
Sobre el tipo en sí hay poco que añadir. Cierto, llena salas a base de chistes, gestos de genio neurótico, comentarios brillantes que pretenden explicar las culturas a través de los retretes... en fin, todo eso atrae al gentío. Si bien lo importante para nosotros es que se dice comunista, pero hay dos puntos que nunca faltan en sus discursos: 1) la defensa de la democracia liberal como el mejor modelo que jamás ha existido y 2) su crítica al comunismo (el que existió, no el que se inventa el personal a su gusto) como un sistema totalitario similar al fascismo, algo horrible que no debió suceder y que no debe repetirse. Estos dos puntos le facilitan entrevistas en grandes canales de televisión, precisamente porque se encarga de difamar al comunismo y alabar a la democracia liberal. Ciertamente hay asuntos incomprensibles, por ejemplo que a Carrillo le homenajeen los del PSOE, que Gorbachov celebre su cumpleaños en Londres y por todo lo alto en un sarao organizado por la burguesía o que un comunista como Zizek sea tan promocionado por los medios de comunicación cuyos dueños son los mismos que siempre han difamado, perseguido, encarcelado y asesinado a los comunistas.
Bien, pues en el documental hace un comentario que visto desde la situación actual nos permite entender hasta qué punto la sociedad socialista era superior al estercolero capitalista en que vivimos hoy, naturalmente en cuanto a nuestros intereses se refiere. Este es:
"Dios mío, yo estaba desempleado. Estaba humillado. Yo tenía 27 años, y mis padres me apoyaban, Dios mío. Entonces por dos años, tomé un trabajo humillante en el Comité Central. Ellos sabía que yo no era un idiota y que yo probablemente tendría éxito. Así que ellos simplemente tuvieron miedo y me enviaron al extranjero y tuve éxito allí. Esto sería una pena para... ya sabes, otra víctima a quien no se le permitió hacer una carrera en Eslovenia. Así que ellos me quieren para vegetar en el margen, pero aquí en Eslovenia. Fue en cierto modo un movimiento inteligente, pero ellos no supieron de alguna manera lo que hicieron, ellos hicieron para mí más fácil moverme en el extranjero. [1]"
Este tipo de comentarios son muy comunes en las historietas de terror de los anticomunistas del derrotado campo socialista. Pero fíjense, en primer lugar, no es que no tuviera un empleo porque no pudiese encontrar trabajo, es que no quería aceptar uno que no fuera de su gusto y el sistema socialista se lo permitía de algún modo. Hace poco leyendo sobre los disidentes de la antigua Checoslovaquia me topé con un tipo, no recuerdo quien era ahora, que venía a decir que no tuvo más remedio que trabajar con las manos, vamos de obrero, cosa que le parecía una indignidad al señorito. Aquí Zizek nos viene a decir algo parecido, con 27 años no tuvo más remedio que ponerse a trabajar en el Comité Central (un trabajo según él "humillante") porque no quiso ir antes a una fábrica, donde, me apuesto una mariscada, sí que hubiera podido trabajar aunque fuese temporalmente hasta encontrar otra cosa. En segundo lugar, curiosa forma de reprimir tenían los comunistas, desde luego eran unos blandengues. A este señor, un disidente conocido al que supuestamente le vetaban para la enseñanza, le pusieron a trabajar nada menos que en el Comité Central, y no solo eso, un tiempo después le pagaron una estancia en el extranjero, suponemos que con algún tipo de beca o acuerdo, y a lo que Zizek se refiere como "me enviaron al extranjero". Casi mejor si hubiera dicho que le enviaron a un Gulag en París, aunque eso ya sería demasiado, hay que permitir la lectura entre líneas.
Ahora comparemos el caso del joven Zizek en el infierno comunista totalitario, con la bondadosa democracia liberal de la actualidad. Según un estudio de la Fundación Caixa, el 67% de los jóvenes de entre 18 y 29 años viven en casa de sus padres [2]. Y porque se pararon a los 29 años, podían haber seguido hallando resultados similares.
El capitalismo no nos permite quedarnos en casa lloriqueando porque no podemos trabajar en lo que hemos estudiado. La mayoría de abogados, psicólogos, trabajadores sociales, pedagogos... son empleados en trabajos para los que no han sido formados, eso en el mejor de los casos, en el peor simplemente están en el paro, y no por gusto. No podemos pues escoger, y desde luego nadie nos envía al extranjero, si acaso nos vamos nosotros normalmente para fregar platos en algún antro londinense, cosa que frecuentemente se pinta con un toque cosmopolita que queda muy mono.
El capitalismo, como régimen totalitario, reprime a todos los trabajadores sin excepción, ¿o acaso que casi 7 de cada 10 jóvenes no puedan emanciparse no es represión? Lo más fácil, y es lo que hacen los señoritos liberales, es llamarles a todos vagos, inútiles... en fin, lo que siempre han hecho con los trabajadores, humillarles, culparles de la explotación a la que son sometidos. La realidad es que no hay trabajo, y si lo hay difícilmente le alcanza a uno para irse de casa. Personalmente conozco casos que rozan el patetismo, como por ejemplo parejas rotas que no pueden dejarse porque si lo hacen tendrían que volver a casa de sus padres al no poder asumir los gastos de una vida independiente si no es con dos salarios. ¿Cómo llamamos a eso? Por supuesto el Prozac se vende por toneladas y algunos todavía no se lo pueden explicar.
Si ciertamente los problemas de los jóvenes en los Estados socialistas se limitaban a tener que aceptar un trabajo en el Comité Central (o en una fábrica) porque no se podía, al menos en ese momento, desempeñar la profesión para la que se había estudiado, me suena a chiste, a problema menor, comparado con lo que tenemos que soportar bajo un régimen capitalista, que te explota cuando no te margina y te anula. Yo diría que las quejas de Zizek son hasta obscenas vistas desde nuestra situación, y también debería hacernos reflexionar sobre las razones por las que surgió cierta casta intelectual en el derrotado campo socialista y que funcionó en su momento como la base social de la contrarrevolución, los Zizek y compañía, niños consentidos del comunismo que veían con malos ojos trabajar con las manos.
A fin de cuentas, y a pesar de su retórica y sus gestos, el señor Zizek no deja de ser ese candidato a Presidente del Gobierno por el Partido Democrático Liberal que afirmaba en sus campañas cosas así:
"Pienso que debemos hacerlos sentir lo suficientemente culpables, hacerlos pagar por los derechos de las generaciones anteriores. Hemos tenido suficiente material para algunos sueños de aquellos de sus partidarios o de sus víctimas, hemos tenido suficiente ya de los vampiros que viven haciéndonos sentir culpables, haciéndonos pagar por los derechos de alguien más. Y hoy necesitamos acabar con esto poéticamente. Tomemos una estaca de madera junto con un ajo, matemos y destruyamos a toda clase de vampiros. El Partido Democrático Liberal."
Quizás esta pequeña diferencia que señalo aquí entre lo que significaba para los trabajadores vivir en socialismo y lo que significa para los trabajadores vivir bajo el capitalismo, nos haga entender mejor ese diálogo escrito en una pared en Polonia: ¡Que nos devuelvan el socialismo!/Lo que era no ha sido socialismo/¡Que nos devuelvan lo que era!
Los "vampiros" queremos ser felices. Y sin duda lo volveremos a ser. Lamentablemente no sabemos qué precio habrá que pagar por ello en estos tiempos de decadencia capitalista, conociendo el paño seguro que no nos saldrá barato. Aunque ya no sirva de nada, estoy seguro que todo nos sería más fácil si unos cuantos traidores junto con un puñado de pisaverdes del campo socialista se hubieran dedicado a trabajar en lugar de ir por ahí clavando estacas.
Notas:
[1] http://www.youtube.com/watch?v=hmTotcWRKBo&feature=related
[2] http://www.publico.es/espana/397780/el-67-de-los-jovenes-continua-en-casa-de-sus-padres






