder” a que aclare lo sucedido allí. Siento pena por los soldados y oficiales.

Coincido con el ministro Shoigu en que en la extinción de los incendios tomaron parte un gran número de gente muy válida, pero la situación hizo que la tragedia fuese inevitable. Un solo remolcador de artillería hubiera podido salvar cualquier pueblo, pero no había.

Nuestras propuestas son bien sabidas: primeramente el aumento de la dotación presupuestaria para la esfera de la seguridad nacional; la adopción de nuevas leyes de tierras, bosques y agua; recuperación de las antiguas haciendas colectivas. Si no se resuelven los problemas aquí expuestos, los incendios continuaran y en mayor medida.

No pensamos votar a favor de la propuesta hecha por “Rusia Unida” por considerarla indefinida e incompetente.

martes, 7 de septiembre de 2010

El gobierno ruso continúa privatizando

La de riquezas que tiene Rusia, porque con lo que ya han robado desde que destruyeron el campo socialista y todavía siguen con la faena.

En fin, más carnaza para los Chubais del mundo.

RIA Novosti. El primer vicepresidente del Gobierno de Rusia, Ígor Shuválov, entrevistado hoy por RIA Novosti, declaró que la privatización de importantes haberes del Estado puede empezar hasta finales del año en curso.

Shuválov no dijo de qué compañías puede tratarse. Anteriormente, el Ministerio de Desarrollo Económico de Rusia propuso vender en los próximos años diez haberes importantes, incluidos paquetes de acciones de las petroleras Rosneft y Transneft, de los bancos VTB y Rosseljozbank y de otras compañías.

Shuválov informó que el Gobierno ya tiene coordinada la lista de las empresas a ofrecer para la venta entre 2011 y 2013. Dijo que el Gabinete de Ministros se guiará en esa actividad por la situación en el mercado, sin fijar fechas concretas. "El trabajo de convocar concursos de privatización lleva meses", señaló.

sábado, 4 de septiembre de 2010

El Milagro de Chile

Un extraordinario resumen de los verdaderos resultados del llamado "Milagro de Chile", crimen perpetrado por el fascista Pinochet junto con los llamados Chicago Boys, alumnos de Milton Friedman. El autor de este escrito es Greg Palast, quien fue también alumno de Milton Friedman.

Extraído de su libro La mejor democracia que se puede comprar con dinero.

Dos Friedman, un Pinochet y el milagro fabuloso de Chile. Cuestionar el mito de la génesis de la globalización.

Yo tengo una ventaja respecto de los fetichistas de la globalización como Thomas Friedman, señor «Lexus-y-olivo». Yo estuve presente al principio, en el momento de la concepción de la globalización, cuando el esperma de las excéntricas teorías económicas de Milton Friedman penetró el óvulo de la mente fecunda de Ronald Reagan, entonces gobernador de California. Fui testigo del nacimiento del thatcherismo antes de Thatcher (allá, en la Universidad de Chicago, a principios de la década de 1970, como único miembro americano de un grupo de élite conocido más adelante como «Chicago Boys»). El profesor Friedman (que no tiene ninguna relación con Thomas) fue el dios económico que caminó con nosotros, pronto merecedor del premio Nobel por sus extremistas teorías del laissez-faire. Otros académicos que consideraban a Friedman curioso, veían su fanatismo por el libre mercado como parte de su excentricidad. Pero los Chicago Boys creyeron y, a diferencia de otros estudiantes, tuvieron en sus manos una nación entera con la que experimentar, por cortesía de un golpe de Estado en Chile. La mayoría de los «Boys» eran latinoamericanos, una extraña colección de hombres con jerseys blancos de cuello alto y gafas de sol oscuras, recién salidos de la película Missing, y volverían a Chile para convertirlo en un laboratorio Friednamita. (… Con una peculiaridad: contrariamente a lo que ocurre en un ejercicio académico típico, quienes preguntaban «desaparecían».)

Como a Campanilla y a la hada madrina de Cenicienta, al general Augusto Pinochet se le conoce por haber practicado buenos actos de magia. A Pinochet, en concreto, se le atribuye de forma universal el mérito del Milagro de Chile, el experimento salvajemente victorioso en libre mercado, libre comercio, privatización, desregulación y expansión económica libre de sindicatos diseñada por los Chicago Boys, cuyas semillas de laissez-faire se han diseminado desde Santiago a Surrey, de Valparaíso a Virginia.

Puede que haya cierta inquietud con respecto a la sangre que mancha su carruaje, pero todos los «reformadores» neoliberales deben coincidir en que la revolución del libre mercado de la globalización tuvo su origen en el cañón de las pistolas de Pinochet. Sean cuales sean sus defectos, nos dicen, Pinochet fue el salvador de la economía de Chile y alumbró el futuro camino económico del mundo.

En la fe de los Reaganitas y Thatcheritas, el Chile de Pinochet cumple una función cuasi religiosa. Provee la necesaria fábula del génesis, el sucedáneo Edén desde donde el dogma del laissez-faire puede expandirse de forma brillante y exitosa. Pero ¿qué pasa si la calabaza de Cenicienta no se convirtió realmente en un carruaje? ¿Qué ocurre si el Milagro de Chile es también otro cuento de hadas? Los fracasos comunes y mensurables del libre mercado económico –el hambre de Quito a Kirguizistán- se rechazan como males de transición a la economía de mercado. Pero estudios más atentos revelan que la proclama original del éxito, esto es, que el general Pinochet engendró un motor económico, es una de esas declaraciones (como la de que «estamos ganando la guerra al terror») cuya verdad reside completamente en su repetición.

Chile puede reivindicar cierto éxito económico. Pero es obra del presidente Salvador Allende, quien salvo a su país, milagrosamente, una década después de que Pinochet lo matara.

Éstos son los hechos. En 1973, año en que el general tomó el poder, la tasa de desempleo en Chile era del 4,3 por 100. En 1983, tras diez años de modernización de libre mercado, el desempleo alcanzó el 22 por 100. Los salarios reales descendieron un 40 por 100 bajo el gobierno militar. En 1970, el 20 por 100 de la población chilena vivía en la pobreza. Hacia el año en que el «presidente» Pinochet dejó el cargo, el número de indigentes se había duplicado hasta alcanzar el 40 por 100. Todo un milagro.

Pinochet no destruyó la economía de Chile solo. Fueron necesarios nueve años de duro trabajo de las mentes más brillantes del mundo académico, el grupo de aprendices de Milton Friedman a quienes ya hemos mencionado: los Chicagos Boys. Bajo el hechizo de sus teorías, el general eliminó el salario mínimo, ilegalizó los derechos de negociación de los sindicatos, privatizó el sistema de pensiones, abolió todos los impuestos sobre la riqueza y los beneficios empresariales, recortó el empleo público, privatizó 212 empresas propiedad del estado y 66 bancos y administró un superávit fiscal. El general hizo marchar a su nación por el sendero «neoliberal» (libre mercado), y pronto Thatcher, Reagan, Bush, Clinton, el FMI y todo el planeta seguirían su ejemplo.

Pero, ¿qué ocurrió realmente en Chile? Libre de las agotadas manos de la burocracia, los impuestos y las normas sindicales, el país dio un salto de gigante adelante… hacia la bancarrota. Después de nueve años de economía al estilo de Chicago, la industria chilena naufragó y murió. En 1982 y 1983, el PIB descendió un 19 por 100. Esto es una depresión. El experimento de libre mercado estaba kaput, los tubos de ensayo hechos añicos. La sangre y los cristales cubrían el suelo del laboratorio.

Sin embargo, con un extraordinario descaro, los dementes científicos de Chicago declararon que aquello era un éxito.

En Estados Unidos, el Departamento de Estado del presidente Ronald Reagan publicó un informe que concluía: «Chile es un manual de estudio de una gestión económica razonable». El mismo Milton Friedman acuñó la expresión «Milagro de Chile». El colega de Friedman, el economista Art Laffer, se jactó de que el Chile de Pinochet era un «caso ejemplar de lo que puede hacer la economía que incentivaba la oferta».

Lo era, sin duda. Más exactamente, Chile era un caso ejemplar de desregulación desenfrenada. Los Chicago Boys convencieron a la junta de que la eliminación de las restricciones sobre los bancos del país les permitiría atraer capital extranjero para financiar la expansión industrial. (Una década más tarde, esta liberalización del mercado del capital se convertiría en la condición sine qua non de la globalización.) Siguiendo este consejo, Pinochet vendió los bancos del Estado (con un descuento del 40 por 100 con respecto al valor contable) y rápidamente cayeron en manos de dos imperios empresariales controlados por los especuladores Javier Vial y Manuel Cruzat. Desde sus bancos cautivos, Vial y Cruzat desviaron fondos para comprar a todos los productores (y entonces mejoraron estas empresas con préstamos de inversores extranjeros que anhelaban conseguir su parte de los regalos del Estado).

Las reservas de los bancos se llenaron de títulos falsos de las empresas filiales.

Pinochet dejó que fuera una buena época para los especuladores. Se le había convencido de que los gobiernos no deben estorbar la lógica del mercado. Hacia 1982, el negocio financiero piramidal de Chile llegó a su fin. Los grupos Vial y Cruzat dejaron de pagar. La industría cerró, las pensiones privadas dejaron de tener valor, la moneda se hundió. Los disturbios y las huelgas emprendidos por una población demasiado hambrienta y desesperada como para temer las balas obligó a Pinochet a invertir el rumbo y despedir a sus queridos experimentalistas de Chicago.

De mala gana, el general restableció el salario mínimo y los derechos colectivos de negociación de los sindicatos. Pinochet, que previamente había diezmado las filas del gobierno, autorizó un programa para crear 500.000 puestos de trabajo. El equivalente en Estados Unidos sería que el gobierno pusiera en nómina a otros 20 millones de trabajadores. En otras palabras, Chile salió de la depresión gracias a los viejos y torpes remedio de Keynes (Franklin Roosevelt, diez; Ronald Reagan, cero). La junta restituyó incluso lo que hoy sigue siendo la única ley en Suramérica que limita la entrada de capital extranjero.

Las tácticas tipo New Deal salvaron a Chile del Pánico de 1983, pero la recuperación y crecimiento a largo plazo del país es desde entonces el resultado de –tapen los oídos a los niños- unas buenas dosis de socialismo. Para salvar al sistema de pensiones del país, Pinochet nacionalizó los bancos y la industria a una escala inimaginada por el socialista Allende. El general expropió a su voluntad, ofreciendo modestas indemnizaciones o ninguna.

Si bien la mayoría de estas empresas fueron finalmente reprivatizadas, el Estado mantuvo la propiedad de una industria: la del cobre.

La experta en metalurgia de la Universidad de Montana, la Dra. Janet Finn, señala: «Es absurdo describir a un país como un milagro de la libre empresa cuando el motor de la economía sigue en manos del gobierno». (Y no precisamente en manos de cualquier gobierno. Una ley de Pinochet, aún en vigor, concede a los militares el 10 por 100 de los ingresos por cobre del Estado.) El cobre ha proporcionado entre el 30 y el 70 por 100 de los ingresos por exportaciones del país. Ésta es la moneda fuerte que ha construido el Chile actual, las ganancias de las minas confiscadas a Anaconda y Kennecott en 1973: el regalo póstumo de Allende a su país.

La agricultura es el segundo motor del crecimiento económico de Chile. Éste es también un legado de los años de Allende. Según el profesor Arturo Vásquez, de la Universidad de Georgetown, la reforma agraria de Allende, esto es, la disolución de los estados feudales (que Pinochet no pudo invertir por completo), dio lugar a una nueva clase de labradores-propietarios productivos, además de operadores empresariales y cooperativos, que hoy producen una oleada de ganancias de exportaciones que rivalizan con el cobre. «Para que haya un milagro económico,» dice el Dr Vásquez, «quizá hace falta primero un gobierno socialista que lleve a cabo una reforma agraria.»

Pues ahí lo tenemos. Keynes y Marx, no Milton Friedman, salvaron a Chile.

En la otra mitad del globo un experimento económico alternativo estaba teniendo éxito silenciosamente y sin derramamientos de sangre. El Estado de Kerala en el sur de la India es el laboratorio de las teorías del desarrollo humano de Amartya Sen, ganador del premio Nobel de economía de 1998. Comprometido con la redistribución de los ingresos y los servicios sociales universales, Kerala construyó una economía basada en la educación pública intensiva. Considerado el estado con mayor índice de alfabetización del mundo, la moneda fuerte de Kerala es la exportación de asistencia técnica a las naciones del Golfo. Si ha oído hablar poco o nada de Sen y Kerala, quizá es porque plantearon un desafío incómodo al consenso del libre mercado.

El año que Sen ganó el Nobel, el Grupo de los Cuatro de las finanzas internacionales (el Banco Mundial, el FMI, el Banco de Desarrollo Interamericano y el Banco de Pagos Internacionales) ofreció una línea de crédito de 41,5 mil millones de dólares a Brasil, que entonces se hundía en sus deudas. Pero antes de que las agencias entregaran al ahogado país un salvavidas, exigieron que Brasil se comprometiera a tragarse la medicina económica que casi mató a Chile. En este punto usted ya conoce la lista: privatizaciones a precio de saldo, mercados laborales flexibles (es decir, aniquilación de los sindicatos) y reducción del déficit por medio de recortes salvajes de los servicios del Estado y la seguridad social.

En Sao Paulo, se asegura a la opinión pública que estas crueles medidas beneficiarán finalmente al brasileño medio. Lo que parece colonialismo financiero se vende como la panacea probada en Chile con resultados milagrosos.

Pero este milagro era, en realidad, una trampa, un fraude, un cuento de hadas en el que nadie vivió feliz por siempre jamás.

Manicomio

Hace veinticinco años que me senté junto a Milton Friedman y los Chicago Boys mientras ellos diseñaban nuestro nuevo mundo. El curso que agrupó a los Chicago Boys, oficialmente llamado «Taller de Finanzas Latinoamericas», estaba dirigido por el profesor Arnold Harshberger; el de Friedman era «Taller monetario y bancario». Conseguí llegar a ambos (incluso entonces era un infiltrado, pues trabajaba para Frank Rosen y Eddie Sadlowski, los líderes del sindicato de los trabajadores del acero y la electricidad). Frank me dijo: «Cierra tu maldita boca, quítate esos infantiles botones Mao, ponte un traje y averigua qué están tramando estos tipos».

No llamaría enano a Friedman, pero lo que se me ha grabado en la memoria es que sus pies no tocaban el suelo cuando estaba sentado en la elaborada silla desde la que presidía la clase.

En esos años, Rodesia (actual Zimbabwe) era un tema de actualidad. El país estaba controlado por los blancos, el 5 por 100 de la población, que mantenía al otro 95 por 100 de los habitantes, negros, prácticamente en la esclavitud, sin esperanza y, naturalmente, sin derecho a voto. El profesor Friedman opinaba desde su elevada silla: «¿Por qué la gente está atacando a Rodesia, la única democracia de África?». Recuerdo, además, que en esa época el profesor viajaba en una limusina negra conducida por u coger negro.

Así pues, mientras que a los demás estudiantes (los banqueros en ciernes y los que se preparaban para ser dictadores) se les caía la baba de admiración, yo informaba a los sindicatos: «Este Friedman es una marioneta enferma. Nadie va a comprar esta cháchara de libre mercado y laissez-faire egoísta a un chiflado ultraderechista».

Hoy, sin embargo, dos décadas más adelante, Bush y Clinton y Putin y Wolfensohn abren sus bocas y por ellas sale Milton Friedman. Y a todos los sitios a donde voy, los tipos que dirigen el cotarro llevan sus camisas de fuerza doradas y sonríen y van a tientas y coinciden unos con otros. Y en lo único que puedo pensar es en algo que otro profesor mío, Allen Ginsberd, dijo una vez: El alma no debería morir impíamente en un manicomio armado.

Habitantes de la provincia afgana de Tahar organizan manifestación contra OTAN

RIA Novosti. Una acción de protesta contra la Alianza Atlántica se desarrolló este sábado en el distrito de Bahauddin de la provincia afgana de Tahar, informó la agencia local Bahtar.

Centenares de personas exigieron enjuiciar a los culpables del accidente que se produjo el viernes pasado en el distrito de Rastak de esa provincia, donde aviones de la OTAN lanzaron cohetes contra un grupo de adeptos de un candidato a diputado del parlamento concentrados en un mitin, matando a diez personas. El propio candidato Abdul Vahed Jorasani y uno de sus compañeros recibieron heridas.

Los participantes de la acción corearon slogans anti OTAN y exigieron al Gobierno poner fin a los bárbaros bombardeos de centros poblados en los que perece gente inocente.

El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, también condenó ese bombardeo.

Pero la oficina de prensa de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) en Afganistán afirmó que a raíz de aquel ataque fueron eliminados doce miembros del radical Movimiento Islámico de Uzbekistán.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Los delincuentes del FMI y sus consejos envenenados

Y siguen los consejos del FMI. Esta vez afirman que en España hay un número muy elevado de trabajadores temporales, lo que es cierto. Pero, ¿qué proponen para solucionar el problema?

Para aumentar el número de contratos indefinidos (lo de fijos pasó a la historia) proponen desproteger, más todavía, a los trabajadores con contratos indefinidos. Me imagino que lo que quieren es simplemente poder hacer a los trabajadores contratos indefinidos, cuando de esa condición sólo quede el nombre. Algo así como cambiarle el nombre a la mierda para que los imbéciles dejen de notar su olor:
"En España, reducir las cláusulas de protección del empleo de los trabajadores permanentes hasta los niveles mínimos que observa la Eurozona reduciría la proporción de trabajadores temporales en un total de 13,5 puntos porcentuales."
Al mismo tiempo señalan que se debe aumentar el número de contratos temporales para aquellas personas que de otra forma no podrían trabajar.

Ya vemos que por un lado piden desproteger más a los indefinidos para crear, dicen ellos, más indefinos, desprotegidos claro, y al mismo tiempo aumentar los contratos temporales, aunque primero decían que había mucha temporalidad.

¿Entiende usted algo? Ellos tampoco. Me los imagino llegando a casa y diciéndose ante el espejo: "joder, qué estupidez he dicho hoy. Menos mal que aún hay suficientes gilipollas como para no enterarse de nada".

Mi paciencia se acabó hace ya algunos años, digamos que estoy harto de remilgos y complejos con esta pandilla de delincuentes.



Los capitalistas son enfermos peligrosos

Hay noticias que no sólo asombran, también producen miedo y asco. Justo ahora acabo de toparme con una de esas noticias que comentaré a continuación, si es que el estupor me lo permite.

Veamos, el propietario de la aerolínea Ryanair, Michael O´Leary, un conocido usurero irlandés, plantea suprimir de la tripulación al segundo piloto para reducir los costes.

Primero mostraré unas fotos de este pollo. Aquí está:


Qué enrollados son los capitalistas. Como niños. Aquí va otra foto de este sujeto:


Enternecedor. Pertenece a esa clase de caciques del siglo XXI que visten deportivas, llegan al curro en parapente, cuentan chistes a los periodistas... muy informal, muy joven, muy posmoderno, pero la misma cantinela de siempre, su objetivo es aumentar el margen de beneficios y si para eso tiene que prescindir del segundo piloto lo harán.

El segundo piloto es una medida de seguridad, que puede que haga falta muy pocas veces pero a esas alturas es recomendable que otra persona capaz de manejar un avión esté disponible por lo que pueda pasar. Nada más razonable.

Pero no crean que este simpático capitalista del siglo XXI no ha pensado en ello. Está en todo. La labor del segundo piloto será cubierta por... las azafatas. Así nos lo cuenta: "Si el piloto tiene una emergencia, toca el timbre y la hace pasar. Ella podría tomar el control". No pongo en duda la capacidad de una azafata para instruirse y llegar a ser piloto comercial, así como no dudo de la capacidad de un obrero para convertirse en cirujano tras años de estudio. Cuestiono, y seriamente, la salud mental de este sujeto.

No quiero perder mi tiempo averiguando cuál fue el margen de beneficios que obtuvo el año pasado este capitalista. Seguro que mucho dinero. El suficiente para mantener a varios ricos y por supuesto para poder pagar los salarios de los segundos pilotos. Lo hacen porque quieren más y más. Su avaricia corre pareja al profundo desprecio que tiene para con sus semejantes. No lo pueden evitar.

Recordemos que esta cantinela de reducir costes, por poner un ejemplo reciente, ha llevado a la sepultura a unos mineros chilenos que tendrán que soportar meses en esas condiciones si es que no hay incidentes que impidan su rescate. La enfermedad de los capitalistas por el dinero les hace descuidar hasta las vidas de las personas, y lo hacen con total impunidad, hasta lo afirman con luz y taquígrafos.

Es cierto que existen unas estructuras, que el mundo está construido así y que la gente actúa de acuerdo con ello. Pero qué quieren que les diga, en último término hay un hombre que decide. En último término alguien es el encargado de apretar el botón, y eso tampoco podemos pasarlo por alto.

Están enfermos y son peligrosos.

http://www.publico.es/internacional/334899/avion/dos/pilotos/michael/oleary/aerolinea/bajo/coste/ryanair

Incluyo un par de respuestas de los lectores en el foro de la noticia:

Por n4ch0: "Puestos a quitar a la gente... por qué no entrenar chimpancés para que hagan el trabajo de los pilotos."

Por Juan47: "Podían eliminar también los motores y lanzar los aviones con catapultas."

Lo mismo hasta recogen las ideas de estos dos lectores. Sólo queda el humor... y una más que sana mala leche para sacar a pedradas a estos capullos de sus tronos.


Rusia se quema...

...mientras Medvédev le canta a Putin...



De Cubadebate:

Se reinician los incendios en Rusia: un muerto y 160 casas quemadas

Los incendios en los bosques que ya arrasaron Rusia el mes de agosto, han vuelto a despertar en el sur del país. Dos personas han muerto y 160 edificios en aproximadamente 20 pueblos se han quemado, anunció el Ministerio de Situaciones de Urgencia.

Según este Ministerio, 163 edificios han sido engullidos por las llamas en la región de Volgogrado a causa de varios incendios que avanzan rápido debido a la fuerza del viento. También está afectada la región vecina de Saratov.

En Fomenkovo, una de las localidades afectadas, 20 casas de las 56 que existen, han ardido. En otro pueblo, hasta 47 edificaciones no han sobrevivido a la fuerza de las llamas y están destruidas.

Las dos víctimas mortales son septuagenarias, un hombre y una mujer, que murieron respectivamente en Velitchkine y Lapchinskaïa, precisó un responsable de las autoridades locales.

Catorce personas también han resultado heridas y están hospitalizadas en la misma región. Además, otros 150 habitantes de la zona han tenido que ser evacuados.

El presidente Dmitri Medvedev ha dado orden de actuar con la mayor rapidez posible para frenar estos incendios. Ya ha desplazado hacia la zona más afectada dos aviones Iliouchine 76 para luchar contra las llamas. Y es que a pesar de que el frío ha vuelto a la capital rusa trayendo consigo el fin de los incendios allí, en esta región del sur del país las temperaturas están próximas a los 40 grados.

jueves, 2 de septiembre de 2010

La OTAN mata al menos a ocho civiles afganos


Resulta que unos ciudadanos afganos asistían a un mitin y la soldadesca de la OTAN abrió fuego a bombazo limpio cometiendo uno más de sus famosos "errores".

Los terroristas de la OTAN no sólo han perdido la guerra en Afganistán, parece ser que también han perdido el poco juicio que tenían. Qué asco dan estos sinvergüenzas.

Informa RIA Novosti:

Al menos ocho civiles murieron y más de una decena resultaron heridos esta mañana en la provincia afgana de Tahar debido a un error de la OTAN, informaron las autoridades locales.

Helicópteros de esta Alianza bombardearon con misiles un mitin preelectoral a favor de Abdulá Wahed Khorasani, candidato a diputado del Parlamento afgano, quien también recibió heridas, al confundir esa concentración con un grupo de insurgentes, precisó un portavoz del Gobierno regional.

Los mandos de la OTAN y de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad en Afganistán (ISAF, por su sigla en inglés) rehúsan por ahora comentar el incidente.

Discurso de Largo Caballero


En Madrid a 25 de julio de 1933

Compañeros y compañeras:

Había hecho el propósito de no tomar parte en ningún acto semejante al que estamos celebrando durante el tiempo que estuviese desempeñando un cargo en el gobierno de la República. Quería yo, después de salir del gobierno, ponerme en contacto con la clase trabajadora española para darle a conocer mi experiencia dentro del gobierno de la República y, además, para explicarle la legislación social de aquélla. Pero las circunstancias me han obligado a desistir de ese propósito, y, a requerimientos insistentes de la Juventud Socialista Madrileña, vengo hoy aquí; más debo advertiros que lo que yo voy a decir hoy aquí no deshace, no prejuzga, no tiene casi nada que ver con lo que yo tenga que decir después de salir del gobierno republicano.

Pudiéramos afirmar que este acto es el prólogo de los varios que yo pienso celebrar en España después de salir del gobierno de la República. Considero de indispensable necesidad para la masa trabajadora española el difundir lo más exactamente posible lo que es la República española.

Naturalmente que al venir hoy aquí se ha producido, contra mi voluntad, una expectación, debida en buena parte a la gran imaginación del pueblo español, y por otra, a la mala fe de nuestros enemigos. Pero ya sabéis que yo soy, entre otras cosas, acaso no muy convenientes en política, hombre claro, hombre que procura no ocultar lo que piensa.

Ya sabéis que no soy orador, y, mejor que vosotros, lo sé yo. Es posible que en lo que yo diga hoy aquí pueda haber algo de diálogo, algo que no sea simplemente monólogo; pero esto no depende de mí, depende de las circunstancias. Yo tengo que advertir que si de lo que diga resulta algún diálogo, en mi intención no está, ni por lo más remoto, molestar a los que se consideran aludidos. Lo que yo diga lo diré con toda clase de consideraciones y de respeto para las personas.

Parece que es costumbre, camaradas, que en estos actos –digo parece que es costumbre porque, como sabéis, llevo ya más de dos años sin hablar en público –que el orador se haga una pequeña autobiografía, que exponga al auditorio un esquema de su personalidad política. Yo no os voy a molestar mucho en este particular. Sólo os voy a decir que hace cuarenta y tres años ingresé en la Unión General de Trabajadores de España, y en este marzo último hizo cuarenta años que empecé a militar en la Agrupación Socialista Madrileña. De mi actuación en las organizaciones donde he intervenido se os puede informar por ellas. No lo voy a hacer yo. Únicamente lo que quiero decir, lo que quiero hacer constar, es que no soy un advenedizo a la organización política y sindical españolas, que yo no soy un aventurero en este movimiento político, obrero, que yo soy un socialista, pero no por sentimiento simplemente, sino por convicción. Yo soy de los que protestan contra las injusticias sociales, de los que creen que el régimen que vivimos no es inmutable, que es no sólo susceptible de modificación, sino de sustitución por un régimen socialista, colectivista; soy de los que creen que para hacer esto no se precisa simplemente una mayor cultura, un mayor desarrollo económico de la sociedad, sino que es indispensable, y para mí fundamental, en que la clase trabajadora actúe con eficacia por medio de sus organizaciones políticas y sindicales para lograr el cambio de régimen. Es decir, que yo no he olvidado todavía aquellas palabras de Marx: «Proletarios de todos los países, uníos». «La emancipación de la clase obrera ha de ser obra de ella misma.»

Hecha esta presentación, debo manifestaros que tampoco aspiro a jefaturas de ninguna clase ni a ser su director exclusivo de ninguna política; soy un compañero del Partido que expone sus ideas libremente, y luego, el que quiera, las acepta, y el que no, no. Esto en mí no es nuevo. En abril de 1930, en este mismo local, yo decía que a la clase trabajadora no le hacían falta pastores, sino que la clase trabajadora por sí misma haría aquello que más le conviniera y que considerara más justo.

Motivo fundamental del acto:

Uno de los motivos por los que yo he venido aquí es porque me creía obligado a contribuir de esta manera al fondo para la rotativa; pero, además, y fundamentalmente, porque observo que el enemigo común va apretando el cerco y aumentando la agresividad contra nuestro Partido y contra nuestras ideas. Y este hombre, ya de algunos años –perdonadme la vanidad-, tiene el temperamento todavía joven y no está dispuesto, mientras é pueda, a contribuir, ni por acción ni por omisión, a que el enemigo pueda aumentar sus armas contra nuestras ideas o pueda manejarlas mejor contra nuestro Partido. Éste es el motivo más fundamental que yo he tenido para venir hoy aquí.

He dicho que el cerco del enemigo común cada día se estrecha más. No es que a nosotros nos asombre el que esto suceda, porque estamos acostumbrados a acometidas de igual naturaleza, según se prueba con la historia de nuestro Partido y de nuestras organizaciones. Hace cuarenta y tres años, cuando yo ingresé en la organización, la agresividad existía, pero hoy ocurrirá lo mismo que les ocurrió en el año 1930. Habiendo dicho yo aquí, en abril, las palabras que os he recordado, en octubre tuvieron que llamarnos para que cooperásemos al triunfo de la República. Y deben tener presente que las cosas no están llanas, que los obstáculos no han desaparecido, que las dificultades para la República persisten y que sin el Partido Socialista y sin la Unión no podrán defender con eficacia a la República. [Aplausos]

Es ahora cuando pudiéramos decir que entramos ya en el tema de la conferencia. A pesar de las campañas de todo género que se hicieron contra nosotros, en octubre del año 1939 tuvieron que venir a solicitar del Partido y de la Unión General de Trabajadores la cooperación. Momento histórico en nuestro país y momento histórico para nuestras organizaciones. A partir de él se plantea una cuestión que yo me voy a permitir tratar, aunque sea brevemente, porque no quiero mortificaros mucho con mi palabra. [Denegaciones] La cuestión de si el Partido Socialista y la Unión deben o no tomar parte en la revolución española. Y el Partido Socialista y la Unión, por medio de sus representantes, acuerdan que sí, que deben tomar parte en la revolución. ¿Y cuándo y cómo lo acuerdan? ¿Es que el acordar esto era una cosa extraordinaria? ¿Era una cosa que estaba fuera de los cálculos de nuestro Partido, de la táctica de nuestro Partido? Leed nuestro programa y veréis que en el programa mínimo la primera cuestión que se plantea es «supresión de la monarquía». Es decir, que el Partido Socialista, por ese programa acordado en nuestros congresos, estaba en la obligación de trabajar, de desarrollar sus actividades, para suprimir la monarquía española. ¿Cómo lo había de hacer? ¿El Partido sólo? ¿El Partido en colaboración con otros elementos? Eso dependería de las circunstancias. El programa no dice cómo, pero es sabido de todos que las circunstancias son las que obligan a una conducta, a una táctica.

Nosotros siempre habíamos afirmado, siempre habíamos defendido, la supresión de la monarquía española, hasta el extremo de que hemos sido censurados, criticados injustamente por muchos elementos que se llaman afines, porque durante la dictadura de Primo de Rivera no hemos atendido sugestiones que se nos hacían por ciertos elementos, que luego fueron a la Asamblea de Primo de Rivera, para contribuir a movimientos que llamaban revolucionarios. Y cuando les poníamos condiciones como esta: Que nosotros no iríamos a ningún movimiento si no era para derribar la monarquía española y, además, que no admitíamos un cambio de dinastía, que había de ser forzosamente para instaurar la República, esos elementos nos decían siempre que lo primero que habría que hacer era poner al rey en tal o cual sitio de nuestro país, con todas las garantías de seguridad, para que luego el país resolviese lo que creyese oportuno. Otros nos hablaban de un rey constitucional, como si no se llamase así al que fue rey de España. En una palabra: que ninguno de los elementos que se acercaron a nosotros iba de una manera clara, terminante, a derribar la monarquía española. La mayor parte –y ahora explicaré por qué la mayor parte- se refería, se conformaba, con derribar al que llamaban el dictador: Primo de Rivera. Nosotros entendíamos que el verdadero dictador era Alfonso XII [Muy bien] Y que el otro era un agente del segundo, y que lo que había que hacer era derribar al patrono, con lo que su agente quedaba anulado y fuera de servicio.

Algún elemento no se negaba en absoluto a esto que nosotros pedíamos; pero hay que reconocer que en el conjunto de esos elementos había alguno que no inspiraba a nuestro partido la confianza suficiente para colaborar con él. Siempre lo dijimos: Cuando el Partido Socialista vea que se le requiere formal y seriamente, con garantías posibles de poder transformar el régimen monárquico en República, el partido Socialista ayudará a ello con la Unión General de Trabajadores de España. ¿Y qué ocurre? Pues que un día, en octubre de 1930, se acercaron a nuestro partido representantes que a juicio nuestro ofrecían esas garantías de seriedad y de lealtad para ir al movimiento. En cuanto se presentaron, reconocimos que era el momento en que el Partido debía decidirse a cooperar en la revolución. Y así lo hicimos, sin titubeo ninguno. Fuimos al Comité revolucionario. Estando en él (no olvidéis esto que os estoy manifestando, para que saquéis después las consecuencias), se nos dijo: «Es preciso que el Partido tenga representantes en el gobierno provisional. Si esto no se hace, tenemos fundamentos para decir que la revolución será imposible ahora». Es decir, que los mismos elementos que nos invitan a tomar parte en la revolución, nos dicen: «Si no hay representantes del Partido Socialista en el gobierno provisional, no podemos responder de que la revolución se verifique». Y no solamente los hombres que estaban en el Comité revolucionario, sino otros elementos que habían ofrecido su cooperación a la revolución, vienen y nos dicen: «Si ustedes, socialistas, no forman parte del gobierno, no es fácil que la revolución se realice». En esa situación, nosotros acordamos participar en el gobierno provisional. Y aquí se nos plantea ya la cuestión de la colaboración ministerial.

Yo tengo que decir, con todos los respetos, que me parece que se ha tergiversado un poco el problema de la participación ministerial; que el caso de España, que el caso nuestro no es el caso que se plantea en la mayor parte de los países sobre la participación ministerial, porque España no estaba en una situación normal. Nosotros no hemos ido a participar en un gobierno republicano dentro de una situación normal. Nosotros hemos ido a una revolución, nosotros hemos participado en ella y hemos ido a un gobierno revolucionario; no es la participación ministerial corriente, normal, que no se nos ha planteado a nosotros en el partido socialista español todavía el problema en la parte fundamental, que pudiera ser discutible, de la participación en gobiernos burgueses; eso está todavía virgen en nuestro Partido; eso no está decidido en nuestro Partido. Lo que está decidido es participar en un Comité revolucionario, en un gobierno provisional que hace la revolución. Y después, ¿qué ocurre? Pues que este gobierno provisional, en lugar de hacer lo que han hecho muchos gobiernos provisionales, estar meses y meses gobernando con amplias facultades, se apresuran a normalizar la situación, en vista de cómo se proclamó la República en España; se apresura a constituir un Parlamento. Cuando se va a las elecciones nos encontramos con que nuestro partido lleva a la Cámara más de cien diputados, constituyendo el grupo más numeroso del Parlamento.

Situación del Partido: contribuye a la revolución, forma parte del gobierno provisional, se va a las elecciones generales realizadas con la mayor pureza, el partido socialista resulta ser el más numeroso de la Cámara, ¿es el momento de abandonar el gobierno? Los votos obtenidos por nuestros representantes en el Parlamento, ¿Querían decir que dejáramos de participar en el gobierno? [Varias voces: No] Yo no hago la pregunta para que se me conteste, sino para que se la conteste a sí mismo cada uno. ¿Qué se hubiera dicho del partido socialista si en el momento de llevar a las Cortes ese grupo parlamentario declara: «Nosotros nos vamos del gobierno»? « ¿Y qué van a hacer ustedes?» «Vamos a hacer lo que hacen todas las oposiciones.» « ¿Y con quién se forma gobierno?» ¿Es que no supondría para el Partido una gran responsabilidad haber abandonado entonces los sitios que ocupaban los representantes del Partido, produciendo, como es natural que se produjese, un gran trastorno político en nuestro país, negando la cooperación en el gobierno? No creo que eso se le pudiera ocurrir a nadie. Y seguimos en el gobierno. Y estando en el gobierno, nosotros tenemos el deseo y el interés de que esta República, traída por republicanos y socialistas, no sea lo que fue la Primera República; deseamos que sea una República que se consolide, una República que se estructure políticamente. Para ello había que aprobar una Constitución. Cooperamos a la discusión y a la votación de la Constitución de la República.

Cuando esto se hace las derechas empiezan ya a intranquilizarse. Y comienzan a amenazar, a hablar de revisión de la Constitución. Cuando esto sucede, los socialistas y los republicanos que han traído la República por medios revolucionarios dicen: «¡Ah! No es bastante haber hecho una Constitución, porque esta Constitución puede ser falseada después en las leyes complementarias; hay que hacer las leyes complementarias, porque si ahora dejamos el camino libre al enemigo, a los de derecha, en las leyes complementarias desvirtuarán todo el sentido revolucionario que pueda tener la Constitución». [Muy bien.] Y nosotros hicimos el propósito de que, ocurriese lo que ocurriese en España, primero se aprobaría la Constitución, y después, las leyes complementarias.

Así, vimos durante toda esta etapa acometidas de la extrema izquierda que vosotros conocéis. Y un gobierno al cual repugna tener que emplear la violencia contra nadie, se ve obligado, para defender la República, a emplearla. Con todo el dolor de nuestro corazón tuvo que hacerse. Pero ¿para qué? ¿En nombre de qué, en aras de qué? En aras del régimen republicano.

Vienen acometidas de la derecha, y con la misma conciencia el gobierno republicano repele esos movimientos y defiende a la República.

Viene la oposición parlamentaria, y el gobierno resiste. ¿En aras de qué? ¿En aras del puesto, del asiento que cada uno de nosotros tuviera en el gobierno? Comprenderéis que en todo esta etapa de dos años a nadie le puede agradar el tener que ocupar puestos como éstos para verse obligado a proceder como ha tenido que hacerlo el gobierno de la República. Pero había algo que estaba por encima de nosotros mismos: el compromiso de que la Segunda República española no muriese como murió la Primera. [Grandes aplausos] Y para eso había que hacer sacrificios, no sacrificios personales, sino colectivos. Muchos; nadie los ha hecho mayores que el Partido Socialista y la Unión General de Trabajadores de España. Nadie mayores; pero, camaradas, ¿qué sacrificios hubiéramos tenido que hacer si hubiésemos dejado morir la República, si ésta hubiera caído en manos de los elementos de la derecha o hubiese habido una restauración monárquica? Todo lo que haya que sacrificar durante el tiempo de la consolidación de la República, personal y colectivamente, hay que sufrirlo, porque de esta manera habremos contribuido desinteresadamente, como siempre, a la victoria del nuevo régimen. Y tenemos derecho, supongo que tenemos derecho, a pedir respeto y consideración para nuestro Partido y nuestras organizaciones. [Aprobación.]

Por consiguiente, la participación ministerial durante la revolución y durante la consolidación de la revolución, no es para mí el problema de la participación en el Poder. Yo entiendo que eso no prejuzga para nada la actitud que el partido socialista pueda adaptar en el porvenir sobre esta cuestión. Tendrá que proceder según las circunstancias. ¡Quién sabe si puede darse el caso, y es posible que se dé, de que en determinado momento algunos de los que hoy no están conformes con la participación en el Poder durante el movimiento revolucionario y consolidación de la República, defiendan la participación en el Poder en otro momento, y los que hemos ido a la participación en el Poder en estos momentos nos opongamos a la participación en el Poder! [Muy bien.] Porque eso dependerá, como he dicho antes, de las circunstancias, de los momentos políticos, que no están sujetos a nuestra voluntad. Eso no es una cuestión de principio. Eso es una cuestión de táctica. Y nadie puede hipotecar el porvenir sobre este particular; yo no lo hipoteco. Yo quedo, después de salir del gobierno de la República, en absoluta libertad para mantener mi criterio sobre la participación o no participación en el porvenir. Hoy estamos cumpliendo un deber histórico. Por consiguiente, quedamos, al menos yo, en que esto de la participación en el Poder hoy no prejuzga para nada nuestra posición en el porvenir.

Algunas consideraciones más sobre el porvenir.

Conviene decir algunas palabras sobre lo que pueda significar la colaboración ministerial. He dicho hace un momento que no podemos hipotecar nuestro pensamiento, nuestra actitud para la mañana, porque el desarrollo político en nuestro país nos puede conducir a situaciones que nos obligasen a rectificar lo que hoy dijésemos. Yo no puedo olvidar que en un Congreso, no recuerdo bien si fue del Partido o de la Unión General de Trabajadores, habiendo monarquía, alguien habló también incidentalmente de la participación en el Poder. Yo salí inmediatamente al encuentro, diciendo: «No me parece oportuno plantear la cuestión, porque aun dentro de la monarquía pudieran darse casos tan difíciles que, bien a nuestro pesar, nos obligasen a participar en el gobierno». Era cuando la guerra de Marruecos. Algún jefe de partido que era republicano, que luego se pasó a la monarquía y que hoy parece que es republicano otra vez [grandes aplausos], tenía entonces la ilusión de que iba a ser llamado a Palacio para formar gobierno. Y en seguida mandó a amigos suyos a sondear a los hombres del partido y a preguntarles si colaborarían en un gobierno formado por él, con elementos, naturalmente, nuevos dentro de la monarquía, con una condición: con la condición de que ellos terminaban la guerra de Marruecos. Cuando esta sugestión se hizo, ya dio que pensar entonces, porque en aquella época era cuando nosotros hacíamos la campaña contra la guerra de Marruecos, era cuando caían a centenares en África los proletarios, cuando toda la opinión pública española estaba contra aquella acción guerrera. Aquello podía ser un lazo de la monarquía para meternos dentro de un gobierno monárquico; pero el hecho era que se ofrecía que si colaboraban los socialistas en aquel momento, la guerra de Marruecos terminaría. Y una de dos: o participábamos en el gobierno para terminar la guerra de Marruecos, o se nos podía hacer responsables de que la guerra de Marruecos continuara. Recuerdo, y perdonad estas disgresiones, que a la persona que a mí me habló yo le dije: «Y del ejército, ¿qué van ustedes a hacer?». «Mire usted –me respondió-, en eso no hemos pensado.» «¡Ah, no! Yo no sé lo que hará mi partido; pero yo digo que mientras el ejército esté como está, ni el rey ni ustedes podrán hacer nada, y la guerra de Marruecos no terminará. Si ustedes no ponen mano al ejército y echan fuera de él a los principales culpables de la guerra de Marruecos, la guerra de Marruecos no termina. Yo no sé qué les dirá a ustedes mis compañeros, pero yo les digo que es seguro que sin una garantía de una reforma radical en el ejército, echando a la calle a los generales principalmente culpables de esa guerra, no podrá haber posibilidad de contar con nuestra colaboración» Resultado de todas estas conservaciones fue que no nos volviesen a hablar más del asunto. Indudablemente, cuando se planteó la cuestión, que debió plantearse, referente al ejército, no quisieron atenderla.

Ya en aquella ocasión el problema de la participación en el Poder hacía pensar despacio. Vino la revolución; hizo pensar y decidir. No sabemos lo que podrá ocurrir mañana. Como en el Congreso del partido dije yo, o nosotros actuamos en política, o no actuamos. Y si actuamos en política, nosotros podemos llevar al Parlamento un grupo de tal importancia que no seamos nosotros los que vayamos a colaborar con los burgueses, sino que puede que tengamos que decir a los burgueses que vengan a colaborar con nosotros. Esto no creo que sea una quimera, porque la medida del progreso que en el orden político puede tener nuestro partido no podemos calcularla. Nuestra obligación es luchar políticamente con entusiasmo, con decisión y con eficacia, y al hacer esto no sabemos hasta dónde podemos llegar y en qué medida podemos superarnos. Y nosotros podemos encontrar ante una situación en que pudiera suceder esto que yo he dicho ahora, que puede parecer a alguien un absurdo. Pues bien, repito, lo de la participación en el Poder no está, para mí planteado.

Y con motivo de todo esto, entramos en la lucha política, entramos en el gobierno; pasan los primeros meses, se elabora la Constitución, e inmediatamente surgen elementos dentro de la República, dentro del campo republicano, pidiendo que se marchen los socialistas del Poder.

Tengo que declarar aquí que me parece poco reflexiva esa actitud. Yo creo que esos elementos (no me refiero a los que llaman ahora cavernícolas, que ésos, para mí, no cuentan; me refiero a aquellos que se llaman afines) no reflexionan cuando dicen que los socialistas deben marcharse del Poder, que deben marcharse del gobierno. No se trata aquí, ni por parte de ellos ni por parte nuestra, de que estemos, como suelen creer en muchas gentes, disfrutando de ciertas prebendas dentro de un cargo ministerial, o que lo pueden disfrutar ellos. Eso es muy pequeño, no vale la pena siquiera de discurrir un segundo sobre ello. No; hay que mirar más alto. A estos elementos republicanos que piden, que solicitan, que hacen campañas en la prensa, y en los mítines, y en los pasillos del Congreso para que los socialistas salgan del gobierno, yo les voy a plantear la siguiente cuestión: que salgan los socialistas del gobierno, yo les voy a plantear la siguiente cuestión: que salgan los socialistas del gobierno… ¿por qué? ¿Es que la República está tan segura, tan fuerte, tan sólida en sus cimientos que ya no hace falta la colaboración de los socialistas? ¿Lo afirman? ¿Están convencidos? Yo me permito afirmar aquí que a la República española le hace falta todavía el apoyo, la colaboración del partido socialista y de la Unión General de Trabajadores. Si hay alguien en el otro campo que crea lo contrario sinceramente, que no le guíen en sus afirmaciones pequeñas razones políticas o de amor propio o ambiciones, que lo entienda así, que lo pueda probar, que lo afirme públicamente. ¿No hace falta ya la colaboración socialista a la república? ¿Ya está firme? ¿Ya está en plena salud? ¿Ya no tiene que temer nada de nadie? ¡Quien sabe si a estas fechas los hechos habrán demostrado ya todo lo contrario! [Gran ovación.]

Pero, además, vamos a aceptar la hipótesis de que la república está tan firme y que, como ellos, creen, no precisa de la colaboración socialista para que siga adelante. ¿Pero es para esos menesterosos para los que nos tienen a nosotros? ¿Pero qué concepto se tiene del partido socialista y de la Unión General de Trabajadores? ¿Pero qué concepto se tiene de estos organismos, que se cree que no pueden colaborar en un gobierno, aunque sea contra la voluntad de los socialistas, sino hasta el momento en que la república se consolide? Eso lo podremos decir nosotros, pero no ellos. [Muy bien.] Eso lo diremos nosotros pero no ellos.

Vamos a la conquista del poder:

Además, hay quien dice: «Ya la República está en marcha, y, como es República, debemos gobernarla los republicanos». [Risas.] ¿Pero qué somos nosotros? ¿Es que porque somos socialistas no somos republicanos? Hace poco hacía referencia al primer punto de nuestro programa mínimo: supresión de la monarquía. Nosotros, por ser socialistas, somos republicanos; si es simplemente por el título de republicanos, tenemos el mismo derecho que puede tener otro cualquiera a gobernar el país. Pero hay quien dice: «No, no; ustedes son un partido de clase. Y como son un partido de clase, no pueden, no deben ustedes gobernar con los partidos republicanos». ¿Qué significa esta declaración? Porque nosotros no negamos que defendemos a la clase trabajadora principalmente, al mismo tiempo que defendemos los intereses generales del país. Pero esa declaración quiere decir que si nosotros somos defensores de los intereses de la clase obrera, ellos serán los defensores de los intereses de la clase burguesa. Si nosotros, por defender más principalmente los intereses proletarios, estamos incapacitados de gobernar los intereses proletarios, estamos incapacitados de gobernar los intereses del país, los del lado contrario estarán, a la inversa en la misma situación. Claro que no es ésa la realidad; la realidad es todo lo contrario, pues en un gobierno como el actual se hace una política de transacción. Pero ellos argumentan así: somos un partido de clase. ¿Qué quiere decir eso? ¿Es que a la clase obrera no se le va a permitir gobernar, siempre que lo haga con arreglo a la Constitución y a las leyes del país? ¿Es que se le repudia, por ser clase obrera, para la gobernación del Estado, si esta clase obrera procede con arreglo a la Constitución y a las leyes vigentes? ¡Ah!, esto es muy grave. ¿Es que vamos a volver otra vez a los partidos legales e ilegales, ya que no en la Constitución, en la práctica de cada día? A nuestro Partido, por ser partido obrero, partido de clase, como ellos dicen, ¿se le repudia para la gobernación del Estado, permitiéndolo la Constitución, permitiéndolo las leyes? ¿Adónde se le empuja? De una manera inconveniente, están haciendo una labor anarquizante que asombra. Nosotros vamos a la conquista del Poder. [Muy bien. Gran ovación.] Si vamos a la conquista del Poder, nuestro propósito es lograrlo según la Constitución nos lo permite, según las leyes del Estado nos lo consientan.