jueves, 16 de septiembre de 2010

Marvin Harris sobre el marxismo



En su libro El desarrollo de la teoría antropológica, Marvin Harris dedica un capítulo al marxismo. Lo titula Materialismo dialéctico e iré en los siguientes días trascribiendo la opinión crítica de este gran antropólogo sobre la aportación del pensador revolucionario.

Marvin Harris no era comunista, pero sin duda supo valorar a Marx más allá de sus ideas políticas, no como tantos académicos incapaces de darle a Marx lo que es de Marx por simple odio político. Incluso hoy, a tantos años de su muerte y con el campo socialista reconquistado por los capitalistas, el simple hecho de mentar a Marx hace perder las buenas maneras de los maniquís más respetables de la intelectualidad.

Quien quiera leer a Marvin Harris que no espere encontrar en él la más mínima sintonía con la revolución ni con el comunismo. Incluyo aquí estos textos porque los juzgo interesantes desde el punto de vista científico. Espero que ustedes también.

La introducción


«Igual que Darwin descubrió la ley de la evolución en la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley de la evolución en la historia humana […]» Así dijo Friedrich Engels hablando junto a la tumba de su amigo y colaborador. No hace falta decir que muy pocos científicos sociales no marxistas comparten este juicio de Engels. Por otro lado, el esfuerzo de una pequeña minoría de científicos sociales occidentales por reducir la talla de Kart Marx en relación con sus contemporáneos, como Comte, Spencer o J. S. Mill, ha alcanzado muy escaso éxito. Ver en Marx el equivalente de Darwin en el campo de la historia es una opinión que puede suscitar objeciones razonables: las teorías de Marx aún son objeto de polémicas, mientras que las de Darwin ya se aceptan sin discusión. Pero esa misma polémica da testimonio del vigor de las ideas de Marx, comparadas con las de otros científicos sociales del siglo XIX.

La polémica ha dado origen a una abundante literatura crítica, especialemente en el campo de la economía, la ciencia política y la sociología. Esa literatura se hace todavía más abundante si incluimos en ella las numerosas obras en las que el punto de vista del autor no puede entenderse más que como un rechazo implícito de los principios marxistas. Con bastante frecuencia, la reafirmación de posiciones no marxistas adopta la forma de una aceptación inconsciente de principios elaborados en respuesta al reto marxista. Estas «críticas» viscerales del marxismo tienen su contrapartida en los «catecismos» marxistas y en los manuales dirigidos contra la ciencia social burguesa. Tal vez haya llegado el momento de que una nueva generación de antropólogos rechace por igual a los ideólogos marxistas y a los ideólogos burgueses.

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