miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sobre el traidor Solzhenitsyn

En el interesantísimo libro de Nikolái Yákovlev, La CIA contra la URSS, se incluyen unos apartados sobre el anticomunista y traidor a la patria soviética Solzhenitsyn. Juzgo interesante compartir con vosotros estos textos. Recomiendo sin duda la lectura del libro en su totalidad, entre otras cosas porque el proceder del servicio de inteligencia yanqui sigue siendo el mismo.

Son cuatro partes. Aquí la primera:

Entre 1957 y 1958, deambulaba por las calles de Moscú un individuo poco notable y poseído por la febril pasión de medrar. Según sus propias palabras, estaba tratando de establecer contactos con quienes pudieran remitir a Occidente y publicar allí sus libelos contra su propio país. La mercancía que ofrecía era de ínfima calidad.

El embajador de los EE.UU. en Moscú, a finales de los años 60 y primeros de los 70, Jacob Beam, recordaba poniendo de manifiesto estar tan bien informado de asuntos que no suelen ser de la incumbencia de los diplomáticos: “Solzhenitsyn creaba dificultades a cuantos tenían que ver con él... Las primeras versiones de sus manuscritos eran una voluminosa, locuaz y cruda masa, a la que había que organizar en un todo coherente..., abundaban los vulgarismos y los pasajes incomprensibles. Había que redactarlos.”

Redactores e inspiradores no faltaron, porque, en todos sus parámetros, Solzhenitsyn cumplía los requisitos de la estratagema de inventar un “escritor” en el marco de la actividad subversiva contra la URSS. Tenía las convicciones adecuadas y un buen montón de mercancía: manuscritos originales que, con cierta labor de redacción, podían transformarse en “libros”. Como suele suceder en tales casos, el futuro “escritor” recibió su maná espiritual de la UPT, sucursal de la CIA. La calidad de ese maná era tal que imprimió un olor y un sabor específicos a las obras de Solzhenitsyn, cosa que motivó consecuencias de otra índole cómica, y que en su mayor parte frustraban, desde el inicio mismo, las posibilidades de influir en las mentes de los soviéticos. Es que la “Operación Solzhenitsyn” montada por la CIA se asentaba en una total negación del régimen soviético, negación de lo más querido para todos los soviéticos.

Veamos, primero, el credo político de la UPT-Solzhenitsyn, tal como aparece en sus diversas creaciones.

Todo el libro Agosto de 1914 de Solzhenitsyn está impregnado de la angustia de que “una nación inteligente” (la alemana) no pudo someter a una “bastante necia”. Precisamente con este enfoque se describen las operaciones de las tropas rusas y las alemanas en Prusia Oriental en agosto de 1914.

E. Romanovski, crítico polaco, recalcó en su detallado análisis del libro, precisamente ese servilismo lacayuno de Solzhenitsyn al militarismo alemán. Sumamente indignado por los elogios a la siempre victoriosa, según el autor, maquinaria militar alemana, Romanovski escribió: “No siempre, por cierto, todo fue tan ordenadamente como lo refiere el autor que, petrificado por el júbilo, se arrodilla ante los militaristas alemanes. Esta pose no es nada cómoda para escribir; además, el ángulo de toma es distinto. En todo caso se distorsiona agrandando el objeto contemplado... (por el autor) deslumbrado ante el brillo de las botas de los generales alemanes”.

El crítico polaco, eslavo, exclama indignado: “Olvidándose de la historia, el autor lo trastorna todo, poniéndolo de pies a cabeza, y lo que escribió corresponde exactamente a las intervenciones chovinistas que glorifican la batalla de Tannenberg en los tiempos de la Alemania fascista... Horrendas y sacrílegas suenan las palabras de Solzhenitsyn. Ojalá las hubieran escuchado los soldados polacos y los soviéticos, sepultados en esta tierra donde ofrendaron sus vidas para
que nunca más resurgiera “La marcha hacia el Este”. Desde su libro, Solzhenitsyn intenta librar a su manera las guerras ya libradas.”

Lo que Solzhenitsyn expone como novísimo descubrimiento, como fruto de sus “hondas” meditaciones, no son más que estribillos escuchados desde hace mucho. Resucita las ideas de fuerzas reaccionarias de la Rusia prerrevolucionaria que durante muchos años pretendieron supeditarla a Alemania.

Se comprende, por eso, que N. Pávlov pusiera un énfasis especial—en su extenso artículo Oscurantista Beligerante, publicado en el diario búlgaro Otechestvenen Front, referente a Agosto de 1914— en resaltar que Solzhenitsyn se comporta como un apologista del militarismo alemán. “Es de público conocimiento —escribió el articulista—, la triste tendencia del autor a ensalzar y cantar cuanto tenga que ver con la Alemania del káiser... Resucitando el cadáver del “Partido Ruso-Alemán”, odiado por los eslavos, y empeñado en poner a ese gran país a los pies del imperialismo alemán, Solzhenitsyn relata extasiado los argumentos esgrimidos por aquél."

Solzhenitsyn no está solo en sus elucubraciones. Véase lo que dice uno de sus cofrades: “He llegado a la firme convicción de que en colaboración y alianza con el pueblo alemán, se pueden cumplir las tareas que el pueblo ruso enfrenta. Los intereses del pueblo ruso siempre se habían compaginado con los del pueblo alemán. Los supremos logros del pueblo ruso se vinculan indisolublemente a aquellos períodos de su historia en que relacionó sus destinos con Alemania”. Así peroraba Vlásov en 1943 en su “Carta Abierta” tocada con un pretencioso título: ¿Por qué he emprendido la lucha contra el bolchevismo? La alianza espiritual con Vlásov es lógica y natural para la UPT y para Solzhenitsyn. En la esperanza de que una nación “inteligente” pusiera orden en Rusia, ese lacayo deseaba el exterminio de cuantos soldados había en ésta. Para que nadie osara —armas en mano— estorbar el aleccionamiento de una nación “necia”. Este es el sueño inveterado de Solzhenitsyn. El pasado es desconsolador: los rusos siempre hicieron trizas de los forasteros que invadieron el país. Este es un rasgo distintivo de la historia de Rusia. “Mirad al pasado —se desgañita Solzhenitsyn—, ¿por qué vosotros, los rusos, no habéis dejado poneros el yugo extranjero? Vosotros habéis pecado, no habéis comprendido lo que es la auténtica libertad; y la libertad es la AUTORRESTRICCION, la autorrestricción en aras de otros. La autorrestricción tiene un montón de aspectos: internacionales, políticos, culturales, nacionales, sociales, partidistas. Ojalá nosotros, los rusos, pongamos en orden nuestros asuntos, y demos un ejemplo de esplendidez”.

A renglón seguido se pone en claro “la esplendidez” del alma de Solzhenitsyn: dejar de ser por voluntad propia una gran potencia. ¿Una torpeza? Naturalmente. Pero Solzhenitsyn sigue en sus trece y con aire de sabihondo explica: “tenemos diez veces menos necesidades de índole militar”, hace falta “reducir grandemente durante muchos años los gastos militares”. Pero es que el desarme puede prosperar únicamente cuando lo emprenden ambos bandos, y esto es precisamente a lo que exhorta sin cesar la Unión Soviética. En nuestros días está públicamente reconocido que existe una paridad estratégica entre la URSS y los EE.UU., lo cual —entre otras cosas— determina la correlación mundial de fuerzas. Solzhenitsyn propone, en cambio, que el poderío militar soviético alcance sólo un 10 por ciento del estadounidense, y esto es lo que llama “mostrar esplendidez de alma”.

En cuanto a los Estados Unidos, Solzhenitsyn les confiere un papel especial. En un discurso el 30 de junio de 1975 ante unas tres mil personas reunidas en Washington gracias a los esfuerzos de los ejecutivos de la AFL-CIA dijo: “Una pesada carga llevan los Estados Unidos sobre sus hombros. La marcha de la historia os ha impuesto —lo queráis o no—, la dirección del mundo”. Al parecer, la costumbre de plagiar ha calado muy hondo en Solzhenitsyn. Nada menos que el propio presidente Truman, cuando desencadenó la guerra fría, con su alocada carrera de armamentos en diciembre de 1945, adoctrinó a los estadounidenses: “Querámoslo o no, tenemos que reconocer que el triunfo logrado por nosotros ha impuesto sobre el pueblo norteamericano la carga de la responsabilidad por la subsiguiente dirección del mundo."

En otro discurso suyo, el 9 de julio de 1975, en Nueva York insistió: “Hubo tiempos en que la Unión Soviética no podía igualarse a vosotros, en modo alguno, en lo referente a los armamentos atómicos. Luego os ha igualado. Después, ya lo reconocen todos, ha empezado a aventajaros. Tal vez el coeficiente de superioridad sea ahora algo más de la unidad. Luego será de dos a uno... Se avecinan nubarrones, se acerca el huracán”. Por consiguiente, ¡armaos, armaos hasta los dientes!

Así es el provocador Solzhenitsyn, el de dos caras: una dirigida hacia Occidente; la otra, hacia la URSS. Según él, a los Estados Unidos les toca “dirigir” el mundo, asegurándolo por una absoluta superioridad militar e imponiendo sus condiciones a todos los pueblos. En cuanto a la Unión Soviética, que ha inaugurado la auténtica historia de la humanidad y está construyendo una sociedad nueva, debe “autorrestringirse”, bajar la cabeza y arrodillarse ante el imperialismo; y para que esto sea más fácil, convendría empezar por desmantelar su poderío militar. Con Solzhenitsyn, la CIA ha adquirido un fiel servidor. La escasa capacidad ideológica de Solzhenitsyn
es similar hasta lo sorprendente a los más gastados clichés de la propaganda antisoviética en Occidente. Pese a sus infinitas pretensiones, no es más que un divulgador de doctrinas anticomunistas; y en su empeño ni siquiera se toma el trabajo de modificarlas algo, sino que las plagia llana y simplemente. La obra “fundamental” de Solzhenitsyn es el consabido Archipiélago Gulag.

Este libro figura en el surtido obligatorio de la propaganda antisoviética; desde luego, haciendo las debidas reverencias al “pensador” y a otros. Se lo anuncia como fruto de “meditaciones” propias, etc. Naturalmente, esto es así cuando está dirigido al amplio público de Occidente. Una interpretación bien distinta se da al tema en la literatura científica, en ese mismo Occidente, donde se especifica con suficiente precisión cuál ha sido la fuente de inspiración del autor. “Aunque Solzhenitsyn introdujo en el vocabulario internacional el término “gulag” —señala el historiador estadounidense D. Yergin—, en el inglés ese vocablo apareció mucho antes. La revista
Plain Talk publicó en su número de mayo de 1947 un artículo titulado: Gulag, slavery incorprated, con un mapa de importantísimos campamentos. Solzhenitsyn tal vez haya visto incluso en Rusia ese mapa."

Cabe pensar que los cabecillas de la UPT experimentaron un legítimo orgullo autoral cuando aparecieron los voluminosos tomos grafomaníacos de Solzhenitsyn, y se alegraban de que se hubieran cumplido con tanta exactitud las instrucciones de la CIA—UPT. En vez de aparecer en la miserable revista Posev, la bazofia antisoviética ya era divulgada por el mundo por la propaganda occidental, con referencias a las obras del “escritor”.

La muy preconizada consigna “¡No vivir con la mentira!”, lanzada por Solzhenitsyn, resultó ser un mero parafraseo del lema de la UPT “¡Oponer la verdad a la mentira!” Del mismo modo que fuera proclamado ya en el programa de la NTSNP de 1938, se lo está repitiendo fastidiosamente, cualesquiera que sean los patrones de la UPT. Es más, según los mandamases de ésta, la frase encierra un determinado mensaje semántico; es la seña con la que identifican a “los suyos”. Peremski, cuando vendía a sus dueños una nueva mentira, divagó a fines de 1975: “Los millones de éstos que 'no viven con la mentira', adquieren los visos de una organización: una orientada comunidad ideológica que cobra cuerpo en un sistema de ciertas —si no acciones—, al menos reacciones”. Machacando en esa seña de la UPT, Solzhenitsyn se incorporó a los empleados en la labor subversiva de la CIA—UPT.

El 16 de noviembre de 1974, Solzhenitsyn tuvo en Zurich una conferencia de prensa acerca del “Porvenir de Rusia”. Ante un abigarrado público se puso a demostrar que estaba desarrollando su propio programa: “El que ofrezco para mi país, yo lo llamo un programa revolucionario en el plano moral. Lo he expuesto en el documento No vivir con la mentira. Echemos un vistazo a Problemas estratégicos de la lucha de liberación, un material redactado por la Comisión Estratégica del Consejo de la UPT en 1971-1972. Allí está escrito: “La UPT dirige la dificilísima labor de sus participantes por el perfeccionamiento moral de ellos mismos y de su pueblo. Rusia necesita no solo una restructuración política, sino también un reordenamiento espiritual. Solamente la revolución del espíritu puede garantizar el éxito de la revolución cívica”.

Como se ve, Solzhenitsyn ha copiado de ese material, casi al pie de la letra, las vías iniciales de “la revolución ética”. Sigamos comparando:

UPT

1. Hace falta “un sabotaje espontáneo"
2. No asistir a las reuniones, pero si uno asiste, no debe intervenir ni aplaudir…
3. No participar en los desfiles ni en las marchas oficiales.
4. No participar en ninguna elección.

Solzhenitsyn

1. Hace falta una campaña de “desobediencia cívica”.
2. No dejarse llevar a las reuniones…
3. No dejar que lo obliguen a uno a ir a un desfile o a un mitin.
4. No alzar el brazo para votar…

Bueno ¿qué decir de todo esto? Para la UPT no es nada nuevo estar impartiendo continuamente recomendaciones de cómo hemos de portarnos todos. Los cabecillas de esa Unión llevan muchos decenios dedicados a esa labor. Sus exhortaciones sólo pueden provocar a los soviéticos repugnancia. No obstante, la imprenta de la UPT sigue funcionando. La UPT necesita esas instrucciones para rendir informes a la CIA; y estos dan la impresión a los dirigentes de la actividad subversiva contra la URSS de que la UPT está realizando algo serio. A renglón seguido se solicitan nuevas dádivas pecuniarias.

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