martes, 28 de junio de 2011

¿Postperestroika sin la URSS ni el PCUS?

Serguei Kara-Murza


En la historia de siglo y medio del movimiento comunista mundial se produjo una catastrófica ruptura: en la URSS y países europeos "socialistas" ocurrieron las revoluciones que llevaron al poder a regímenes anticomunistas. Estas han sido revoluciones de nuevo género, de la época de la "postmodernidad política". No eran el producto de la lucha de las masas populares, de una explotación exagerada o de una grave crisis económica. Eran "revoluciones desde arriba" ideadas y preparadas por la cúpula de aquel mismo régimen que se pretendía derribar. Las acciones claves "en la plaza" fueron llevadas a cabo con la participación directa de los servicios secretos, en estrecha colaboración con el KGB soviético (son especialmente ilustrativas la "revolución de terciopelo" en Praga y la liquidación de Ceaucescu).

Había en esta revolución en la URSS mentiras fantásticas, traiciones y provocaciones a escala singular, "estética de lo feo" - extraños brotes de repugnante masoquismo político. Pero había un hecho indiscutible: la élite criada en condiciones del "socialismo" se volvió anticomunista y las masas populares la apoyaron (como en Checoslovaquia o Hungría) o mostraron apatía (como en la URSS). Y eso a pesar de que la nueva ideología propuesta por esta élite es al extremo utópica, antisocial y agresiva. La posibilidad de introducirla en la conciencia social es muy baja. Se trata de revoluciones que aprovecharon la ola de anti-ideología y de anti-ideales. Evidentemente, se trata de un fenómeno que por su importancia sobrepasa el marco del movimiento comunista o la confrontación de bloques geopolíticos. Es una manifestación muy aguda de la crisis global de la civilización industrial moderna. La perestroika, los pogroms en Los Angeles y el "hueco de ozono" no son más que síntomas de una misma enfermedad.

Pero dejemos en paz la civilización y hablemos del PCUS. ¿En qué consisten los defectos básicos, tanto filosóficos como políticos, de todo el proyecto? ¿Por qué la corrosión pudo minar el organismo de la URSS tan tácitamente que hasta se desplomó estando, en muchos aspectos, en la cima de su fuerza (la paridad militar con todo el Occidente no es indicador puramente formal)? Sin entender esto, la izquierda europea no tiene perspectivas. Ella sigue usando los mismos ideologemas y el mismo lenguaje al que las almas humanas contestan de modo engañoso. Aquí propongo algunas primeras observaciones para este tema. Es un asunto muy doloroso y hay que acercarse a él con cuidado. Pero hay que hacerlo. En los años de la perestroika los comunistas soviéticos (los que quisieron) han aprendido cosas de importancia fundamental. Para empezar, ordenaremos los hechos y trazaremos la dinámica de los sucesos.

A mediados de 80 el pueblo soviético en su grueso tenía la mentalidad propia de la sociedad tradicional (y no de la sociedad civil, occidental). Es decir, en ella dominaba la orientación a la solidaridad (y no al individualismo), el igualitarismo (y no la estratificación social), el paternalismo y la protección social (y no la guerra de todos contra todos). Esto fue comprobado por los estudios de los sociológicos "demócratas" realizados en 1988-89 (1). Pero a la vez para este momento se habían consolidado tres fuerzas políticas que eran muy diferentes de la masa por sus ideales e intereses. De nuevo se formó y se auto identificó una capa de inteligentsia vinculada genéticamente a los intelectuales rusos de los años 70 del siglo XIX. Su mentalidad representa un híbrido de admiración exagerada hacia Occidente y la idea de progreso con el utopismo arcaico y el radicalismo heredados de la sociedad tradicional - un híbrido desconocido tanto en Occidente como en Asia. Esos intelectuales son como bolcheviques invertidos, de alma pura, que quemaron a sus ídolos y con la misma pasión religiosa empezaron a servir a ídolos nuevos (capitalismo utópico). Los estudios sociológicos demostraron una ruptura asombrosa entre la actitud de los intelectuales y la masa del pueblo.

La segunda fuerza es la parte corrupta del aparato del partido y del estado (nomenclatura) que empezó a sentirse restringida por la ideología oficial y considerar que había llegado el momento oportuno para legalizar su modo de vivir burgués y por medio de las palancas de poder en el curso de la revolución saquear la sociedad a través de la privatización. Es una fuerza cínica y abiertamente antinacional que se presta a la traición tranquilamente. La tercera fuerza es la criminalidad que pactó y entró en simbiosis con la parte corrupta de la nomenclatura. En el curso de la perestroika la criminalidad fue convertida en un poderoso sistema organizado, con fuertes lazos internacionales. Ella constituye la principal base social, financiera y militar de la revolución. Son los dientes y las uñas de la perestroika, sus defensores y combatientes. Son, a la vez, el dueño más probable de Rusia (si la revolución resulta exitosa) y el enemigo mortal de Occidente (tal vez, su sepulturero).

La tecnología de la perestroika fue diseñada en base a la teoría de la revolución de Antonio Gramsci (parece ser un castigo histórico: el brillante invento del gran comunista se vuelve contra los comunistas). Su idea principal es la destrucción del núcleo cultural de la sociedad por los intelectuales. Si esta agresión molecular en la conciencia es efectiva, luego no es difícil cambiar las estructuras políticas y socio-económicas. Para aplicar esta tecnología en la URSS había condiciones favorables. La intelligentsia estaba lista para cumplir el papel de la "quinta columna" y en las manos de la nomenclatura estaba el control total sobre los instrumentos de la "agresión en la conciencia": la prensa, la radio y la TV.

La destrucción previa de los sostenes culturales del hombre soviético (preparación artillera antes del ataque contra las estructuras económicas) duró cuatro años. Se realizaba con excepcional sadismo: se ridiculizaban y se cubrían de fango las imágenes y los símbolos ya no del comunismo sino de la historia milenaria de Rusia. Era preciso minar no la ideología sino la conciencia y el autorrespeto del hombre como persona, destruir el mismo tejido de las relaciones humanas normales. Hablando con propiedad, este proyecto de genocidio cultural puede ser calificado como de crimen, tomando en cuenta los sufrimientos espirituales que experimentaron y siguen experimentando decenas de millones de personas. Ahora los autores y ejecutores de este "programa cultural" buscan frenéticamente plazas en las universidades americanas. A excepción de algunos, ya no se atreven a quedarse en el país cualesquiera que sea el final.

En 1988 "la imagen del socialismo" ya ha sido desacreditada suficientemente mientras que la "imagen del paraíso capitalista", fue mitificada (sobre todo en la mente de la juventud). Se inició la segunda etapa, la destrucción de la economía, el Ejército Soviético y el sistema político de la URSS. Esto se realizó a través del aparato del PCUS entrenado en la obediencia incondicional (incluso a cumplir la orden de autodestrucción) (2). El mecanismo de descomposición de la economía fue puesto en marcha por medio de una serie de leyes (la Ley de la empresa, la de cooperativas, de arriendo, etc.) que desmantelaron el sistema de planificación, dispararon la inflación y entregaron la economía al saqueo de la mafia. Los recursos del país empezaron a exportarse criminalmente (una tonelada de petróleo por 2 dólares siendo su precio internacional, unos 90). Por una serie de provocaciones sangrientas y "torpezas" de Moscú fue iniciado el proceso en cadena de los conflictos nacionales. Con las provocaciones (Tbilisi, 1988) fue minado también el sostén psicológico del ejército. Esta etapa que también duró 4 años demuestra la alta cualificación de los "arquitectos de la perestroika" y su buen conocimiento de los puntos débiles en los arquetipos del inconsciente colectivo del pueblo soviético (la sacralización del poder supremo, la confianza ciega en la intelligentsia y la palabra impresa, etc.).

En 1991 el proceso alcanzó el climax (la disolución de la URSS y la prohibición del PCUS). Según creen los "demócratas", es el desenlace del drama pero ya está claro que no es más que el desenlace del primer acto - la perestroika. El drama está por venir. Hoy vivimos el inicio del segundo acto, del que hablaremos con más detalle. El final de la perestroika lo constituyó una provocación brillantemente organizada, el llamado "golpe de Estado" de agosto de 1991 (antes hubo un buen ensayo en Vilnius). Con sangre derramada muy ahorrativamente (tres víctimas) se logró un efecto político formidable y los "demócratas" alcanzaron, al menos en apariencia, el poder absoluto. Posteriormente, los sucesos se hicieron vertiginosos. A la vez empezó el desembriagamento de las masas.

Tras el agosto de 1991 rigen las "leyes revolucionarias", es decir, la completa arbitrariedad. Después de la disolución anticonstitucional (y contra el referéndum) de la URSS, comenzó la erosión de la Federación Rusa. El gobierno de Eltsin compuesto por economistas tecnócratas radicales (entusiastas del monetarismo) puso en marcha la mortal "reforma", antes ensayada con éxito en Polonia (allí la producción había caído en un 40 por ciento y el potencial industrial ha sido invalidado por muchos años). Hasta qué punto están paralizadas y desmoralizadas las estructuras constitucionales se ve en el hecho de que el gobierno ni siquiera presentó al parlamento el programa de la reforma: los informes se enviaban solo al FMI (Fondo Monetario Internacional). El diálogo social ni siquiera fue sugerido, se niega la simple información (las declaraciones ideológicas son tan incoherentes que ya no pretenden tener un mínimo de lógica). La prensa de oposición (ya casi sin aliento) llama el régimen "gobierno provisional de ocupación" lo que se percibe no como metáfora sino como título oficial y natural. Muchos intelectuales de la perestroika se apresuran a blanquear su reputación, atacando duramente la reforma.

El punto de inflexión fue la "liberalización de los precios" en enero de 1992 (el concepto de liberalización no es válido ya que el estado sigue siendo el patrono principal y a la vez el único vendedor de mercancías; en enero ocurrió la disminución múltiple del salario y las pensiones hecha por el patrono monopolista de manera autoritaria que no tiene nada que ver con el mercado). Después de 50 años de igualitarismo en la formación de los precios que hacía los bienes vitales básicos (productos alimenticios, vivienda, transporte y cultura) igualmente accesibles para todos los grupos sociales, cerca del 85-90 por ciento de población está tirada detrás del umbral de pobreza. Los productos básicos como patatas o mantequilla se hicieron 60 veces más caros, la leche y carne, de 50 a 100 veces (el salario medio subió 2-3 veces). En un solo mes las compras en términos naturales cayeron 7 veces (la gente todavía consume los productos acumulados "en el socialismo"). Empeoró bruscamente la estructura de la alimentación (se come mucho pan que sigue siendo la comida más barata aunque el precio subió 50 veces). Disminuyó la natalidad y empezó la reducción absoluta de la población de Rusia. Un choque brutal sufren los rusos al no poder comprar el ataúd, la sepultura en saco de plástico significa el derrumbe de los pilares culturales.

Con aceleración se realiza la destrucción del potencial productivo creado por el pueblo con enormes sacrificios. El ministro de industria pronostica la caída de la producción en un 50 por ciento. Se liquida, prácticamente, la ciencia soviética: el estado deja de financiar miles de institutos de investigación sabiendo de la ausencia absoluta de fuentes de apoyo alternativas (3). El análisis de todos estos procesos lleva a pensar que la idea final de la perestroika y la reforma posterior no era la "construcción del capitalismo" como modo de vida de la sociedad e incluso ni el saqueo del país. El único propósito racional de todas estas acciones podía ser solo la destrucción total de la potencia soviética como una fuerte y específica civilización que escapaba el control de Occidente. El propósito es razonable solamente en una perspectiva muy corta, en realidad, es irracional, ya que el propio Occidente tendrá que cambiar su tipo de civilización que ha entrado en contradicción irreparable con los límites naturales. Sin hablar de los peligros que implica para Occidente la destrucción de la URSS.

¿Qué situación se presentó en la URSS al principio del "segundo acto"? Es notorio el cambio brusco en el lenguaje de la gente en las colas después de la liberalización de los precios en enero de 1992. Sucedió la ruptura radical entre las masas y el estado que "había engañado al pueblo" y perdido su legitimidad. La cola ya no se divide, como en diciembre, en "demócratas" y "conservadores". Ahora ella es "NOSOTROS" y el régimen, "ELLOS". La sociedad sufre el estrés, y en tal estado se despojan las capas "culturales" de conducta y actúan los arquetipos profundos del subconsciente nacional. Así, se hace cada vez más evidente que estos arquetipos son contrarios al proyecto de los "demócratas" (independientemente del anticomunismo superficial de alguna gente). Los intelectuales con la mente "occidentalizada" se alegran de que casi no haya protestas sociales. Ellos no entienden que es un signo temerario e indica que se reducen rápidamente las posibilidades del pacto social (4).

En plan de experimento (y provocación) las autoridades emplearon la violencia, las amenazas y los insultos contra los descontentos. En enero el presidente del Movimiento de Reformas Democráticas el alcalde de Moscú G.Popov dijo que en caso de "revueltas hambrientas" no hubiera puesto ningún límite en la violencia: "Considero posible y necesario aplicar en este caso la fuerza y aplicarla lo más rápido posible. Es mejor emplear la policía sin armas que armada. Es mejor emplear la policía armada que mandar tropas. Es mejor mandar tropas que emplear la artillería, la aviación... Así que desde este punto de vista la cuestión es sencilla". En realidad, esto es el fracaso de todo el proyecto liberal - la amenaza de utilizar la artillería y aviación contra las ciudades donde haya protestas. Comprende muy bien el señor Popov que los aviones de guerra y los cañones no van a cazar a los activistas sindicales, para este género de armas el objetivo es la ciudad, es la población indiscriminada. Esto quiere decir que la "democracia" establecida como resultado de la perestroika incluye en el arsenal de sus medios políticos admisibles el asesinato de grandes masas de población civil con empleo de técnicas de la guerra moderna. En este sentido se da un gran paso adelante en comparación con todos los regímenes totalitarios conocidos. Hasta ahora los regímenes sangrientos se arrastraban contra su deseo a la guerra de exterminio contra la población (5).

Importante punto de ruptura lo constituyó el 23 de febrero, el Día del Ejército Soviético. Las autoridades cortaron el paso al centro de Moscú a la manifestación tradicional que iba a poner coronas a la Tumba del Soldado Desconocido, y la policía dio una paliza cruel a la columna más avanzada de los manifestantes, en su mayoría veteranos de la segunda guerra mundial, ya ancianos (6). A los ojos de gran parte de la gente el poder en seguida perdió su legitimidad y el desplazamiento hacia la guerra civil se hizo más probable. Es notorio que inmediatamente cobró una importancia clave la región donde a las acciones bélicas esta arrastrada la población rusa (junto con otras) - los territorios de Moldavia de la orilla izquierda de Dniestr que se han negado a la separación de la URSS y a su inclusión en Rumanía y se han proclamado República Moldava de Dniestr. Aquí ha surgido un enclave donde los intereses de los trabajadores se defienden con armas en la mano.

La estructura de la guerra civil que está madurando en Rusia y hacia la que la está empujando el régimen anticomunista, es muy compleja (es un tema especial). Hasta qué punto es profunda la incomprensión por parte de los liberales de los procesos lo dice el hecho de que la privatización que ellos están empezando rompe la paz nacional lograda después de la guerra civil de 1918-1922 precisamente en base a la nacionalización de las empresas. La burguesía dejó de resistir al entregar la propiedad a la nación y no a los revolucionarios más listos. En la privatización actual quienes más robados se sienten son precisamente los descendientes de los empresarios rusos (ante el asombro de los "demócratas" que esperaban aplausos). Y en las manifestaciones antigubernamentales se izan juntas la bandera roja y la monárquica.

¿Cuál es el espectro de las fuerzas políticas organizadas? Criado por el PCUS Eltsin prohibió el partido comunista, un partido de oposición adscrito legalmente. Lo ha hecho no solo violando la Constitución y la Ley, usurpando la función del poder judicial, sino también con una especial mofa, en el día del aniversario de la Revolución de Octubre (si se tratara de una "difícil decisión" de un presidente "sin partido", podría hacer eso una semana antes o después de la fiesta). Desde el punto de vista político, esta prohibición no solo no era necesaria sino dañina. Por su tipo, el PCUS desde hace tiempo no era un partido de lucha sino un partido de apoyo al régimen. Al cambiar éste, el PCUS desaparecería solo, cumpliendo hasta su muerte la función del tampón que absorbe el radicalismo de cualquier género (7). En cambio, ahora a partir de los 16 millones de comunistas "prohibidos" van a formarse varios "partidos de lucha" de tipo mucho más duro. La situación catastrófica de los trabajadores va a producir cada vez más partidarios de estas organizaciones (8). Tales partidos ya existen, por ejemplo, el Partido comunista obrero de Rusia.

Sin embargo, parece que no ser en los partidos del tipo europeo los que van a jugar el papel principal en la lucha de los trabajadores de la URSS (al menos en la primera etapa) sino los movimientos con una base ideológica más amplia. Han aparecido varios movimientos "organizados", por ejemplo, "Rusia de trabajadores", "Frente unido de trabajadores", "Sobor [Congreso] ruso", como también movimientos sindicales "independientes". La causa consiste, ante todo, en que la sociedad atraviesa una etapa de reflexión y revisión de los valores, conceptos y lemas básicos. La vieja corteza verbal esta desacreditada y el significado de los principios acostumbrados se ha perdido o es confuso. Y no se trata de la coyuntura. La razón de la crisis consiste en que el marxismo, siendo una de las ideologías del industrialismo, contiene las mismas contradicciones que el liberalismo: la idea del progreso y la eficacia económica (productividad) choca contra las restricciones naturales. El marxismo basado en la ciencia mecanicista de la Edad Moderna, debe hallar la sintonización con el nuevo cuadro del mundo, con el nuevo tipo de la racionalidad - con el pensamiento ecológico. El proyecto socialista en la URSS entró en un callejón sin salida porque los marxistas vulgares pusieron ante la sociedad los mismos objetivos que los liberales de Occidente, empezaron a medir el éxito con los mismos criterios cuyos recursos están agotados en principio. Además, esta competencia estaba de antemano perdida, ya que el capitalismo tenía una enorme fuente de recursos (el "tercer mundo") a la que no dejaron acceder a la URSS. Y la debilidad principal de la oposición actual radica en que ella no encuentra en sí fuerzas para romper definitivamente con la ideología viciosa de consumismo y eficacia. En este terreno el juego de los "demócratas" siempre es más fuerte: ellos prometen el consumismo al menos a una fracción de la sociedad e invitan a todos a probar su suerte.

En realidad, el mismo problema fundamental está ante todas las fuerzas de izquierda en el mundo. Y es preciso bajar de los clichés ideológicos al nivel de los conceptos de existencia humana. Hablar no del capitalismo o socialismo sino del pan, el oxígeno, el fratricidio y la supervivencia de la Humanidad. La opción ya tenemos que hacerla con respecto a estos conceptos. Hasta hoy, ante tal opción está la gente en África, Brasil, Yugoslavia o Rusia, pero mañana todo esto llegará también a la parte próspera de Europa. En la URSS actualmente millones de personas piensan intensivamente sobre todo ello y ya se han hecho los primeros pasos importantes en comprender - la grave crisis espiritual no pasó en vano. Los enanos intelectuales de la nueva nomenclatura ya no pueden impedir este proceso. El "blitz-krieg" según el esquema del Fondo monetario internacional fracasó como había fracasado hace 50 años el blitz-krieg de Hitler. Se logró, sin embargo, destruir el país mucho más profundamente que lo hizo Hitler, aunque todavía no definitivamente. Lo principal es no dejar que nos arrastren en el embudo de fratricidio. Esto sería una tragedia para el mundo entero. Y ya es hora que la izquierda de Europa, los comunistas en primer término, ayuden, aunque muy poco, a sus compañeros rusos. Nosotros podemos al menos compartir nuestra experiencia amarga.

Esta consiste ante todo en que no se debe sustituir la reflexión sobre los problemas básicos de la existencia por la repetición de las consignas ideológicas. Esto le quita al partido de izquierda la capacidad a entender el estado real del alma de la nación. Creo que fue un error importante de todo el movimiento comunista el partir del modelo europocentrista del hombre. El 80 por ciento de la población de la Tierra (incluida buena parte de europeos) no se corresponden con este modelo. En el momento crítico ellos se despojan de la cáscara fraseológica tal como ha sucedido en la URSS.

Es amargo ver la reacción de la izquierda europea ante la crisis en la URSS. En todos estos años no hubo intentos de ayudar a superar esta crisis (ni un solo comunista o socialista eminente escribió ningún artículo importante en la prensa soviética, ellos ni siquiera se prestaron a escuchar diferentes puntos de vista en el PCUS). Fue oficialmente admitido el punto de vista formulado por Reagan y Bush: Gorbachev es un demócrata progresista contra el que luchan los conservadores estalinistas. Cuando este "demócrata" realizó con éxito su proyecto, fue anunciado el "derrumbe del socialismo". Y lo más sorprendente es que muchos desde la izquierda hablaban de este derrumbe con alegría e incluso con goce maligno. ¡­Ellos se sintieron engañados! Los rusos les dieron un bonito juguete ideológico y éste reventó. Algunos incluso empezaron a rechazar el nombre de comunista. ¿Por qué? Por el stalinismo (¡ay! ¿Сómo íbamos a saber?). Imagínense a un católico que hoy llamase a disolver la Iglesia por los excesos de la inquisición - sería considerado loco por todo el mundo.

La verdad incómoda consiste en que muchos europeos de izquierda realmente buscaban en el socialismo ruso un fetiche, un juguete ideológico. Ellos admiraban lo que no merecía admiración, repetían tras la propaganda oficial soviética mentiras sobre la URSS, veían a los portadores del socialismo en aquella nomenclatura con la que hacían brindis en las reuniones y los balnearios. Ellos no conocían (o temían conocer) a aquellos quienes realmente construían el socialismo, incluso maldiciendo la "ideología socialista". Rechazaban la oportunidad de conocer y transmitir los tesoros espirituales del pueblo soviético que realmente podrían dar un nuevo impulso a la ideología de izquierda. Y durante siete años ellos ayudaban a sus "camaradas progresistas" de la nomenclatura a destruir estos tesoros y torturar espiritualmente a los portadores de la idea socialista.

¿No es hora de revisar toda esta política y aclarar "quien es quien"? Efectivamente, la izquierda europea podría ayudar a sus propios pueblos solo en caso de ser realista, si transmiten a la vida nacional no las estampas ideológicas diseñadas en los "trust cerebrales" del gobierno mundial, sino el fruto de las reflexiones y las experiencias de los pueblos.


1) Aquí usamos la palabra "demócrata" en aquel sentido convencional que ésta adquirió en la URSS, o sea, luchador activo contra el régimen comunista (ahora "en la calle" demócrata es casi una mala palabra). Los sociólogos "demócratas" hablan de la "mentalidad totalitaria" de los soviéticos con odio pero no pueden sino confirmar este hecho.

2) Los plenos del Comité Central incluso en 1991, cuando ya nadie dudaba de que Gorbachev conducía el partido a la liquidación, no se atrevían a desplazarlo del puesto de Secretario General.

3) La misma destrucción de un sistema científico de tal dimensiones es un fenómeno sin precedentes en la Historia. Surge un nuevo, desconocido tipo social, el científico parado y marginado. Su conducta y medios de venganza social previsibles le quitan el sueño al Occidente próspero. Pero la élite occidental sigue la política de avestruz.

4) Después de mi conferencia en España un economista dijo que la conducta del pueblo soviético le parece irracional. Es así, pero desde el punto de vista de la racionalidad europea. Qué le vamos a hacer, los estereotipos de las etnias de Rusia euroasiática son distintos. Su reacción es "no lineal": largo periodo de paciencia y apatía aparente termina en una explosión inexplicablemente fuerte. Es posible que muchos mueran sin luchar por la "ayuda social" pero es difícil prever la respuesta final. Como dijo un científico, muchos en Rusia piensan no en vender más cara su mano de obra sino en vender más cara su vida. A la superficie suben los instintos de guerrero y no de comerciante.

5) Mientras el Ejército Soviético no estaba completamente destruido y sustituido por el profesional, las represiones en masa contra la población son imposibles. Ahora con el dinero del poder local y los empresarios se crean las organizaciones paramilitares para la "defensa de la democracia" (por ejemplo, los destacamentos "Agosto 91"). Ya no se habla del "estado de derecho". Pero es un proyecto utópico ya que en respuesta van a surgir la "guardia obrera" y la tendencia a los soviets (consejos) de tipo bolchevique.

6) Un indicador muy preocupante del cambio de la situación política del que se alegran los "demócratas" (por la falta de imaginación) consiste en el hecho de que este ataque bochornoso casi no produjo indignación. Frente a los viejos estaban casi 20 mil mozos y ellos eran ya una fuerza ajena. Ella golpeaba no a los compatriotas sino al enemigo de clase. El régimen declaró la guerra y advirtió que tratar de realizar las amenazas de Popov a "soltar la artillería y aviación".

7) El propósito pragmático inmediato era, sin embargo, la apropiación de gran patrimonio del PCUS (edificios, instituciones de enseñanza, editoriales, casas de descanso, etc.). Hoy la ex-nomenclatura vuelve a acostarse en las mismas camas queridas en los mismos balnearios que antes.

8) De modo extraño, el anticomunismo insolente de la prensa ayudó a la rehabilitación de Stalin en la conciencia de la masa ("en la calle" se puede oír tal razonamiento: "si Trotsky y Bujarin maquinaban una décima parte de lo que hacen los "demócratas" hoy, es muy comprensible la actitud de Stalin").

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