jueves, 16 de agosto de 2012

Notas

De la mar el mero y de la tierra el Cañamero. Cómo entró Cañamero al plató de El gato al agua, parecía un pistolero en una película del Oeste. Uno de los honrados, de los que solo se pelean por causas justas, de esos que matan al adversario en un combate sin trampas, de frente. Cinco pendejos intentaron difamar a un hombre que no ha conocido otra cosa que el trabajo y la lucha incansable contra el abuso de los explotadores. Pensaban sus excelencias que terminarían el programa aporreando sus pechos como los orangutanes y se fueron con el rabo entre las piernas.

Breve reflexión sobre el realismo soviético. Aunque el arte soviético no terminaba ahí, sí que era muy común encontrar obras en las que los trabajadores aparecían como gigantes ante los explotadores. Los intelectuales pitiminís que sufrimos suelen vomitar sus odios sobre este tipo de arte, incluso nos lo venden como una impostura, mera propaganda. Pues no señor, piensen en Cañamero entre esa panda de buitres fascistas amigos de la explotación y entenderán de un modo rápido e intuitivo la razón por la cual en la Unión Soviética los obreros aparecían representados de tal modo. No cuesta mucho trabajo entenderlo. Pues bien, ahora imagínense que los jornaleros son los que gobiernan y los caciques los que obedecen.

400 míseros euros. El desgobierno del PP prorrogó la mísera ayuda a los desempleados que agotaron sus prestaciones. Que nadie se llame a engaños, esa "ayuda" se la iban a cargar. Los cientos de miles de familias que malviven de esos 400 euros prorrogados deben tener muy claro que se lo deben a la acción del Sindicato Andaluz de Trabajadores. Esos que dicen que nada sirve para nada y que se mantienen a la espera de una especie de milagro que les retorne a un paraíso que nunca existió harían bien en ponerse las pilas. Que hayan prorrogado la ayuda esta vez no quiere decir que vayan a prorrogarla en sucesivas ocasiones. En septiembre llegan nuevas rebajas, la temporada promete ser gloriosa. 

Dos ejércitos. Fíjense que hace unos años se hablaba de la caza de los gamusinos y hoy debatimos casi que con toda normalidad del hambre. Sí, sí, del hambre. Ya no son esos niños negros con la barriga hinchada, ahora son niños blanquitos haciendo cola para conseguir arroz, aceite y pasta. Así están las cosas, y se pondrán peor porque el capitalismo es la guerra permanente. Unas veces velada, otras a tumba abierta. La clase obrera y la burguesía son dos ejércitos en lucha. La distancia que separa la paz de la clase dominante de la guerra de clases puede ser exactamente la misma que separaba la España de Bisbal de las largas colas de desahuciados.

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