lunes, 20 de junio de 2011

Del analfabeto al cosmonauta

Por VIACHESLAV ELIUTIN, miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de la U.R.S.S. y Ministro de Enseñanza Superior y Enseñanza Secundaria Técnica.



Al comenzar nuestro país una nueva vida hace cincuenta años, se necesitó que, desde los 8 años de edad, toda la población: hombres y mujeres, obreros y campesinos, rusos y ucranianos, kazajs y uzbeks, nentsis y azerbaidjanos, aprendiera a leer y escribir. En los órganos centrales, nacionales y locales de la administración pública entraban a servir millones de ciudadanos. Había tamben que volver a poner en pie una economía arruinada por la guerra mundial y la guerra civil.

En 1913 correspondía a la Rusia zarista poco más del 4 % de la producción industrial del mundo, proporción que a causa de ambas guerras había bajado más aún hacia 1920.

También la agricultura sufrió intensamente las consecuencias del desastre. Las estadísticas de la época muestran que, a comienzos de 1917, el 80 % de la población del país era analfabeta. Entre las mujeres ese porcentaje alcanzaba a 88%. La población oriunda de las regiones periféricas de la Rusia zarista sobre todo el Asia central era igualmente analfabeta en casi su totalidad: únicamente un 0,5 % de los tadjiks, un 0,6 % de los kirguices y un 0,7 % de los turcomanos sabían leer. En toda la Rusia zarista sólo 1 400 000 de los 165 millones de habitantes con que contaba el país tenía una instrucción superior a la primaria. Esta herencia de la Rusia zarista fue una de las cargas más pesadas con que tuvo que vérselas la Unión Soviética.

En 1919 el Ministerio (llamado Comisariado del pueblo) de Instrucción Pública de la joven nación decía en un estado de cuentas sobre los conocimientos técnicos con que pudiera contarse: «El número de ingenieros del país es ínfimo; el de la gente que haya recibido enseñanza técnica secundaria, desesperadamente insuficiente... El nivel general de conocimientos técnicos existente en el país es bajo.»

Conocimientos; eso es lo que necesitaba urgentemente adquirir la nación, en todos cuyos rincones la gente aspiraba a saber más. Hoy en día los países en vías de desarrollo atraviesan por una fase similar, con la diferencia de que en el caso de la Unión Soviética no hubo ayuda del exterior. En esa época no había tampoco una organización internacional para prestar ayuda en la esfera de la instrucción pública. Pero un núcleo de intelectuales de vanguardia dedicó su tiempo, sus conocimientos y sus energías a la enseñanza de las masas.

Las escuelas estaban abiertas a todo el mundo, y los estudiantes llegados a Institutos de secundaria y universidades eran los obreros y campesinos de ayer, junto con sus hijos. Pocos tenían la preparación previa necesaria para seguir el curso que se habían trazado. Por iniciativa de los obreros de Moscú se decidió crear para ayudarlos una serie de «facultades obreras» donde los adultos que tuvieran experiencia de la vida podían aprender los rudimentos de ciencias exigidos en las escuelas superiores. Esas facultades constituyeron un expediente temporario, pero en las condiciones que reinaban entonces en la Unión Soviética su creación está plenamente justificada. Con el impulso y las mejoras introducidas desde entonces en la enseñanza secundaria ya no hacen falta.

En esas «facultades obreras» comenzaron su formación muchos dirigentes actuales de empresas industriales e institutos, así como muchos científicos y eruditos destacados. Citemos entre ellos al Profesor Eugení Tovstij, rector del Instituto de Construcciones Navales en Leningrado. Hijo de obrero, Tovstij empezó a trabajar a los dieciséis años. De 1926 a 1929 fue enviado por el KOMSOMOL a estudiar en la facultad obrera de Nikolaiev; luego, de 1929 a 1933, siguió los cursos del Instituto de construcción naval en esa población. Terminados sus estudios empezó el largo camino del aprendizaje práctico. De capataz que fue en un principio Tovstij fue ascendiendo y ascendiendo hasta transformarse en director de algunos de los astilleros más grandes del país, entre ellos la Fábrica Báltica de Leningrado. En esta misma ciudad Tovstij dirige desde 1945 el Instituto a que nos hemos referido más arriba. No es sólo un científico brillante y un pedagogo, sino también un militante social activo.

El derecho del ciudadano a la enseñanza está reconocido explícitamente en la Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y garantido no sólo por los ocho años de escolaridad obligatoria sino también por la expansión de todas las formas de enseñanza secundaria, técnica y vocacional, así como superior, que el Estado estimula constantemente. En la U.R.S.S. todas las formas de instrucción son gratuitas. La mayor parte de los estudiantes, así como de los alumnos de Institutos Especiales de Secundaria, gozan de bolsas de estudio y de alojamiento gratuito.

Desde que los soviets llegaron al poder, las escuelas de la Unión han formado cerca de 7 millones de especialistas con instrucción superior y más de 11 millones con calificaciones secundarias. Entre 1958 y 1965 un corto período de siete años se preparó a más de 5.000.000 de especialistas, de los que 2 .412.000 han hecho estudios superiores, de acuerdo con los términos del plan en desarrollo de la economía nacional.

A comienzos de 1967, la economía soviética empleaba 1 800 000 ingenieros, más de 3 millones de técnicos, 320.000 especialistas en economía rural que cursaron estudios superiores y 500.000 que sólo tenían nociones de enseñanza secundaria especializada, 554.000 médicos y cerca de 2.000.000 de maestros con calificaciones superiores junto a 1.300.000 con calificaciones especiales de secundaria.

Cabe hacer notar que entre los especialistas soviéticos que siguieron los cursos de enseñanza superior hubo 2.518.000 mujeres, o sea el 52 %. Entre los que hicieron estudios especiales de secundaria el número de mujeres es mayor de 4.400.000 (o sea, el 62 % del número total de expertos.

Las escuelas técnicas y vocacionales prepararon de 1940 a 1966 cerca de 17 millones de obreros especializados. Durante el año escolar 1966/1967 el número de ciudadanos soviéticos que se dedicaron a una u otra clase de estudio ascendió a 72 millones, de los cuales 48 millones eran alumnos de escuelas de enseñanza general. Actualmente la Unión Soviética cuenta con 767 universidades e institutos (siete veces más que en la Rusia de los zares). Estudian en ellas 4 120 000 ciudadanos (34 veces más que en aquel entonces); y hay asimismo unas 4 000 escuelas técnicas, con 4 millones de estudiantes.

Las escuelas de enseñanza superior se dividen en la Unión Soviética en dos clases: institutos y universidades. Los institutos, cuyo programa comporta entre cuatro y seis años de estudios, forman ingenieros, ingenieros agrónomos, médicos, maestros, economistas, juristas, etc. Los hay actualmente -como hay universidades- en las 15 repúblicas federadas que componen la Unión Soviética.

En 1967 ingresaron a los Institutos de enseñanza superior 900 000 nuevos estudiantes, 405 000 de los cuales asistieron a clases diurnas, dividiéndose el resto entre clases nocturnas y enseñanza por correspondencia. Los estudiantes de las facultades e institutos que siguen los cursos por la noche o desde su casa gozan de varios privilegios en los sitios donde trabajan; por ejemplo, pueden obtener un máximo de cuarenta días de licencia extra para sus trabajos, «tests» y exámenes de laboratorio, así como licencia con goce de sueldo en el año final de sus estudios. Esta licencia, destinada a permitirles preparar y presentar su tesis o el trabajo con qué obtendrán su titulo, es de dos meses en el caso de los alumnos de los institutos secundarios especializados y de cuatro en el de los estudiantes que sigan cursos de enseñanza superior.

Los cursos de los colegios universitarios y otras instituciones de enseñanza superior se dividen en la siguiente forma: en las escuelas técnicas superiores casi la mitad del tiempo de estudios se dedica a temas generales (ciencias sociales, matemáticas superiores, física, química, un idioma extranjero, etc.): un 25 % se dedica a la enseñanza técnica general (resistencia de materiales, intercambiabilidad de piezas de máquinas, teoría de los mecanismos y de las máquinas, electrotécnica, hidráulica, etc.) y de un 25 a un 30 % a materias especiales. La instrucción práctica representa cerca del 25 % del total de los estudios, y la experiencia ha demostrado que, siempre que el estudiante tenga una sólida preparación técnica general, ese 25 % basta ampliamente para completarla.

Cabe observar que las escuelas de enseñanza superior colegios y universidades no han prestado todavía suficiente atención a la importancia del trabajo científico práctico; pero en los últimos años se han multiplicado de manera notable los contactos con la industria y la agricultura para llegar a este fin. A pedido de las empresas industriales, los kolkozes (granjas cooperativas), los sovkozes (granjas del Estado), los clubes y sociedades de estudiantes y diversos organismos económicos, estudian actualmente la eficiencia funcional de las instalaciones industriales y agrícolas y luego preparan proyectos de máquinas y herramientas o estudian el subsuelo o se preocupan de los problemas demográficos en cuanto se relacione con el adelanto futuro de la ciencia. Los estudiantes del Instituto de Ingeniería Civil en Moscú, por ejemplo, han preparado un proyecto de ciudad experimental para la zona polar y un proyecto de muelle con mejoras en el área adjunta al depósito de agua de Ijevsk, una ciudad de los Urales. A su vez, los del Instituto de Arquitectura de Moscú han preparado un proyecto de reconstrucción del sector industrial de Ivanovo, al noreste de la capital.

El aumento incesante del conocimiento científico (los especialistas calculan que la cantidad de información científica en el mundo se dobla cada diez años) exige, si se lo compara con la duración relativamente limitada de la instrucción, un continuo perfeccionamiento de los métodos de estudio. Cada vez se recurre más al cine, la radio, la televisión y las calculadoras electrónicas para completar los métodos tradicionales de la enseñanza. Aunque hace relativamente poco tiempo que se efectúa en la Unión Soviética el estudio de los problemas de la enseñanza «programada», ya se ha obtenido experiencia positiva en este terreno.

En colaboración con los especialistas en enseñanza, sicología, cibernética y lógica matemática, los científicos y los estudiantes de los institutos han creado muchos dispositivos para enseñar «tests» satisfactorios.

Un número cada vez mayor de jóvenes viene todos los años del extranjero a estudiar en la URSS. En los institutos soviéticos hay más de 10.000 asiáticos, africanos y latinoamericanos. Actualmente hay en 300 instituciones educativas más de 24.000 alumnos extranjeros procedentes de 130 países distintos.

Entre las instituciones soviéticas dedicadas a la enseñanza superior que preparan el personal especializado necesario a la administración pública y diversas organizaciones de los países del Asia, del Africa y de la América Latina, la Universidad Patricio Lumumba para la Amistad de los Pueblos, fundada en 1960, desempeña un papel importante. Cerca de un millar de jóvenes ingenieros, agrónomos, matemáticos, físicos, juristas, filólogos y economistas han completado ya sus estudios en esta Universidad y han vuelto a sus países a prestar servicio como especialistas en sus diversas disciplinas.

Aparte la formación de estos especialistas extranjeros, la URSS presta concurso a la creación de centros de estudio dentro de los países en vías de desarrollo. Con esa ayuda de la Unión Soviética se han construido ya, o se están a punto de construir, 22 centros distintos, a los que se envían educadores, libros, informaciones y métodos.

La tarea más importante de los institutos de enseñanza secundaria especializada y de los de enseñanza superior es la de perfeccionar la formación y educación de especialistas teniendo en cuenta las exigencias de la producción, de la ciencia, de la técnica y de la cultura contemporáneas, así como las posibilidades de desarrollo que todas estas disciplinas presenten para el futuro. Hay grupos científicos que han establecido con este fin una serie de sistemas para determinar el alcance y el contenido, no sólo de cada forma de instrucción, sino también de cada materia, lo cual representa una seria garantía de nuevos éxitos en el mejoramiento de la instrucción superior y la secundaria especializada dentro de la Unión Soviética.

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