lunes, 28 de febrero de 2011

Los yanquis y la heroína afgana


Según el jefe del Servicio Federal ruso de Control de Drogas, Víctor Ivanov, la producción de heroína en Afganistán ha crecido 40 veces desde el año 2001. Si no recuerdo mal fue justo ese año cuando las tropas imperialistas yanquis ocuparon el país.

¿Casualidad? No, causalidad. ¡Los muy cabrones se están haciendo de oro controlando el mercado mundial de heroína! Y me temo que también controlan el tráfico de cocaína a través de Colombia, país que sufre una ocupación "suave", y que como todo el mundo sabe produce cantidades ingentes de cocaína de las que da buena cuenta la DEA.

¡Será tonto el Tío Sam!

Por cierto, ¿ustedes conocen a algún narco yanqui? ¿Han visto o leído en los medios la detención de algún gringo que se dedicará al tráfico de drogas a gran escala? ¿No hay peces gordos? ¿Todos son chicanos, negros...? ¿Otra casualidad? ¿No seremos tan mal pensados como para creer que el gran capo es el propio Estado?

Es curioso, me decía hace poco "un ruso" que en su país la heroína está muy barata. Según Víctor Ivanov, en Rusia se consume el 21% de la heroína del mundo y el 5% de todas las drogas derivadas del opio. Si los yanquis controlan Afganistán, y este país produce el 90% de la heroína que corre por las venas de la población mundial, no sería exagerado afirmar que los yanquis tienen a los rusos como sus mejores clientes. ¿Qué pensará de esto Gorbachov y sus secuaces? ¿No será éste otro efecto de la democratización de la totalitaria Unión Soviética?

Por cierto, ¿qué ocurrió en la España de la "transición" durante los años 70 y 80? ¿Qué le ocurrió al movimiento hippy antibelicista y anticapitalista en los EEUU? ¡Bingo! ¡Aparece de nuevo la heroina como animal de compañía!

Oigan, qué bien viene la droga en según qué épocas históricas. Mientras los padres se preocupan por el pobre desgraciado del camello de barrio, a los otros, a los verdaderos capos, les votan en las urnas o incluso les confían la defensa de su país.

Con información de RIA Novosti.

La tesis de Yezhov sobre la función de la policía

Es posible que Yezhov tuviera su propia agenda de purgas secundaria --aparte de la eliminación de los saboteadores económicos que él y Stalin creían que aún intentaban frustrar y "decapitar la revolución". Tales "saboteadores" eran los equivalentes, en la época de Stalin, a los antiguos empleados del servicio civil zarista que despiadadamente habían intentado asesinar la Revolución privando de comida a los ciudadanos rusos. En 1935, Yezhov comenzó a trabajar sobre un gran manuscrito teórico que Stalin aceptó revisar, titulado Del Faccionalismo a la Contrarrevolución Abierta. La tesis defendida aquí era que la oposición política invariablemente se convierte en terrorismo contrarrevolucionario, y por lo tanto resulta prioritario suprimirla. Historiadores generalmente parsimoniosos y empíricos en sus afirmaciones (que, como se ha explicado, son dictadas de manera habitualmente inconsciente por el paradigma dominante), como J. Arch Getty, se han precipitado a señalar que el contenido de este manuscrito era "indudablemente espantoso", sin haber visto nada o sólo una parte del mismo (op. cit., p. 59). La cuestión importante y válida de Getty, sin embargo, es que la posesión de una agenda de purgas personal por parte de Yezhov, junto a su papel como eliminador de los saboteadores económicos, no es ninguna contradicción. Se sabe que Yezhov se hallaba en posesión de uno de los archivos personales de Trotsky encontrados y confiscados durante la detención de I. M. Trusov, empleado de la Academia Comunista. La posesión de Yezhov puede indicar que sus intereses iban más allá de emplear “simplemente” al NKVD como una patrulla económica. Se trataría más bien de la utilización del NKVD como una “policía política”, lo cual encaja mejor con el paradigma totalitario. (Como antes se ha dicho, el paradigma totalitario ignora completamente lo que ahora parece haber sido la función económica prioritaria del NKVD como patrulla económica, y guarda silencio en cuanto a cuáles serían de hecho sus objetivos si ésta hubiera sido su función principal.)

Miembros de la primera sesión del Soviet Supremo; N. Yezhov (primero por la izda., sentado), se encuentra entre un grupo de diputados elegidos por el Yakut en 1938.


La tesis del manuscrito de Yezhov parece haber sido semejante a la teoría de King y Deutscher mencionada anteriormente, en cuanto a la necesidad que tienen los revolucionarios victoriosos de suprimir no sólo a los partidos de la oposición, sino a toda la oposición y la crítica mismas. Esto difiere claramente de hacer una campaña en favor de la detención de los directores de fábrica responsables de la mala gestión o del fracaso a la hora de realizar los proyectos económicos cuando podrían haberlos cumplido, o por injurias y abusos hacia los trabajadores. El maltrato a los trabajadores es una categoría de delitos diferente de los delitos de negligencia económica. Muchos occidentales consideran que los delitos de abuso hacia los trabajadores suponen grados de culpabilidad y castigo demasiado elevados, injustos, desagradables o "irrazonables", sobre todo si los gerentes acusados son disidentes políticos. La fuerza de esta reacción negativa depende exactamente de qué críticos y grupos disidentes sean sospechosos de cometer los mencionados delitos. Pero en este punto existe también una zona nebulosa, en la que los sabotajes y otros delitos económicos apolíticos definidos y demostrables se superponen aparentemente con actos y omisiones que llegan al sabotaje encubierto --o a la conspiración para cometerlo--, comprometido con las actividades de los enemigos del estado para minar a éste indirectamente, atacando sus programas económicos. En la jurisprudencia occidental moderna y en su conducción real de los procesos criminales, los cargos diferentes contra un acusado se presentan y conducen por separado. Las distinciones entre un delito y otro, sin embargo, no importa con cuánta claridad se establezcan en el proceso, son, en cualquier sistema de justicia criminal, siempre de menor importancia en la fase de investigación preliminar que precede al juicio. En esta primera etapa, el director de una fábrica podría ser detenido por las autoridades debido a su negligencia en lo que ha sido un único acto, pero que sin embargo posee implicaciones tanto económicas como políticas. Entonces el acto tiene en realidad una importancia dual, tal como el "fallo" en descubrir que los saboteadores arrestados que trabajaban bajo su dirección habían estado sustrayendo material valioso con el fin de financiar a una célula de conspiradores trotskistas.

La tesis de que el desacuerdo se convierte gradual e invariablemente en oposición y más tarde en terror contrarrevolucionario parece incorrecta tanto objetiva como moralmente --y éste es el punto crucial de la argumentación de King y Deutscher. King y Deutscher pueden no confundirse al pensar esto, pero, como se ha indicado antes, se equivocan objetivamente al creer que la necesidad de control político policial fue la razón principal del Gran Terror y de los Procesos. A continuación se demostrará que la tesis de Yezhov estaba lejos de ser irrazonable en el contexto de la historia y el sistema social de la Unión Soviética. King y Deutscher (paradigmistas totalitarios estrictos), así como J. Arch Getty y otros que han abandonado --o han sostenido sólo débilmente-- el paradigma totalitario, son inconscientes (o fingen ser inconscientes) del hecho de que algunas de las autoridades policiales más preeminentes y respetadas del mundo moderno también han creído en la tesis de Yezhov, y han aplicado medidas aún más duras --en democracias aparentemente pluralistas y liberales-- que las utilizadas por Yezhov en el sistema soviético: por ejemplo, J. Edgar Hoover y sus SACs (‘Special Agents in Charge of field offices’ o ‘Agentes Especiales a Cargo de departamentos especializados’) del FBI estadounidense.


Philip E. Panaggio: STALIN Y YEZHOV: UNA VISIÓN EXTRAPARADIGMÁTICA



La patrulla de Yezhov

Yezhov resultó sospechoso de "ir demasiado lejos" en las purgas, no sólo a ojos de los críticos occidentales sino también de sus propios compañeros A. Zhdanov, Molotov, el mismo Stalin y muchos otros miembros de la élite del Partido por aquel entonces. Esto ocurrió, sobre todo, cuando Yezhov estableció cuotas regionales para las purgas y para la condena de listas enteras de personas que habían sido detenidas y obligadas a someterse al veredicto de un tribunal militar. Estas listas a veces eran firmadas --condenando inmediatamente a todos los de la lista -- por Molotov con la aprobación de Stalin. Yezhov estaba decidido a liquidar completamente lo que creyó era una enorme red subterránea de oposicionistas: saboteadores, trotskistas, zinovievistas, espías alemanes y otros espías y saboteadores extranjeros, etc. Dijo abierta y francamente que se desharía de "toda la escoria que la revolución y la guerra civil han arrojado a los órganos de la seguridad estatal". Esta declaración concuerda completamente con las nuevas pruebas de archivo, así como con los análisis estadísticos mencionados anteriormente, en cuanto a los objetivos de Yezhov, refutando la visión ficticia de los paradigmistas totalitarios que afirman que los objetivos de las purgas fueron los enemigos personales de Stalin, los Viejos Bolcheviques, los camaradas derrotistas y no cooperativos, etc. Esta declaración manifiesta, clara y verídica de Yezhov ha sido completamente ignorada, porque no encaja bien en el paradigma dominante. En otra declaración paradigmáticamente ignorada, Stalin dijo: "Destruiremos a tales enemigos, aun si son viejos Bolcheviques". Nótese el "aun si" [el énfasis es mío], que adquiere un significado nuevo, claro y lógico a la luz de las nuevas pruebas. Éste es un caso en el que la aplicación y el empleo de la semántica más sutilmente interpretativa y sociolingüística habría sido saludable. Los Kremlinólogos siempre han empleado estos métodos para compensar una dolorosa escasez de hechos reales sobre lo que realmente ocurría tras el "Telón de Acero". Cada palabra en las declaraciones de los líderes soviéticos --hasta los adverbios, conjunciones y términos funcionales más aparentemente insignificantes, como "aun si"-- literalmente era exprimida para buscar cada matiz posible con la esperanza de que algunos hechos innegables salieran a la luz. No obstante, en el caso de esta declaración de Stalin, los Kremlinólogos han sido negligentes. El "aun si" fue eludido o ignorado porque tenerlo en cuenta habría generado hechos que irían en contra del paradigma dominante. El "aun si" podría conducir a la inferencia anti-paradigmática de que Stalin pudo haber tenido dudas al aceptar pruebas contra un Viejo Bolchevique. Léase otra vez la declaración con el énfasis sobre el "aun si" y sáquense las conclusiones pertinentes.

Stalin y Yezhov

El paradigma totalitario da una explicación coherente pero simplista (y una vez más ficticia) de por qué Stalin eligió a Yezhov para dirigir el NKVD, aunque la mayor parte de dicha explicación sea muy general. Se dice que Yezhov era "la marioneta perfecta", el Adulador ideal de Stalin que logró su gran oportunidad para demostrar lo que siempre había deseado y había luchado ávidamente por conseguir: el reconocimiento hacia su lealtad. O bien Yezhov es caricaturizado al estilo de Tsitriniak: como un homicida, un pistolero patológicamente compulsivo y fastidioso, como la caricatura folklórica breve pero vistosamente representada en la película Stalin, mencionada en la página cuatro de este ensayo. Éstas son personalidades creíbles, desde luego, pero una serie de nuevas pruebas dan paso a una imagen muy diferente, igualmente coherente y más detallada: Stalin eligió a Yezhov no por su excelencia como "asesino a sueldo", sino porque sabía que durante los muchos años que Yezhov había trabajado en el Partido, como dice Manning, "tendió a prestar atención a las quejas de los trabajadores contra los gerentes y a considerar los problemas económicos como muestras de sabotaje" (op. cit., p. 139). Esto era así porque Yezhov había sido obrero metalúrgico durante ocho años, desde la edad de catorce años. Esta industria era considerada la más radicalmente bolchevique y estajanovista. Las quejas del taller tenían, como afirma el historiador Robert Thurston, "una resonancia particular" con Yezhov (Stalinist Terror: New Perspectives [El Terror Estalinista: Nuevas Perspectivas], p. 159). Yezhov sabía por experiencia lo que significaba ser un trabajador --algo que no puede decirse de la mayoría de los teóricos occidentales que pontifican sobre la clase obrera.


Los estajanovistas eran una elite de los trabajadores soviéticos que emulaban el ejemplo de Aleksey Grigoriyevich Stajanov, que había roto las normas de producción del carbón en un solo turno (102 toneladas extraídas). Pero había mucho más en el estajanovismo que el mero establecimiento de récords de producción bruta. Los estajanovistas experimentaban con los nuevos modos de uso de la maquinaria y los nuevos métodos de aceleración de la producción. Un trabajador estajanovista podía recomendar a un gerente o capataz que se izara una bandera coloreada u otra señal en cada puesto de trabajo de una fábrica, de modo que si un trabajador se encontraba con que su instrumental se rompía o necesitaba ayuda, pudiera hacer saltar una "alarma" que indicara al gerente que debía presentar de inmediato un informe a la magistratura de daños laborales con el fin de lograr una acción correctiva. Muchos gerentes que habían sido oficiales del ejército Blanco en la Guerra Civil se sentían ofendidos por la idea de que un "subalterno" pudiera hacerlos saltar y correr.


Los efectos negativos del Estajanovismo sobre otros trabajadores "ordinarios", debido a la "tensión" supuestamente deletérea que sus métodos creaban, han sido comentados incesantemente por los escritores occidentales, apelando una vez más a su imaginación para compilar aspectos negativos sobre el antiguo sistema soviético. Pero las relaciones tensas que el Estajanovismo creó realmente entre trabajadores y gerentes, experimentadas y bien comprendidas por Yezhov, han merecido poca atención. Los estajanovistas, basándose exclusivamente en el mérito personal, llegaron a sustituir a numerosos gerentes ineficaces y sospechosos de fábricas, granjas, minas e industrias durante esta época. En el proyecto de Harvard de entrevistas a exiliados, que antes se mencionó elogiosamente por tener al menos el mérito de ser empírico, sólo apareció un caso de un estajanovista detenido por sabotaje: había despilfarrado los fondos sin orden ni concierto.


Cuando se aducen estos nuevos hechos, los paradigmistas totalitarios saltan desde su plataforma habitual de credulidad a una nueva ola de escepticismo. Esto ocurre porque las nuevas pruebas, imparcialmente examinadas, confirman el punto de vista de que Yezhov era la opción correcta para la dirección del NKVD, y de que fue escogido por motivos que están en desacuerdo con el paradigma dominante. Nuevas pruebas parecen indicar que el NKVD investigaba los problemas industriales y económicos siempre que las quejas "provinieran de abajo", p. ej. cuando las quejas de sabotaje u otros problemas eran expresadas por trabajadores que experimentaban la frustración, la oposición y el sabotaje por parte de los directores medios. La función primaria del NKVD era, por lo tanto, la de policía económica y no la de policía política, que habría sido un papel secundario. Los paradigmistas totalitarios han inflado el último papel, eclipsando y olvidando el primero. Lo anterior implica que los líderes nacionales de la Unión Soviética, como Stalin, Molotov, Kaganovich, Kalinin, Ordzhonikidze, Dzerzhinsky, Yezhov y otros eran sumamente sensibles a los intereses, demandas y críticas de los trabajadores. (Como demuestra el caso de Kovalev antes descrito, los funcionarios locales --sobre todo rurales-- a menudo no eran nada sensibles, sobre todo, lo cual no es sorprendente, si habían sido Blancos durante la Guerra Civil, y anteriormente --o en ese momento-- miembros de la Oposición). Ésta es una construcción coherente y con apoyatura empírica de la época del "Terror", una visión alternativa que los paradigmistas totalitarios tratan de ignorar. Como se ha mencionado antes en esta parte del ensayo, el paradigma que uno acepta y a través del cual ve el mundo determina en gran parte lo que uno "advierte" y no advierte. En este caso, se trata de la función original y primaria, anteriormente "inadvertida", del NKVD como árbitro en los problemas y conflictos de tipo industrial y económico.


El modo en que esta construcción alternativa del Terror (y del papel desempeñado por el NKVD) lleva a conclusiones contrarias a las opiniones ampliamente sostenidas por el paradigma dominante, puede ilustrarse mediante las sospechas propagadas por Valery Soyfer, Martin Gardner y otros acerca del agrobiólogo Trofim Lysenko. Estos autores acusaron a Lysenko de ser el responsable, como villano y verdugo virtual, de la muerte durante su confinamiento del etnobotánico y genetista de fama mundial N. Vavilov. Su conjetura se basa en que, aunque Lysenko no fuese miembro del Partido, había sido un estalinista leal que se codeaba con la elite del Partido. La sospecha es que Lysenko era un espía o informador secreto del NKVD. Esto tiene sentido dentro del folklore del paradigma dominante. Pero fuera del paradigma, a la luz de las nuevas pruebas, una especulación diferente tiene mucho más sentido. Se sabe que Vavilov era el rival principal de Lysenko por la preeminencia en la agricultura y la genética soviéticas. Lysenko era un defensor admirado y favorito de los campesinos y trabajadores corrientes, mientras Vavilov iba a remolque de un conocido séquito de intelectuales endiosados, cosmopolitas y aspirantes pequeñoburgueses al renombre científico internacional. Las quejas de "taller" habían llegado más a menudo y más libremente a Lysenko que a Vavilov. Esto colocaría a Lysenko en una nueva y legítima función social única en su tiempo y situación y desconocida en Occidente, como "abogado defensor" que atendía muchas más quejas de las que Vavilov podría haber atendido jamás, antes que como un Títere de Stalin, como el científico impostor que, por tener una formación auténtica y documentable en botánica, era un informador sumamente convincente del NKVD, "plantado" (no hay ningún juego de palabras intencional) en lo alto de las prestigiosas organizaciones cientificas soviéticas. Ahora se sabe que, durante este período, el NKVD se creó para atender las quejas de los trabajadores. No es probable que el NKVD hubiese ignorado los agravios reiteradamente escuchados por el mismo Lysenko, incluyendo las quejas que recibía sobre Vavilov por parte de sus estudiantes.


Sin el paradigma dominante, y a la luz de las nuevas pruebas, la construcción histórica razonable de estos acontecimientos acerca de Lysenko se alza sobre unos cimientos diferentes. La especulación todavía reinará, con o sin el paradigma dominante, hasta que los hechos concretos salgan a la luz y puedan demostrar quién era realmente Lysenko. Sería más fácil, por una cuestion lógica, demostrar que Lysenko era un espía del NKVD (lo que aún tiene que demostrarse) que probar que no lo era, porque lo primero podría lograrse consiguiendo una única muestra de pruebas escritas (si existieran y pudieran encontrarse). Sería mucho más difícil o imposible, por otro lado, demostrar la negación, i.e. que Lysenko no era un espía. Por ejemplo, ¿qué tipo de documento podría existir que "certificara" que un ciudadano soviético en particular no era un espía secreto del NKVD? (Lysenko y su trabajo científico se discutirán detalladamente en la parte II de este ensayo. Para leer un comentario sobre la teoría de Lysenko como agente del NKVD, acompañado por la mayor parte de pruebas incriminatorias y hechos documentables disponibles, junto con referencias copiosas, ver el ensayo Incriminating Circumstantial ‘Evidence’ Cited by Critics that Use This to Discredit the Scientist Lysenko’s Scientific Work [Pruebas Incriminatorias Circunstanciales Utilizadas por los Críticos para Desacreditar el Trabajo Científico del Académico Lysenko], de Jantsang [o Jan Sang]; ver Bibliografía añadida). No es probable que Lysenko fuera tanto un espía del NKVD como un canalizador social de las quejas llegadas "desde abajo", ni tampoco que pudiera considerarse como una especie de funcionario cuasi gubernamental, de una clase ausente en los sistemas sociales occidentales contemporáneos, ajenos a este auge del estajanovismo. Un espía probablemente no pondría en peligro su misión actuando simultáneamente como "soplón" y como “defensor de los trabajadores”. Si Lysenko hubiera desempeñado realmente estas dos funciones, más que un "topo" en las academias de ciencias parecería un “Ralph Nader proletario” implícitamente respaldado por las instancias más poderosas del gobierno soviético. Tengamos presente que los poderosos intereses que desearon que Ralph Nader "desapareciera" cuando enérgica y vigorosamente defendía los intereses de los consumidores no se referían a él como "abogado", sino más bien como "soplón", epíteto común aplicado a Lysenko por sus enemigos.


El momento del nombramiento de Yezhov tiene más sentido sin el paradigma dominante. El asesinato del supuesto "sucesor evidente" de Stalin, S. M. Kirov, el 1 de diciembre de 1934, se cita por lo general como el acontecimiento que provocó el nombramiento de Yezhov como director del NKVD y el comienzo del Gran Terror, como si hubiera saltado entonces la alarma que indicaba que los asesinos y saboteadores se hallaban dentro del Partido y que era necesario que el "mariscal Yezhov" tomara medidas contundentes. Una vez más, hay algo casi invariablemente trillado , melodramático y simplista en las explicaciones del paradigma totalitario, lo cual es una razón importante de su extenso atractivo y de la facilidad con que se conserva en la memoria (a este respecto, se parece mucho al folklore). Se sabe que Yezhov, disfrutando al principio de la plena confianza de Stalin, fue nombrado a petición personal de Stalin para encabezar una comisión del gobierno que debía supervisar el curso de la investigación del asesinato de Kirov en nombre del Politburó. Sin embargo, Yezhov no fue nombrado para el alto cargo de Comisario General de Seguridad Estatal de la URSS (cabeza del NKVD) hasta poco después del 25 de septiembre de 1936. Hay un largo intervalo de aproximadamente 21 meses tras la muerte de Kirov, seguramente demasiado tiempo para constituir una "respuesta de emergencia" al asesinato de Kirov. Los incidentes más inmediatos, que explican el nombramiento de Yezhov en una fecha tan tardía, fueron dos grandes accidentes mineros que ocurrieron en la primavera y el otoño de 1936. En el accidente de primavera, en mayo, una mina se derrumbó y los hombres de la mejor brigada estajanovista murieron enterrados. Seis gerentes fueron condenados por sabotaje, y el ayudante del director técnico de la mina fue declarado culpable y ejecutado. La caza de saboteadores existía no sólo desde antes del nombramiento de Yezhov, sino que había alcanzado su cenit en la prensa nacional casi al mismo tiempo en que Yehzov tomaba posesión de su cargo. Un antiguo estajanovista como Yezhov era la opción lógica y mejor, y no un pistolero paranoide, un obsesivo super-policía o un perverso equivalente marxista a un "McCarthista" americano, que habrían sido las opciones más probables si el asesinato de Kirov hubiera sido realmente la razón del nombramiento de Yezhov.


El asesinato de Kirov seguramente les habría recordado a Stalin y Yezhov los atentados contra Lenin y Uritsky y quiénes habían estado detrás de ellos. Pero las mentes de los defensores del paradigma totalitario parecen hallarse completamente abrumadas y ofuscadas por acontecimientos más extraordinarios y públicamente discutidos, como el asesinato de Kirov, como si éste hubiera sido un acontecimiento aislado. El paradigma totalitario examina los hechos aisladamente y de manera caprichosamente subjetiva. Como se ha dicho varias veces, deposita la mayor parte de su poder de convicción en el melodrama y la sencillez. Los paradigmas exitosos en las ciencias físicas tienen su propia clase única de sencillez "y drama", más a menudo perceptibles y apreciadas sólo por expertos entrenados y especialistas en el campo en que el paradigma es dominante. Los “adeptos” entrenados en estos campos se refieren a tales rasgos, en absoluto obvios para el inexperto, como aspectos estéticamente atractivos de una teoría. (Ver, por ejemplo, el libro del físico y Premio Nobel Steven Weinberg The First Three Minutes [Los Tres Primeros Minutos], Capítulo I, en el que se refiere al paradigma estéticamente atractivo dominante en la cosmología como "el modelo estándar ampliamente aceptado"). Por otra parte, la simplicidad y el drama --o la carencia de ellas-- inherentes a los paradigmas históricos son a menudo inmediatamente evidentes para cualquier profano inteligente, que puede considerarlos estéticamente satisfactorios o no, dependiendo, como siempre, de su "gusto", que también es relevante para evaluar la "belleza" de los paradigmas de la ciencia física.


La negligencia y el sabotaje en los mencionados incidentes mineros pesaron casi con tanta fuerza sobre los Viejos Bolcheviques y sus compañeros más jóvenes que los atentados contra Lenin y Uritsky. Esto fue así porque el sabotaje de las minas --tanto económico como humano-- les recordaba un capítulo entero de acontecimientos que los relatos históricos de la Revolución Bolchevique enmarcados en el paradigma totalitario consistentemente omiten, encubren, o reducen a la mínima expresión. En fecha tan temprana como noviembre de 1917, sólo unas semanas después del triunfo bolchevique, los funcionarios que habían sido miembros del servicio civil del Zar protagonizaron un boicot contra el nuevo régimen. Asimismo, alteraron activa y deliberadamente las cuentas, con el fin de ocultar alimentos. Se trataba de un esfuerzo para "derribar por el hambre" al nuevo gobierno, victimizando cruelmente a mujeres y niños tanto o más que a los soldados del Ejército Rojo. Estos funcionarios se negaron a acatar las órdenes del nuevo régimen. Los empleados del Ministerio de Alimentación se negaron a reconocer el poder y la autoridad de los Soviets y los Comisarios del Pueblo. Rechazaron entregar los registros de negocios y la correspondencia. Esto no era sabotaje, sino boicot, que puede considerarse como sabotaje manifiesto.


Mientras el nuevo gobierno y la temprana Cheka ganaban fuerza, desarmando a los ladrones comunes y arrestando a la clase media ("burguesa") formada por los boicoteadores del antiguo servicio civil cuya colaboración y veteranía eran requeridos de manera urgente por el nuevo régimen, los miembros de este grupo que ya habían sido condenados por los Tribunales Revolucionarios, o estaban bajo sospecha o eran acusados de cargos formales, se vieron obligados a huir al extranjero o pasar a la clandestinidad. En las mentes de Stalin y Yezhov, estos enemigos nunca desaparecieron realmente, como sugieren los incidentes mineros y muchos otros acontecimientos desconocidos --u omitidos-- por el paradigma totalitario. Los que evitaron la detención huyendo al extranjero iniciaron campañas de difamación, sin ningún tipo de inhibiciones y estridentemente exageradas, contra los funcionarios del gobierno que habían dejado atrás. Desde sus nuevos y seguros refugios, y contando con el patrocinio y las subvenciones extranjeras, dirigieron sus amargas calumnias, exageraciones y mentiras contra los nuevos líderes de Moscú y San Petersburgo, cuya racionalidad y buena voluntad nunca estuvieron en duda para muchos rusos y observadores extranjeros, incluso si sus objetivos y métodos eran discutidos --líderes como Lenin y Dzerzhinsky. Los enemigos del nuevo régimen que se vieron obligados a quedarse, o que desde el principio decidieron quedarse en el país, se ocultaron y se resignaron a actuar contra el nuevo régimen de manera encubierta y clandestina. Algunos solamente esperaban que llegara su oportunidad, fingiendo cooperar con los Soviets. Otros, tras haber luchado duramente por derrocar a los Soviets en la Guerra Civil, fingieron rendirse por fin. La mencionada indulgencia de los primeros bolcheviques, recordada por el mismo Lockhart, permitió a muchos de estos antiguos enemigos ostentar altos cargos bajo el gobierno de Stalin, como demuestra el caso de Kovalev.


Philip E. Panaggio: STALIN Y YEZHOV: UNA VISIÓN EXTRAPARADIGMÁTICA

Felicidad y obediencia humana

Lo que se ha dicho hasta aquí puede quedar más o menos claro para la mayoría de los especialistas y profanos, a pesar de los desacuerdos. Pero cuando surge la cuestión de imponer la obediencia humana como parte de lo que desdeñosamente se ha llamado "ergonomía" (una expresión acuñada por Roscoe Pound, botánico y sociólogo americano), la confusión y el misterio predominan. Esto es así, sobre todo, cuando la obediencia que se persigue no es la conducta de una persona "liberal", "republicana", "igualitaria", "humanitaria", "buena cristiana", etc. Los códigos y principios morales arcaicos, originados hace más de 3.500 años entre los pueblos pastores y agrícolas del mundo semítico, combaten el pensamiento claro y usurpan el ámbito de discusión. De este modo, surge en muchas personas una negación incontrolable de lo que el avance de las ciencias físicas ha hecho cada vez más obvio a nivel empírico: no sólo se puede obligar a los seres humanos a obedecer, sino que pueden ser entrenados u obligados a creer, recordar y sentir que son felices y libres, tanto individual como colectivamente, en un grado mucho mayor de lo que admite el pensamiento tradicional basado en los mencionados códigos. De hecho, parece que hacer "ingeniería humana" para que las personas tengan estos rasgos es un rompecabezas menor que, por ejemplo, descubrir cómo hacerlas más inteligentes o adaptadas. Este pensamiento incomoda a los intelectuales occidentales de la tradición judeocristiana, que sólo reconocen fácilmente la posibilidad de lograr que la gente sea más culta y más sana.

Las tradiciones inhibitorias mencionadas en el párrafo anterior encontraron continuidad en los aristotélicos medievales cristianos y rabínicos, como Santo Tomás de Aquino, Moisés Maimónides y los Talmudistas, en clérigos y filósofos cristianos como Descartes, pasando por la la Ilustración --que fue la principal corriente de pensamiento en el siglo XVIII en Europa-- hasta llegar al siglo actual. En contraste, una de las concepciones principales del punto de vista materialista y científico --un punto de vista que existió en el mundo clásico y apenas sobrevivió hasta que el Renacimiento lo hizo resurgir-- es que el pensamiento y el comportamiento humanos son el resultado de interacciones entre la herencia y el desarrollo neurológico bajo la influencia de situaciones ambientales determinantes. Esta idea está siendo ahora boicoteada y rabiosamente combatida por una nueva ola de cristianismo en América, y por la "policía del pensamiento" de la "corrección política" que inclina la balanza moral en los centros de estudios superiores. La cuestión de la influencia sobre el comportamiento humano --por muy vehementemente impugnada y rodeada de confusión que se halle-- será tratada al final de esta parte del ensayo (la Parte I). En vez de dar una respuesta final que sea satisfactoria para todos, se hará allí una presentación bastante provocativa de los puntos de vista ampliamente divergentes de cuatro conocidos pensadores occidentales no marxistas o pre-marxistas, que trataron este tema y dieron respuestas absolutamente incompatibles con la creencia convencional del cristianismo, el judaísmo y el humanismo actual, que considerarían sus respuestas como prácticamente tabúes. Algunos lectores ya sabrán que el más influyente de todos los pensadores precristianos de occidente, Platón, pensaba que no sólo es posible obligar a las personas a creer y obedecer, sino que se las puede obligar a ser buenas, una idea diametralmente opuesta a las ideas cristianas de "alma", "libre albedrío" y lo que se entiende por "un hombre bueno".

Philip E. Panaggio: STALIN Y YEZHOV: UNA VISIÓN EXTRAPARADIGMÁTICA

La Yezhovshchina y los delitos contra los subordinados

La coacción y la supresión de la crítica a la autoridad se han convertido cada vez más en un objetivo profesional e ingeniosamente perseguido por todos los estamentos del gobierno de los EEUU (en muchos casos a través del “asesoramiento jurídico”). Los viejos sindicatos americanos, desde los años 1950, han sido reorganizados para hacerse más pro-empresarios y pro-gubernamentales, de modo que ahora los trabajadores americanos tienen pocas opciones cuando sus jefes abusan de ellos, salvo que contraten los servicios de un abogado caro; e, incluso si lo hacen, afrontan todavía más desafíos y nuevos gastos. Los trabajadores americanos aún no tienen derechos laborales en estados "con derecho al trabajo" como Florida, donde pueden ser despedidos sin causa justificada. Incluso hay disponibles "servicios de asesoramiento" que se jactan del número de sindicatos de trabajadores que han disuelto. Los patrones que intimidan a sus empleados a menudo contratan tales servicios para impedir que los empleados se organicen en sindicatos. Mediante la eliminación de puestos de trabajo, estos trabajadores pueden ser obligados a trabajar en exceso y a doblar como segundo o tercer empleado. Muchos actos que eran delitos en el lugar de trabajo en la URSS durante la era de Stalin, como la "rudeza con los trabajadores", nunca han sido ilegales en ninguna parte de los EEUU. Sólo recientemente el acoso, la difamación racial y varios tipos de injurias han sido aprobados y establecidos como delitos, con una historia firme de precedentes para guiar a los jueces, pero pocas personas son conscientes de estos nuevos derechos o saben servirse de los adecuados recursos legales. Puede resultar caro hacerlo, porque no muchos abogados aceptarán tales casos en base a un arreglo de honorarios de contingencia. La supresión de la crítica, que no es lo mismo que la infracción del derecho de libre expresión, no aparece aún en los libros como delito en ninguna parte de los EEUU. Tradicionalmente, en EEUU los negocios privados han quedado libres de toda interferencia por parte del gobierno, permitiendo una total discreción a los directivos, los jefes superiores y los accionistas a la hora de echar de su empleo a los supervisores y gerentes menores, aunque existan numerosas quejas y denuncias por parte de los empleados para inducirles a actuar así, y por lo general más de un individuo haya archivado alguna queja. De más está decir que pocos empleados se quejan debido al miedo a perder sus empleos y/o al temor condicionado hacia la autoridad en general. Aquellos supervisores o gerentes menores que son despedidos buscan entonces un puesto similar en otra empresa o profesión. En el sistema estalinista, un caso de abuso a los subalternos como el anterior era cortado de raíz --o eso se buscaba: la condena del delincuente consistía en trabajar durante un tiempo cuando y donde se le dijera --y podía ser en un remoto Gulag. Su "libertad individual" para abusar de los empleados, socios o subordinados --incluso verbalmente-- era suprimida de inmediato.


Los americanos tienen dificultad para entender el delito soviético de “vreditel'stvo” o “sabotaje”. Se trataba de un delito extraordinario para unas circunstancias nuevas, pero los paradigmistas y propagandistas han logrado confundir a casi todo el mundo propagando la idea engañosa de que el sabotaje era un falso delito o un cargo impostado durante las Grandes Purgas, como excusa para que el NKVD detuviera a los enemigos personales y políticos de Stalin. El sistema soviético tenía una rama entera de su sistema judicial dedicada a la jurisdicción sobre éste y otros delitos relacionados. El "sabotaje" consistía en la mala gestión crónica del negocio o en la negligencia económica, lo que a menudo implicaba comportamientos tendentes a desmoralizar a los subordinados (del tipo mencionado en el párrafo anterior). El delito estaba acompañado por lo que la jurisprudencia occidental denomina mens rea o intencionalidad de delinquir. Que alguien deliberadamente permitiera los abusos era un cargo menor. Sin embargo, en todos los grados de este delito, al acusado se le imputaba un grado de responsabilidad y culpabilidad más alto de lo que muchos occidentales consideran "razonable". Tal "razonabilidad" es un artefacto cultural, sin embargo, y por lo tanto relativo, y no "objetivo" como piensan escritores como David Joravsky. (Compárese cuáles eran las "condiciones de trabajo razonables" durante el auge de la explotación del obrero americano con lo que los empleados consideran "razonable" hoy en día).


Cuando en la Unión Soviética un suministro de grano quedaba contaminado por el fango y la suciedad, el deseo de los funcionarios soviéticos de averiguar si alguien era culpable, y en qué medida la culpa podía ser distribuida, casi invariablemente ha sido caricaturizado en Occidente como la "búsqueda de chivos expiatorios" para un sistema económico y social que de todas formas no podía funcionar. Lo anterior nos exige creer que los burócratas soviéticos ya esperaban o sospechaban el fracaso inherente de su sistema, como si no creyeran en sus propios ideales y fueran conscientes de la necesidad de ir un paso por delante del inminente destino mediante una especie de exorcismo deshonesto, irracional y ritualista consistente en culpar a chivos expiatorios de ser los causantes de arruinar los proyectos.


Los Paradigmistas totalitarios están poco dispuestos a conceder que el Gran Terror tuviera cualquier clase de objetivo legítimo, o que de hecho llevase a cabo alguno, a pesar de casos como el de Kovalev que ahora han salido a luz. Si los métodos supuestamente crueles y represivos utilizados por Stalin y Yezhov fuesen tan obvia y notoriamente "inmorales" como los críticos occidentales afirman, entonces habría suficiente inmoralidad para una ingente cantidad de propaganda negativa. ¿Qué necesidad hay, pues, de dar también una falsa imagen de los fines u objetivos perseguidos como igualmente irracionales o perversos? (Cuando los que se adhieren a un paradigma saben [en algún nivel] que se equivocan, su resistencia a la contraprueba que refutaría su paradigma se hace cada vez más feroz.) ¿Por qué? Porque el paradigma resulta amenazado por casi cualquier buena intención existente entre los burócratas soviéticos de alto nivel. Los buenos gestos y las buenas acciones deben ser presentados como anomalías o estratagemas cínicas de poder. La idea de que un funcionario soviético provincial como Kovalev se encontrara en un problema muy serio y aun mortal con Moscú si no hacía caso de los informes sobre delitos cometidos en su jurisdicción, por ejemplo, sobre todo si actuaba así y llevaba un carnet del Partido Comunista, es el tipo de acontecimientos que las nuevas estadísticas y pruebas de archivo demuestran que fueron habituales, pese a todo. Las pruebas revelan que los funcionarios corruptos y los saboteadores encubiertos fueron el objetivo expreso de Yezhov, sobre todo si habían sido miembros de la oposición o Blancos durante la guerra civil post-revolucionaria, o si habían entrado en el Partido durante o después de la guerra civil. Estos falsos "comunistas" que habían entrado tardíamente fueron correctamente señalados como sospechosos. Los antiguos líderes Blancos derrotados necesitaban una defensa y un refugio --los que no pudieron sencillamente "desaparecer" en las entrañas de Manchuria, como hicieron muchos en el Extremo Oriente de la Unión Soviética al final de la guerra civil en 1923. Estos infiltrados en el Partido Comunista buscaron empleos y cargos en el Partido en áreas rurales situadas a miles de millas de Moscú. Sólo los más temerarios se atrevían a buscar empleo en aquella ciudad de ojos vigilantes o en sus alrededores inmediatos.


Los lectores americanos pueden estar familiarizados con los sentimientos amargos que prevalecieron en los antiguos Estados Confederados de América tras la derrota del Ejército Confederado en la Guerra Civil Estadounidense. Los estados derrotados del Sur, que se habían separado de la Unión, no sólo tuvieron que rendirse --lo cual para muchos de sus ciudadanos, después de tanto derramamiento de sangre, era al fin y al cabo deseable--, sino que también tuvieron que aceptar el nuevo ingreso en la Unión estado por estado. Algunos estados no fueron readmitidos hasta cinco años después de terminada la guerra, y sólo después de que la Unión hubiera establecido gobiernos militares para supervisarlos y reconstruirlos según los proyectos de los Republicanos Radicales del Norte. Estos gobiernos reconstruidos por el estado generalmente estaban controlados por personas negras recién emancipadas, por políticos oportunistas (los habitantes del Norte que habían ido al Sur por esta razón), y por ‘scalawags’ (colaboradores de los anteriores). Como es sabido, la mayoría de la población del Sur y muchas de sus organizaciones se opusieron a este sistema, y actuaron encubiertamente para desestabilizarlo, frustrarlo y sabotearlo, igual que los Blancos derrotados (no confundir con los blancos "raciales" del Sur estadounidense) harían después de la Guerra Civil Rusa, convirtiéndose a ojos de Yezhov en los sospechosos principales del sabotaje de la colectivización y otros programas comunistas. Las más notorias de estas organizaciones en el Sur estadounidense eran el Ku Klux Klan y los Caballeros de la Camelia Blanca. Utilizaban todos los métodos concebibles: fraude, intimidación, violencia encubierta, y la poco mencionada pero sumamente eficaz y cotidiana ‘obstaculización’ de la Oficina Freedmen –una operación análoga al sabotaje de los proyectos económicos soviéticos.


Durante la Reconstrucción de los EEUU en la posguerra civil, se planteó en el Congreso americano la amarga cuestión del grado de fuerza que debía utilizarse para obligar a obedecer a los nada cooperativos Estados derrotados. Se evitó el empleo del terror. La “obstaculización” no fue considerada como un delito. El presidente Lincoln evitó todo tipo de medidas excepto las más suaves, y ha sido criticado por ello hasta el día de hoy. Por consiguiente, la Reconstrucción del Sur fue un fracaso para la gente misma cuyos derechos, se suponía, habían estado en juego -- los antiguos esclavos negros del Sur. Una década después del final de la guerra, el Partido Demócrata, que era el partido que había defendido la esclavitud en el Viejo Sur, se hallaba en el poder en todos y cada uno de los antiguos estados Confederados, y había expulsado de sus cargos a todos los negros nombrados por el gobierno de la Unión. Las cosas habrían sido completamente diferentes si alguien como Yezhov y una organización policial parecida al NKVD hubiera dispuesto en aquel momento de mano libre para lograr la obediencia a las "Leyes Obligatorias" (como se llamaron en EEUU en aquel tiempo) y a los dictados despectivamente ignorados de la Oficina Freedmen. Aunque, como se indicó antes, las comparaciones históricas nunca son exactas, había poca diferencia en actitud y comportamiento entre las actitudes y acciones de un antiguo oficial Blanco del ejército de la Unión Soviética que se había unido al Partido Comunista en 1921 --con su oculto desprecio, indiferencia y oposición a Moscú y a los proyectos económicos del Partido Comunista--, y un teniente del ejercito Confederado al que se le ordenaba obedecer y mostrar respeto por un alcalde negro recién nombrado por la Oficina Freedmen para regir la ciudad natal del teniente y velar por su familia.


Muchos considerarán loable la indulgencia, piedad y lenidad de Lincoln, a diferencia de la meticulosidad despiadada de Yezhov, pero no se puede evitar la sospecha de que si en el Sur estadounidense hubieran estado en juego los derechos de un estimado y valorado grupo cristiano europeo, en vez de los derechos de los antiguos esclavos negros, Lincoln habría apoyado una acción mucho más contundente. La cuestión moral obviamente molesta en este asunto está en si realmente, y hasta qué grado, se puede forzar la obediencia humana, y a qué coste. El "coste" es evaluado generalmente a la luz de los valores e intereses predominantes. El valor o la estimación disfrutados por grupos cuyos intereses se verían perdidos, comprometidos o sacrificados por unas medidas draconianas es algo que Lincoln debió --al menos inconscientemente-- de haber sopesado en todo este asunto. Esto es lo que dejó la puerta abierta a las acusaciones de racismo contra él. La crítica se ha enfocado hacia la mayor preocupación que Lincoln manifestó abiertamente por conservar la Unión antes que por liberar a los negros o por salvaguardar sus derechos humanos. Se sabe que Lincoln emancipó a los negros principalmente como medida de guerra, i.e. para disponer de más soldados para la Unión, pero este hecho no es muy publicitado. Cuando Stalin hizo algo similar, por otra parte, tal medida fue criticada de manera vehemente y con el mayor cinismo.


Los problemas que Yezhov encontró para desenmascarar a los antiguos Blancos fueron debidos en parte a la gran indulgencia de Moscú, en los primeros años de Stalin, hacia los antiguos miembros de la oposición, una indulgencia mayor que la mostrada por el Congreso americano hacia los antiguos líderes confederados. Durante los primeros años de Stalin, se permitía que un antiguo oficial del ejército Blanco (como Kovalev en el caso anterior) llegara a ocupar cualquier puesto elevado en el gobierno o en el aparato del Partido, del que sus capacidades y disposiciones personales le hicieran merecedor. No ocurrió lo mismo en la posguerra civil de los EEUU, en la que, bajo el mandato del Presidente Andrew Johnson (que sustituyó a Lincoln, asesinado justo después de la rendición del Sur), el Congreso aprobó una legislación que prohibía a los antiguos líderes confederados desempeñar cualquier cargo público en los estados del Sur que, como se decía, estaban "en reconstrucción". El presidente Andrew Johnson, que vetó pero fue incapaz de detener dicha legislación, fue considerado, al igual que Lincoln, como un insuperable frustrador de las medidas fuertes de los Republicanos Radicales --las "Leyes Obligatorias". Johnson fue acusado de prevaricación, pero resultó absuelto por un margen de sólo un voto. El mismo Congreso que prohibió a los antiguos líderes Confederados desempeñar cualquier cargo público también desmontó el temprano trabajo de Reconstrucción de Lincoln, poniendo a los antiguos estados Confederados bajo control militar. Los Soviets nunca fueron tan lejos como el Congreso estadounidense en este capítulo vergonzoso y poco comentado de la historia americana. Quizás si Lenin y Stalin hubieran sido tan antiliberales y vengativos como esta mayoría de Miembros del Congreso estadounidense, y si hubieran seguido la misma política en vez de ser tan permisivos con los antiguos líderes Blancos, nunca habría habido necesidad de los Procesos, del Gran Terror, ni de un "Yezhov" del que se dijo, usando un juego de palabras sobre el significado de su nombre en ruso, que tenía a sus enemigos retorciéndose en un "Puño de Hierro" ("Yezhovye rukavitsy").


Philip E. Panaggio: STALIN Y YEZHOV: UNA VISIÓN EXTRAPARADIGMÁTICA

Un ejemplo específico de cómo Robert Conquest conquistó los hechos

¿Por qué "otros", i.e. quiénes eran los políticos no oposicionistas que fueron purgados? “Los Viejos Bolcheviques” es una respuesta incorrecta. "Los enemigos personales de Stalin" es una respuesta incorrecta. La respuesta del “experto” Tim Naftali en la CNN estaba equivocada. La respuesta correcta se halla ahora finalmente disponible. Esta respuesta contradice el paradigma totalitario y dice mucho acerca de la era de Stalin. Roberta Manning da un ejemplo específico en Stalinist Terror [El Terror Estalinista]. Se trata del caso del durante largo tiempo Secretario del Partido del Belyi Raion (distrito rural de Belyi), T. I. Kovalev, un caso bastante típico. Los funcionarios de Moscú habían recibido muchas quejas contra él por su comportamiento abusivo hacia sus subordinados en el trabajo. Este trato era el comportamiento habitual de los que habían sido educados en los métodos de "mando" de la Guerra Civil (i. e., el liderazgo ‘estilo matón’). Kovalev pertenecía al mencionado grupo que presentaba la incidencia más alta entre los purgados, un grupo que se puede denominar "la clase de 1912-1920". Él no era un “Viejo Bolchevique”, ni uno de los enemigos personales de Stalin. Menos de un año después de la Revolución Bolchevique, muchos anti-comunistas del antiguo ejército, conocidos como los “Blancos”, dirigidos por antiguos oficiales zaristas, se hicieron con el control de la mayor parte de Rusia desde el Río Volga al Océano Pacífico, e intentaron un asalto sobre Moscú para destruir la Revolución. La Guerra Civil había comenzado. Este ejército contaba con apoyo financiero internacional y con tropas de refuerzo desplegadas por los EEUU, Francia, Gran Bretaña y Japón, como se ha señalado anteriormente. El mando de dicho ejército era conocido por su trato autoritario y abusivo hacia los subordinados militares, por su tendencia a privar a los campesinos de su tierra, y por el durísimo trato hacia las minorías no rusas, sobre todo los judíos. Kovalev era un “graduado” típico de esta "escuela", que se puede denominar la “Escuela de los Viejos Opositores de la Guerra Civil” o “Viejos Blancos” quienes, junto con otros aliados de la oposición interna, se convirtieron numéricamente en el verdadero objetivo de la ulterior Yezhovshchina. Una vez que los Blancos fueron derrotados, Kovalev y otros de su índole entraron en la vida política soviética presentándose a sí mismos como comunistas, y muchos alcanzaron un alto rango económico y político dentro del Partido, como hizo Kovalev en Belyi. La burocracia rural soviética estaba plagada de tales individuos instalados en posiciones de mando, individuos que se habían rendido a los comunistas sólo de palabra, disfrazándose de comunistas --Blancos con caras Rojas.


Una de las quejas más serias contra Kovalev era que obligaba a los subordinados a falsificar la estadística de la cosecha amenazándoles con expulsarles del Partido. Contaba con el apoyo y patrocinio de la dirección del Oblast (región política más grande que el Raion). Los jefes del partido, que en esta región era un movimiento cuyas bases estaban formadas por subordinados sometidos en gran parte a la extorsión y el chantaje, hicieron poca cosa para tocar a Kovalev. Las quejas contra él llegaron finalmente a la Comisión de Control del Partido para Toda la Unión, atrayendo la atención de la hermana superviviente de Lenin, Mariya Ulyanova. (Esto ocurrió en 1936, en plena época de Stalin.) Ella envió cartas a los superiores de Kovalev, quienes no hicieron caso de las mismas porque, al igual que Kovalev, formaban parte de una enorme red de corrupción, estafa y protección mutua que implicaba a numerosos antiguos Blancos y frustraba cualquier acción correctiva. Finalmente, la Comisión de Control del Partido envió a un tal Golovashchenko como emisario a Belyi para investigar y contactar con los críticos de Kovalev. Este esfuerzo democráticamente animado por la burocracia de Moscú es muy diferente de la afirmación a menudo repetida de que Moscú, el Partido y los jefes de agricultura, como Trofim Lysenko, sólo estaban interesados en las falsas estadísticas de la cosecha, favorables en apariencia, lo que escritores occidentales como David Joravsky afirman que era una de las preocupaciones principales del régimen de Stalin, afirmación repetida prácticamente por todos los escritores occidentales y reformadores soviéticos desde la época de Jruschev. Cuando Golovashchenko llegó a Belyi, organizó una discusión libre y franca y un amplio debate que, al final, provocó la destitución de Kovalev. (Para más detalles, ver Manning, Roberta T., "Las Grandes Purgas en un distrito rural: Belyi Raion revisitado", en Stalinist Terror: New Perspectives [El Terror Estalinista: Nuevas Perspectivas], pp. 168-197. Este ensayo está escrito por un historiador occidental no marxista, que basa sus conclusiones en el material recién disponible así como en materiales de archivo inexplorados. Nótese el empleo "inconsciente" de la palabra "perspectivas" en el título del libro, como si hiciera alusión al hecho de que ha surgido una nueva perspectiva --un nuevo paradigma).


Este informe, basado en una estrecha revisión tanto de antiguas como de nuevas pruebas de archivo recién disponibles, debería compararse directamente con el breve informe de Conquest sobre el asunto de Kovalev en The Great Terror [El Gran Terror]. Conquest, que conocía en aquel tiempo algo del archivo de Smolensk, una de las fuentes que Manning calificó de "inexploradas", pero ningún material de la ‘post-glasnost’, presenta una construcción paradigmática totalitaria estrictamente "de arriba abajo" sobre lo que pasó en esta área provincial. Omitiendo e ignorando algunos hechos, careciendo del acceso a otros, y, por encima de todo, usando el paradigma para "ajustar" los hechos "desiguales", presenta una imagen impactante, satisfactoriamente simple y vívida (aunque ficticia). Según Conquest, Kovalev fue víctima del Gran Terror cuando éste barrió las remotas áreas rurales, "un histerismo de detenciones y acusaciones" que se apoderó de Belyi (Conquest, op. cit., p. 221). "Las llamadas al terror procedentes de arriba [sic]" se habían filtrado ahora desde la cima de la pirámide de poder en Moscú hasta Belyi, induciendo "este ánimo histérico de linchamiento en lo que había llegado a ser una sección importante de la organización inferior del Partido" (op. cit., pp. 221-222). Nótense las claras, categóricas, gráficas y hasta chillonas elecciones de palabras por parte de Conquest, como "histérico" y “ánimo de linchamiento". Uno sabe exactamente de qué está hablando: al estilo kafkiano, el espantoso brazo del Terror, violento, carente de principios y omniscientemente dirigido, se introdujo profundamente en Belyi para encontrar, barrer y liquidar a Kovalev y a otros.


Como hemos visto, la mayor parte de lo que este paradigma produce es simple, dramático y memorable. Conquest, naturalmente, no menciona a Golovashchenko por su nombre, sino que se refiere vagamente a “los enviados de Moscú”, cuyo objetivo al venir a Belyi, dice, era encontrar a "denunciantes que les suministraran 'pruebas' contra aquéllos a quienes deseaban destruir" (op. cit., p. 222). La cantidad de pruebas de archivo auténticas y documentables para la última afirmación de Conquest en cuanto al papel y al modus operandi de estos supuestos "enviados" del Terror es absolutamente inexistente. Estamos en el reino del paradigma puro y de la ficción pura. Ignorando ciertos hechos, remodelando otros, y haciendo ulteriores deducciones a partir únicamente del paradigma , Conquest asume que era fácil para estos misioneros despiadados de Moscú aterrorizar a los campesinos y a otras personas de modo que formulasen acusaciones ridículas e insoportables contra Kovalev, como la de que era un "trotskista". Conquest no hace ninguna mención de las acusaciones auténticas, documentables y silenciadas que habían sido presentadas contra Kovalev durante años, quejas respecto a sus abusos de poder (como las amenazas de revocar el privilegio de tener un carnet del Partido Comunista a los subordinados que no se sometieran a sus intereses), sus falsificaciones de los informes de producción, etc. No obstante, Conquest sigue con su método habitual al mencionar únicamente las acusaciones exageradas y difíciles de demostrar, que predeciblemente también fueron hechas por los campesinos que aprendieron a odiar a Kovalev por la prolongada "explotación" a que éste les había sometido, como las acusaciones de ser un "trotskista" o un desertor del Ejército Rojo. ¡Tan dura y obstinadamente realiza Conquest su trabajo sobre la única base del paradigma, ajustando y “revisando” los pocos hechos que conoce sobre el asunto, que incluso encuentra asombroso el hecho de que "uno de los acusadores más sofisticados de Kovalev dijo que había guardado silencio porque Kovalev, durante cuatro años, le había prohibido que hablara"! (op. cit., p 222). La explicación dentro de la cita entrecomillada de la última oración es del propio Conquest, que expresa su asombro por el supuesto absurdo de dicha declaración.


La "caja negra" en todo este asunto es el carácter de Kovalev, sus propios hechos pasados durante la Guerra Civil y sus secuelas, y sus abusos documentables como líder del Partido en Belyi durante la época de Stalin. Conquest no hace ninguna mención del papel fundamental de la hermana de Lenin en la purga final de Kovalev. Su empleo del paradigma para alterar los hechos hasta lograr una transformación a lo Jekyll y Hyde de Kovalev resulta sorprendente: de gángster cruel, violento, explotador y saboteador activo de los programas del gobierno, Kovalev se transforma en una víctima desvalida y desgraciada del torbellino de unos ideólogos paranoides. ¿Esto es historia, ficción, o propaganda pura? ¿O es una mezcla engañosa de las tres? ¿Estamos ante Gibbon o ante Robert Louis Stevenson? ¿Cuánto respeto y credibilidad deberíamos conceder al experto en la era de Stalin más extensamente leído y considerado en el mundo de habla inglesa, si sus métodos "históricos" son capaces de transformar a un Mr. Hyde --inicuo y apenas humano-- en un Doctor Jekyll --un modelo de racionalidad y humanidad? Una lectura atenta del relato de Conquest sobre el caso Kovalev debería haber despertado por sí misma la sospecha acerca de su veracidad. Después de tal lectura, uno legítimamente puede preguntarse: "¿Cómo era realmente el individuo Kovalev?". Conquest no proporciona ninguna información al respecto. Ésta es una omisión evidente para cualquier lector crítico que exija un mínimo de rigurosidad, pero el paradigma totalitario es asumido e invocado para rellenar este "hueco": Kovalev era un recorte de cartulina etiquetado con la palabra "víctima". Él era "cualquier víctima", ya se sabe, cualquier "símbolo" deshumanizado de la acusación injusta y del castigo inmerecido, alguien martirizado por tiranos sádicos y perversos. La misma formulación abstracta de esta clase de “argumentación y estudio histórico” es a menudo un signo revelador de que algún paradigma dominante ha pisoteado los hechos y la información auténticos.


Lejos de intentar eliminar a los Viejos Bolcheviques con los que Stalin "ya no podía trabajar más", las Grandes Purgas dirigidas por Yezhov implicaron nobles y abrumadores esfuerzos en un loable intento, como dice Manning, "de permitir una mayor participación ciudadana en el sistema político soviético, de limpiar la corrupción oficial, de combatir el alcoholismo, de animar las quejas ciudadanas contra el gobierno, y de mejorar el funcionamiento de la economía soviética". Los americanos más progresistas convendrían en que éstos son objetivos admirables, pero muchos funcionarios del gobierno americano tiemblan ante la mera idea de una búsqueda seria de tales reformas, aunque no tanto como Stalin y Yezhov enseñaron a temblar a gente como Kovalev y sus socios conspiradores.


Philip E. Panaggio: STALIN Y YEZHOV: UNA VISIÓN EXTRAPARADIGMÁTICA

La fabulosa purga de los viejos bolcheviques

Se ha señalado anteriormente que la comunicación entre los defensores de diferentes paradigmas mayores parece ocurrir a través de un abismo casi insuperable. Probablemente no exista mucho acuerdo entre los defensores de paradigmas diferentes de la sociedad soviética en cuanto a la credibilidad de las memorias de un viejo bolchevique, por ejemplo el libro Memorias de Molotov, ni entre un partidario del paradigma totalitario y un defensor de un paradigma marxista-leninista que defienda a Stalin, así que hay poco consenso entre paradigmas opuestos. Sin embargo, no es imposible examinar los hechos desde fuera de un paradigma. Esto es lo que ocurre de hecho entre los investigadores antes de que un paradigma dominante se convierta en una ciencia o disciplina madura. Si es posible intentarlo en el caso que nos ocupa, ¿qué muestran las “revelaciones” de la glasnost? Lo que éstas revelan es bastante embarazoso para la “creencia convencional” de los paradigmistas totalitarios, y resulta casi imposible de acomodar en dicha creencia. Veremos ejemplos específicos de estas revelaciones fastidiosas, después de un ejemplo de lo que el paradigma totalitario exigiría que “hubiera pasado” en cambio.


Es "un hecho aceptado" entre los abogados del paradigma totalitario que Stalin asignó a Yezhov su función dentro del Gran Terror principalmente para purgar a los "Viejos Bolcheviques", i.e., para eliminar a los compañeros que estuvieron con Stalin durante la Revolución Bolchevique de 1917. Parafraseando la cita antes mencionada de Tim Naftali al hablar sobre el “panel de expertos” de la CNN, Stalin se deshizo de los Viejos Bolcheviques con los que “ya no podía trabajar más”. Esta perspectiva es reiterada continuamente, como en The Great Purges [Las Grandes Purgas] de Deutscher. Este libro presenta una compleja comparación histórica, procedente de Trotsky, entre las Purgas y otros intentos históricos de facciones victoriosas para reprimir a los rivales y opositores políticos. Según Deutscher, "en la raíz de la lucha se halla la inseguridad del partido revolucionario --su temor a la contradicción contrarrevolucionaria, la controversia y la oposición. Habiendo aplastado a todos los demás partidos, los nuevos gobernantes encuentran que aún no han eliminado la contradicción y la oposición". Un fanatismo tan desequilibrado o enloquecido, atribuido por Deutscher a otros revolucionarios victoriosos del pasado como Robespierre, Cromwell y Lutero, es igualmente imputado a Stalin.


La idea original, tal como Trotsky la formuló, es que la Revolución Rusa, en fecha tan temprana como 1923, entró en una fase conservadora de "Termidor". Se trata de una comparación con las etapas de la Revolución Francesa, que fueron profundamente estudiadas y discutidas por Lenin, Trotsky, Stalin y otros Viejos Bolcheviques, así como por muchos intelectuales de la elite burocrática soviética. Termidor correspondía al mes de julio en el nuevo calendario instituido durante la Revolución francesa, que sustituía al Calendario Gregoriano de la Iglesia Católica. El 8 de Termidor, Año II (26 de julio de 1794 a.D.), los Clubs Jacobinos radicales, que se habían levantado durante la revolución para convertirse en los poderes dirigentes, liderados por Robespierre, Danton, Carnot y otros miembros del Comité de Salud Pública, fueron derrocados, terminando con ello la fase radical o “revolucionaria” de la agitación. Este Comité había liderado la revolución a través de su etapa más terrible, el “Reinado del Terror” o reinado de la guillotina, “que fue el que de hecho asumió el gobierno de Francia”. Durante este tiempo, los parisienses se acostumbraron al sonido de los carros moviéndose a diario pesadamente por las calles, llevando a la guillotina a montones de ”enemigos del Comité”. La comparación hecha por Trotsky y Deutscher señala que, al principio, sólo fueron decapitados los aristócratas, como María Antonieta, Reina de Francia. Pero entonces los Jacobinos extendieron sus detenciones a las provincias, arrestando y ejecutando a los miembros de las facciones revolucionarias más moderadas, como los Girondinos. El Reinado del Terror no se detuvo ahí, sino que fue todavía más lejos, con los Jacobinos deteniéndose después unos a otros, comenzando entre ellos una lucha por el poder que Trotsky y Deutscher comparan con la "facción" de Stalin, que utilizaba las Grandes Purgas para eliminar por completo a cualquier facción que pudiera formarse --o que ya se hubiera formado-- alrededor de Trotsky, Kirov, Kamenev, Zinoviev, Piatikov y otros Viejos Bolcheviques que ya habían sido barridos. En la fase (supuestamente) comparable de la Revolución francesa, Robespierre se salió con la suya al condenar a Danton, creyendo que Francia y la Revolución no estarían a salvo hasta que todos los enemigos dentro del país fueran eliminados. La comparación se establece aquí con los esfuerzos de Yezhov para eliminar a todos los "espías y fascistas" que operaban en secreto en la Unión Soviética y dentro del Partido Comunista con el fin de destruir la Revolución Bolchevique. Igual que las Grandes Purgas, según Trotsky y Deutscher el Reinado del Terror en Francia no fue realizado por el bien de la población, sino como un método extremo de control político en el que no sólo los partidos rivales, sino "la contradicción, la controversia y la oposición" mismas (en palabras de Deutscher) quisieron ser eliminadas de cuajo. La Convención Nacional Francesa finalmente se volvió contra el propio Robespierre, declarándolo proscrito. Mientras Robespierre forcejeaba durante su detención, la mitad de su mandíbula resultó destrozada de un disparo y en este estado horrible, con la cabeza vendada y sangrante, fue llevado a su juicio y posterior ejecución. Su brillante y conmovedora capacidad oratoria, agudizada por una educación exquisita, la práctica de la ley y una abundante actividad prerrevolucionaria como exponente entusiástico de Jean Jacques Rousseau, le resultó completamente inútil. El paralelo con este clímax dramático en las purgas de Stalin, se supone, es la ejecución final del mismo Yezhov, "el represor reprimido".


Una remota semejanza se perfila aquí: después de la Revolución Bolchevique, un grupo de moderados (desde el punto de vista de Trotsky) finalmente tomó el poder, liderados por Stalin --quien, según Deutscher, Conquest, Naftali et. al., más bien eliminó exitosamente a toda la oposición. Trotsky creyó que, de esta manera, Stalin había logrado llevar a cabo la “disolución” de la Revolución Bolchevique, del mismo modo que Napoleón Bonaparte había disuelto la Revolución Francesa tras su regreso de Egipto al convertirse en emperador de Francia y al dotar a ésta de un gobierno central aún más fuerte. Es significativo que, desde el punto de vista del occidente no comunista, estas comparaciones tuvieran su origen en Trotsky, que se hallaba exiliado durante las Grandes Purgas y no era más testigo ocular que Conquest, King o Deutscher. Muchos historiadores han sospechado que el mismo Trotsky tenía un “complejo napoleónico”.


Estas comparaciones históricas tienen un gran atractivo para los estudiosos de la historia, los hombres de letras y los lectores inteligentes de todas clases. Pero ¿son correctas? Pueden señalarse varios defectos, pero la objeción lógica principal se retrotrae finalmente a un conflicto de paradigmas. El guión propuesto por Trotsky y Deutscher sobre la fase de Termidor de la Revolución francesa es básicamente correcto, aunque la reputación malvada y sangrienta imputada mediante un típico "reflejo rotular" paradigmático a Robespierre --que, se supone, arroja también su sombra maligna sobre Yezhov y Stalin-- es totalmente inmerecida. Justo antes de su propia detención, Robespierre envió un brillante discurso a la Convención Nacional Francesa acerca del cese de las ejecuciones masivas. Este hecho es importante: parece que fue este discurso el que motivó su detención, porque pedía el castigo de varios diputados de la Convención sin nombrarlos, despertando así su temor hacia él. Del mismo modo, habría existido un paralelismo histórico mejor si los Girondinos (facción mas moderada de la Revolución Francesa que los Jacobinos de Robespierre) hubieran llevado a cabo su propio Reinado del Terror sobre los radicales Jacobinos, porque el punto central de la comparación de Trotsky es que Stalin y su facción habían abandonado y traicionado el fervor revolucionario de la “izquierda” liderada por el propio Trotsky. La comparación también sería más exacta si Napoleón hubiera llegado antes en la Revolución Francesa y hubiera orquestado en persona la ejecución de las víctimas del Reinado del Terror, utilizando a un "Yezhov/Robespierre" como marioneta. Pero el problema no es el fracaso a la hora de establecer un paralelismo estrecho. Las comparaciones históricas no son nunca totalmente exactas, y por lo general se hacen con el objetivo prioritario de mantener un paradigma dominante. El problema es que estas comparaciones son fracasos empíricos porque están basadas en el paradigma totalitario, y no en la nueva evidencia real disponible desde la ‘glasnost’ sobre los que fueron realmente purgados durante la Yezhovshchina. Veremos a continuación que los objetivos de las Purgas no fueron en absoluto los Viejos Bolcheviques, como exigen el paradigma y la “creencia convencional” de los Kremlinólogos.


El atractivo de la comparación tiene mucho que ver con la popularidad de Trotsky entre los intelectuales de Occidente --y la carencia de popularidad de Stalin. Los escritos de Trotsky --y a veces los simples títulos de sus libros-- a menudo son descritos como "elocuentes". (Contrástese con la caracterización antedicha de King de los "bruscos monosílabos" de Stalin). La fascinación de Occidente hacia Trotsky tiene mucho que ver con su imagen de héroe trágico, en última instancia destruido por las consecuencias de los pasos que había aceptado como necesarios en la búsqueda de ideales o de grandeza (como Rubashov en Darkness at Noon [Cero y el Infinito] de Koestler). La indecisión intelectual de Trotsky, tanto durante como después de la revolución de 1917, igualmente aparece ante muchos occidentales cultos como auténticamente hamletiana. Trotsky permaneció indeciso durante muchas semanas, poco dispuesto a atacar al Gobierno Provisional, a diferencia de un Lenin dinámico y agresivo. Otra vez, en 1927, Trotsky esperó demasiado tiempo cuando abiertamente podía haber atacado a su rival Stalin, i.e. cuando podía haber intentado formar una fuerte alianza con Zinoviev y Kamenev contra Stalin. Stalin a menudo es presentado como la némesis de Trotsky, cuando en realidad la mayor animosidad personal existía no entre Trotsky y Stalin, sino entre Trotsky y Zinoviev. La animosidad hacia Stalin es vista a veces como el “defecto trágico” de Trotsky.


El 21 de enero de 1924, Lenin, líder y fundador del Partido, falleció. Los enemigos declarados de la Unión Soviética aprovecharon la enfermedad de Lenin y luego su muerte para tratar de desviar al Partido del camino propuesto por Lenin, y así preparar el terreno para la restauración del capitalismo. El principal adalid de estos ataques contra el bolchevismo era Trotsky (Lev Davidovich Bronstein). León Trotsky, que decía ser un revolucionario marxista, disfrutaba del apoyo de prominentes familias bancarias occidentales. Gracias principalmente a Trotsky y a sus agentes, los negocios de Wall Street invirtieron dinero en Rusia con el objetivo de financiar futuros levantamientos contrarrevolucionarios y rebeliones de disidentes prometedores. Las élites capitalistas también esperaban que el "ultraizquierdismo" de Trotsky arruinara tanto a la Unión Soviética desde dentro, que el capitalismo pudiera ser fácilmente restaurado. El biógrafo del presidente estadounidense Woodrow Wilson, J.C. Wise, escribió: "Los historiadores nunca deben olvidar que Woodrow Wilson hizo todo lo posible para que León Trotsky entrara en Rusia con pasaporte americano".


Trotsky no fue nunca popular entre los miembros del Partido Bolchevique, que le veían como un oportunista. El colapso del régimen del Zar en marzo de 1917 encontró a Trotsky en la Ciudad de Nueva York. ¡A su vuelta a Rusia fue detenido por las autoridades canadienses, que sólo le permitieron proseguir su viaje tras la intervención del Gobierno Británico! Bruce Lockhart, en sus memorias, dijo que el Servicio de Inteligencia británico creía que Trotsky les sería de más utilidad en Rusia. Trotsky, al principio, intentó establecer un grupo revolucionario propio, pero al darse cuenta de que el Partido Bolchevique de Lenin contaba con un fuerte apoyo entre las masas, dio un salto mortal político sensacional. ¡Tras muchos años de oposición a Lenin, Trotsky solicitó su ingreso en el Partido Bolchevique!

Tras su exilio de la Rusia Soviética en 1929, elementos antisoviéticos crearon por todo el mundo una imagen mítica del nombre y de la personalidad de León Trotsky. Según este cuento de hadas, Trotsky era “el excepcional Líder Bolchevique de la Revolución Rusa” y el “inspirador, el compañero de trabajo más cercano y el sucesor lógico de Lenin”. Ahora, en los años 1990, con el derrumbe de la Unión Soviética, los historiadores del establishment occidental ya no tienen que promover por más tiempo esta ficción. Ahora admiten abiertamente que Trotsky era un oportunista, y que en realidad se opuso con todas sus fuerzas a Lenin. Ahora nos dicen que Trotsky preparó "toda clase de mentiras y verdades a medias sobre su relación con Lenin y sobre la relación de Lenin con Stalin". "Su versión de los acontecimientos fue reforzada por la aduladora biografía de Trotsky en tres volúmenes escrita por Deutscher, que se apoyaba sobre una evidencia documental muy inestable. No obstante, hay indicaciones fiables de que, excepto en los cuatro últimos meses de vida consciente de Lenin, antes de marzo de 1923, cuando sufrió el golpe final de debilidad que le hizo perder la facultad del habla, Lenin estaba al lado de Stalin, tenía fe en su juicio y le confiaba cada vez mayores responsabilidades. Al mismo tiempo, no hay ninguna indicación en las fuentes de que alguna vez se preocupara personalmente por Trotsky" (Three Whys of the Russian Revolution [Tres Porqués de la Revolución Rusa], Richard Pipes).


A lo largo de los años 1930, los países capitalistas occidentales aceleraron sus operaciones, tanto secretas como abiertas, contra la Unión Soviética. La Gran Depresión, con el apoyo creciente de las masas a los movimientos comunistas y obreros en las naciones de Europa, incitó a los gobiernos occidentales a apoyar numerosas tentativas encubiertas de causar estragos en la Unión Soviética. Además, para esta guerra secreta confiaron en las redes establecidas por León Trotsky, que había sido deportado de la URSS en 1929 por sus actividades contrarrevolucionarias. Estableciendo su oficina central fuera de Rusia, Trotsky disfrutó del patrocinio de varios gobiernos capitalistas, de agentes de varios Servicios de Inteligencia y de toda clase de elementos antisoviéticos.


Winston Churchill, portavoz de los círculos dirigentes angloamericanos, inmediatamente se dio cuenta del valor de Trotsky para la cruzada mundial antisoviética. Resumiendo el objetivo de todas las acciones de Trotsky a partir del momento en que abandonó la Unión Soviética, Churchill escribió en Great Contemporaries [Grandes Contemporáneos]: "Trotsky se esfuerza por reunir a todo el hampa de Europa para derrocar al Ejército ruso", preludio necesario a un ataque militar occidental sobre la URSS.


Los intelectuales occidentales del siglo XX, especialmente los profesionales académicos, han mostrado mucho más respeto por el libresco, miope y dispéptico Trotsky, encarnación de Hamlet, que por el áspero Stalin, es decir, por un fuerte hombre de montaña que se crió en su niñez a base de una dieta de cordero y vino, y que fue medio saqueador, medio patriota --una especie de Robin Hood georgiano antizarista-- en su juventud. Estos intelectuales se sienten poco dispuestos a confiar en el gobierno de alguien que una vez asaltó las caravanas del Zar para repartir los despojos entre los campesinos. No creen que semejante hombre pueda llegar a dirigir un gobierno realmente justo y racional, sobre todo si sus métodos políticos siguen pareciéndose de algún modo a sus antiguos y temibles hechos. Muchos consideran que esta clase de hechos son justificables o legítimos sólo en períodos revolucionarios, pero no en un régimen en curso --si es que los encuentran justificables en absoluto. En última instancia se sienten incómodos con alguien que no fue "designado por Dios", como eran proclamados los mismos Zares. Muchos, con toda probabilidad, nunca considerarían justificable ningún acto de rebelión abierta contra la autoridad legal de ningún gobierno, de no ser por el considerable éxito que los Estados Unidos han logrado desde su propia Revolución americana. Reconocen que los EEUU han tenido parcialmente éxito al realizar muchos ideales democráticos deseables, durante los dos siglos que comenzaron con una rebelión ilegal contra el Rey de Inglaterra iniciada por los miembros de una Logia Masónica. (Esto implica que "el fin justifica los medios", la clase de idea que por lo general tratan de evitar). El mismo Stalin era consciente de la diferencia entre él y Trotsky, y le gustaba compararse a sí mismo con su camarada revolucionario Yakov Sverdlov, a quien caracterizaba como "un anarquista intelectual", mientras él se veía como "un campesino por nacimiento". Según los numerosos parientes georgianos de Stalin, éste no creyó que alguien como Sverdlov (o Trotsky) pudiera realmente saber alguna vez lo que debía ser un hombre libre que no podía tolerar la esclavitud o la servidumbre. En el colegio de abogados de San Petersburgo, se sabe que los georgianos se hallaban entre los más radicales.


¿Hasta qué punto la presunta Gran Purga de los Viejos Bolcheviques se mantiene en pie sobre pruebas empíricas? La respuesta es simple: ¡se cae! Basándose en el material de archivo recientemente disponible, J. Arch Getty, William Chase, Roberta Manning y otros historiadores han realizados análisis interpretativos estadísticos de las víctimas de la Yezhovshchina, como el análisis de Getty y Manning de 898 miembros de la elite burocrática soviética que ocupaban posiciones de poder en 1936 (el inicio de la Yezhovshchina), y el estudio de Manning del número de miembros del Partido expulsados en el Belyi Raion (distrito de Belyi) de la Unión Soviética. Se han utilizado métodos científicos estadísticos modernos para evitar, o al menos reducir al mínimo, la influencia de ideas preconcebidas. En otras palabras, la nueva riqueza de pruebas sobre las víctimas de la Purga ha sido examinada desde fuera de todo paradigma en la medida de lo posible. Los métodos estadísticos empleados fueron la formación de tablas de contingencia, el análisis multicelular, y el modelado logit.


Este autor ha trabajado profesionalmente en la estadística, y recuerda el chiste despectivo de que “un estadístico es alguien que puede meter su mano derecha en un cubo de hielo, su mano izquierda en un pote de agua hirviendo, y declarar a continuación: ‘Como promedio, me siento bastante bien’ ". Éste, desde luego, es un mal empleo de la idea de promedio (aritmético), ya que la media aritmética de las dos temperaturas, en este caso, no tiene ningún significado físico real para lo que el torturado estadístico experimenta. Pero el chiste da voz a una sana desconfianza hacia la estadística, de la que se abusa con demasiada facilidad. Algunos abusos demuestran una profunda perspicacia y un buen conocimiento matemático, pero, en general, una revisión estadística realizada mediante métodos modernos, como los usados por Getty y Chase, es con mucho preferible al impresionismo desenfrenado y a la cita de excepciones sobresalientes a la regla que ha prevalecido en la Kremlinología hasta el día de hoy.


Francis Galton (n. 1822), primo de Charles Darwin, que ejerció su práctica en los primeros tiempos del uso de la estadística, escribió que “...los que no están acostumbrados a las preguntas originales muestran odio y horror hacia la estadística. No pueden soportar la idea de que sus impresiones sagradas sean sometidas a una fría verificación. Pero el triunfo de los hombres científicos consiste en elevarse por encima de tales supersticiones, inventar pruebas mediante las cuales el valor de una creencia pueda ser averiguado, y sentirse lo bastante amos de sí mismos para descartar con desprecio todo lo que se descubra falso”. ¿Por qué "con desprecio"? Porque un científico reacciona de manera muy diferente a la mayoría de las demás personas cuando encuentra un error. El científico se resiente realmente ante el error y la falsedad. Este sentimiento es una pasión dominante en él. Un buen ejemplo puede encontrarse en The Quark and the Jaguar [El Quark y el Jaguar], escrito por el físico Murray Gell-Mann, ganador del Premio Nobel. En esta obra Gell-Mann dice que, cuando encuentra un error en la primera página de un libro que ha comenzado a leer, está dispuesto a abandonar sin más el libro y no volver a leerlo, preguntándose si hay algo que pueda aprender realmente de este autor en particular. Alguien que se considere un erudito racional, "moderado" y "con un acercamiento equilibrado" a los asuntos intelectuales, y que no reaccione tan vehementemente como Gell-Mann, ciertamente puede ser tan "moderado" y "equilibrado" como él cree, pero no puede contarse entre quienes se hallan realmente imbuidos por el espíritu científico.


¿Qué "impresiones sagradas" deben ser "descartadas con desprecio" tras las tentativas de "fría verificación?" Getty y Manning encontraron que, tomando como grupo de muestra a los mencionados 898 miembros de la elite soviética, 427 miembros o el 47.6 % fueron purgados. Según el paradigma totalitario, la mayoría (al menos el 50.1 %) de estos 427 sujetos deberían haber sido "Viejos Bolcheviques", i.e. los antiguos revolucionarios que protagonizaron la Revolución de 1917 junto con Lenin, Trotsky, Stalin, etc. Aquí el paradigma resulta completamente derrotado, pues ni el estudio de Getty, ni el de Chase, ni el de Manning, mostraron lo anterior. Citando a Manning: "Contrariamente a la creencia popular, los Viejos Bolcheviques de la cosecha prerrevolucionaria no parecen haber sido el objetivo principal de las Grandes Purgas..."


¿Quiénes fueron principalmente los expulsados del Partido o “purgados”? Los resultados de Manning muestran que fueron "los miembros locales del Partido que habían entrado (en el Partido) durante la Nueva Política Económica (NEP) de 1921-1927". La Nueva Política Económica supuso, en 1921, la marcha atrás del Partido Comunista respecto a su anterior política de socialismo doctrinario centralizado, que había sido propuesta en las "21 condiciones" de Lenin en la III Internacional o Comintern. La NEP permitió la libertad de comercio, el estímulo a los capitalistas extranjeros, la propiedad privada y otros rasgos económicos que habían sido suprimidos por la Revolución, permitiendo así poner en práctica el programa de Lenin de aceptar las empresas o negocios privados bajo el control del Gobierno Proletario. Manning continúa diciendo: "Pero el impacto de las purgas cayó más pesadamente sobre los comunistas que habían entrado en el partido durante la Guerra Civil". Este hecho ya fue señalado hace décadas por Jruschev en su muy difundido "discurso secreto" al XX Congreso del Partido, pero ha sido completamente ignorado hasta el día de hoy, ya que no se ajusta bien al paradigma dominante. Éste es un buen ejemplo de cómo un paradigma firmemente enraizado y compartido tiene prioridad sobre algo que todos debían haber advertido mucho antes. Según Getty y Manning, existe "poco apoyo para la aserción de Conquest de que había ‘un plan para destruir a los Viejos Bolcheviques’ o para la declaración de Armstrong de que ‘la Gran Purga prácticamente eliminó del aparato a los Viejos Bolcheviques, que habían entrado en el Partido antes de la Revolución’ ".


Entonces, según estos análisis más científicos realizados en base a una mayor cantidad de pruebas empíricas, ¿quiénes corrían peligro de ser purgados? El "perfil" estadístico de un miembro del grupo de riesgo resulta ser el de alguien nacido en el pueblo, a diferencia de los nacidos en la ciudad; no demasiado culto, pero lo bastante culto para haber ascendido a alguna posición burocrática o a un rango elevado dentro de un cierto campo, sobre todo técnico o militar; miembro del Partido, a diferencia de los simpatizantes independientes (muchos fervientes bolcheviques y partidarios de Stalin, como el agrobiólogo Trofim Lysenko, eran independientes); y que hubiera participado de algún modo en la revolución, pero más tarde se hubiera unido a la Oposición. Más en concreto, quien tenía más probabilidades de ser purgado era un campesino que se hubiera unido al Partido en 1912-1920, y que fuera especialista militar y miembro de la Oposición. Según Getty y Manning, "el hallazgo más asombroso (de su estudio) es que los miembros de la elite de la intelligentsia que trabajaban en actividades intelectuales-artísticas-científicas en 1936 eran los que estaban más a salvo de las detenciones". Esto contradice la afirmación de Roy Medvedev, por ejemplo, de que la profesión diplomática y sobre todo la Comisaría de Asuntos Exteriores fueron ferozmente “purgadas”. El estudio también contradice las “historias” escritas por Zhores, hermano de Roy, y por el infatigable David Joravsky de la Universidad de Harvard, que han presentado extensos estudios sobre las presuntas purgas de la intelligentsia en los campos artístico y científico, como la genética bajo Lysenko. Contrariamente a lo que afirman Zh. Medvedev y Joravsky, un miembro de este grupo --un poeta, un dramaturgo, un cosmólogo, un químico-- se hallaba más a salvo de la detención. Este hecho choca con la versión orwelliana del paradigma totalitario de la sociedad estalinista, en el que toda la creación científica y artística es escudriñada minuciosamente y censurada por la policía de pensamiento del “Gran Hermano", el NKVD.


No cabe duda de que había muchos Viejos Bolcheviques entre los purgados en la muestra de Getty y Manning de los miembros de la elite soviética. Como se ha señalado mas arriba, de los 898 sujetos de la muestra, el 47.6 % fueron purgados. Pero sólo el 31% aproximadamente de todos los Viejos Bolcheviques fueron afectados por las purgas. "Estadísticamente, ser un Viejo Bolchevique no estaba relacionado con la vulnerabilidad al terror" (Getty y Manning, op. cit., p. 237). Según estos analistas, "los Viejos Bolcheviques de la muestra actual no sufrieron porque fueran Viejos Bolcheviques, sino porque tenían posiciones prominentes dentro del Partido y de la elite económica y militar", posiciones a las que sin duda habían ascendido en parte por ser Viejos Bolcheviques. Esto es bastante diferente de lo que los paradigmistas totalitarios han estado afirmando hasta ahora. Getty y Manning siguen diciendo que "los Viejos Bolcheviques se hallaban entre las víctimas debido al puesto en que trabajaban, y no porque fueran Viejos Bolcheviques". Si uno quería estar a salvo durante la Yezhovshchina, le ayudaba mucho ser "un intelectual apolítico urbano de clase media o alta que había recibido una enseñanza superior antes de la revolución, y que evitaba el trabajo político, económico o administrativo.... Estadísticamente, ésta fue una purga de políticos --oposicionistas u otros".


Philip E. Panaggio: STALIN Y YEZHOV: UNA VISIÓN EXTRAPARADIGMÁTICA